Necrófagos alados
Sep. 24 , 2011
Publicado por La Tercera, 24 de Septiembre de 2011
La obra del barcelonés Francisco Ferrer Lerín, consistente en cuatro libros de poesía e igual número de títulos en prosa, es prácticamente desconocida por nuestras tierras, ello a pesar de ser uno de los escritores vivos más originales y atrayentes de nuestra lengua.
Afortunadamente la publicación de Familias como la mía llena con abundancia el vacío. A través de su lectura es posible familiarizarse de un tirón con la fantástica propuesta de Ferrer, en la cual pululan personajes curiosos y zafados, hay cruces insospechados con la realidad, se solidifica un manto de frialdad inquietante sobre la muerte ajena y, volando alto sobre todo esto, es posible atisbar a una grandiosa bandada de buitres y otros carroñeros, aves que el autor, un ornitólogo de nota, denomina con tétrico cariño "necrófagos alados".
La obra del barcelonés Francisco Ferrer Lerín, consistente en cuatro libros de poesía e igual número de títulos en prosa, es prácticamente desconocida por nuestras tierras, ello a pesar de ser uno de los escritores vivos más originales y atrayentes de nuestra lengua.
Afortunadamente la publicación de Familias como la mía llena con abundancia el vacío. A través de su lectura es posible familiarizarse de un tirón con la fantástica propuesta de Ferrer, en la cual pululan personajes curiosos y zafados, hay cruces insospechados con la realidad, se solidifica un manto de frialdad inquietante sobre la muerte ajena y, volando alto sobre todo esto, es posible atisbar a una grandiosa bandada de buitres y otros carroñeros, aves que el autor, un ornitólogo de nota, denomina con tétrico cariño "necrófagos alados".
La primera parte del libro se titula Níquel y ya había sido publicada en el 2005. Consiste en las diversas entradas que ofrece el diario de vida de Pablo Amatller Moragas, un joven barcelonés alto, de buena familia, que abandona su seguro entorno para, primero, ganarse la vida jugando al póquer y, luego, ingresa al servicio militar, en cuyo seno conocerá a un par de personajes que cambiarán su vida: uno le inculca el amor militante a las aves, sobre todo a las carroñeras, y el otro lo involucra en una rama oscura de los servicios secretos.
Los diarios abarcan desde 1960 hasta 1986, pero la contundencia del material se centra en la época franquista, o sea, hasta que al dictador le llega la hora final, en 1975. Temas como la corrupción o los abusos de poder manifiestos en aquellos tiempos dan vida a algunos episodios en el relato de Amatller, así como también la creciente relevancia que va adquiriendo el idioma catalán como instrumento de distinción por sobre lo español. Pero el énfasis está puesto en las múltiples aventuras y correrías del protagonista, ya sea como ornitólogo aficionado que ayuda a crear un singular comedero para buitres, o en calidad de involuntario y no del todo informado agente secreto, cargo en el cual le toca participar, de manera lateral, en el asesinato del almirante Carrero Blanco, el delfín que Franco había dispuesto como continuador de su gobierno.
La segunda parte del libro, bastante más breve, se titula Nora Peb, y está escrita por el hijo de Pablo Amatller, aunque, claro, tanto él como nosotros, los lectores, sabemos que en realidad Amatller es un "falso progenitor". Aquí se atan algunos cabos correspondientes a la primera parte -el narrador quiere armar "la biografía dulcificada de mi padre"-, y aunque sea posible distinguir una escritura ligeramente distinta a Níquel, es indudable que hay manías delectables del narrador que, o se acentúan, como la devoción por los asesinatos alevosos, o se mantienen, como la pasión por la filología, por ciertos libros raros y por los jamás ocultados embates sexuales que les cae en gracia protagonizar a ambos personajes.
A ratos, Familias como la mía evoca vagamente la escritura de W.G. Sebald o la prosa de otro portento del camino, Zbigniew Herbert. Dotado de una fuerte carga de humor filudo y retinto, barnizado con atractivos trazos de erudición exótica, permeado con una desacomplejada dosis de pensamiento aristocratizante, y decorado con memorables escenas de corte sexual, el libro, de por sí inclasificable, posee la inmensa virtud de involucrar al lector en las diferentes obsesiones del narrador. Es por ello que, ocurrido el pase cuasi mágico de la identificación propia en el otro, uno llega a suponer que el verdadero Ferrer Lerín ha de tener mucho en común, si no todo, con el grandísimo Pablo Amatller Moragas. En provecho de ambos, claro está.
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Posted by Elodie on September 26, 2011 at 10:15 PM CLT #
Posted by Ferrer Lerín on September 30, 2011 at 01:36 PM CLT #
Posted by Rector on October 11, 2011 at 05:44 AM CLST #