Viajes con mi padre
Mar. 01 , 2009
La vida de mi padre fue un constante viaje, tanto exterior como interior. Primero a la Patagonia y la Antártica, a los hielos del mundo, en busca de un oasis de aguas templadas que le permitiera develar los misterios de nuestro paso por la vida. De esta búsqueda surgió la necesidad de viajar a la India (donde fue embajador de Chile), con la intención de encontrar las raíces, el origen, de los mitos y leyendas de nuestra América.
Yo era demasiado joven para captar el real significado del primer viaje con mi padre, junto a mis hermanos y mi madre. Estando en India visitamos el "ashram" del Swami Sivananda en Rishikesh. La comida era frugal y recuerdo que pasamos un poco de hambre, pero luego entendería que éste era el medio para despertar el apetito para los asuntos del espíritu. Años después se me explicaría que la intención del viaje era buscar información acerca de otro "ashram", que se encontraría en una región secreta de los Himalayas, donde vive una jerarquía de maestros o "Siddhas" que se encargarían de dirigir los destinos de la humanidad y de su evolución espiritual. Pero yo nunca llegué a realizar esa expedición.
Pasarían varios años antes de que pudiera viajar nuevamente con mi padre. En esta ocasión nos dirigimos a Montagnola, en la Suiza italiana, pues había fallecido recientemente Hermann Hesse y era necesario acompañar a su viuda. Estuvimos con ella un largo rato y luego visitamos la tumba del gran escritor germano, donde la tierra había sido removida hace poco y estaba cubierta por hermosas flores amarillas.
Ahora, cuando mi padre también se ha marchado en un largo viaje hacia derroteros desconocidos, recuerdo algunas palabras que me dijera aquella tarde ante la tumba de Hesse: "Hay que tratar de recordar sus rasgos, fijarlos en el tiempo, un tiempo más, antes que su forma, que va navegando por el río inmenso, se deshaga completamente, para alcanzar ese mar sin fondo en el que tal vez nada queda…".
Esto es precisamente lo que he estado realizando últimamente, a través de un ritual casi inconsciente que me acompaña día y noche.
Una década después, cuando mi padre dejó el servicio diplomático, se fue a vivir a Montagnola, en la antigua casona que alguna vez ocupara Hermann Hesse. Allí lo visité en innumerables ocasiones y guardo recuerdos imborrables de aquella época. Pero los viajes más importantes los realizaríamos más adelante, en su amada tierra, en el Chile mítico de la Patagonia.
Desde Puerto Montt, mi lugar de residencia, se divisa y presiente la maravillosa Patagonia occidental. El siempre pensó que este era un territorio marcado por un signo distinto, pues han sido los aventureros y los héroes quienes se atrevieron a adentrarse en su misterio, ya que no existía un incentivo económico esperándolos al final de los hielos. Juntos viajamos por la Carretera Austral en busca de un signo, una señal, que permitiera dar con el paradero de la legendaria Ciudad de los Césares.
Creyó encontrar una posible "entrada" entre los cuernos que adornan la cumbre del monte Melimoyu, al sur del puerto Raúl Marín Balmaceda. Pero su acceso físico siempre le resultó imposible. Sólo ahora, desde la eternidad, podrá encontrarlo.
Yo era demasiado joven para captar el real significado del primer viaje con mi padre, junto a mis hermanos y mi madre. Estando en India visitamos el "ashram" del Swami Sivananda en Rishikesh. La comida era frugal y recuerdo que pasamos un poco de hambre, pero luego entendería que éste era el medio para despertar el apetito para los asuntos del espíritu. Años después se me explicaría que la intención del viaje era buscar información acerca de otro "ashram", que se encontraría en una región secreta de los Himalayas, donde vive una jerarquía de maestros o "Siddhas" que se encargarían de dirigir los destinos de la humanidad y de su evolución espiritual. Pero yo nunca llegué a realizar esa expedición.
Pasarían varios años antes de que pudiera viajar nuevamente con mi padre. En esta ocasión nos dirigimos a Montagnola, en la Suiza italiana, pues había fallecido recientemente Hermann Hesse y era necesario acompañar a su viuda. Estuvimos con ella un largo rato y luego visitamos la tumba del gran escritor germano, donde la tierra había sido removida hace poco y estaba cubierta por hermosas flores amarillas.
Ahora, cuando mi padre también se ha marchado en un largo viaje hacia derroteros desconocidos, recuerdo algunas palabras que me dijera aquella tarde ante la tumba de Hesse: "Hay que tratar de recordar sus rasgos, fijarlos en el tiempo, un tiempo más, antes que su forma, que va navegando por el río inmenso, se deshaga completamente, para alcanzar ese mar sin fondo en el que tal vez nada queda…".
Esto es precisamente lo que he estado realizando últimamente, a través de un ritual casi inconsciente que me acompaña día y noche.
Una década después, cuando mi padre dejó el servicio diplomático, se fue a vivir a Montagnola, en la antigua casona que alguna vez ocupara Hermann Hesse. Allí lo visité en innumerables ocasiones y guardo recuerdos imborrables de aquella época. Pero los viajes más importantes los realizaríamos más adelante, en su amada tierra, en el Chile mítico de la Patagonia.
Desde Puerto Montt, mi lugar de residencia, se divisa y presiente la maravillosa Patagonia occidental. El siempre pensó que este era un territorio marcado por un signo distinto, pues han sido los aventureros y los héroes quienes se atrevieron a adentrarse en su misterio, ya que no existía un incentivo económico esperándolos al final de los hielos. Juntos viajamos por la Carretera Austral en busca de un signo, una señal, que permitiera dar con el paradero de la legendaria Ciudad de los Césares.
Creyó encontrar una posible "entrada" entre los cuernos que adornan la cumbre del monte Melimoyu, al sur del puerto Raúl Marín Balmaceda. Pero su acceso físico siempre le resultó imposible. Sólo ahora, desde la eternidad, podrá encontrarlo.
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Posted by Sebastián Sotelo on March 07, 2009 at 04:05 PM CLST #
La calidad literaria de su padre es inigualable, sus libros son como excusas para tratar de darle a
nuestro país (y a la mundanal vida de estos
Posted by Sebastián Sotelo on March 07, 2009 at 04:06 PM CLST #
Posted by Sebastián Sotelo on March 07, 2009 at 04:08 PM CLST #
Posted by Sebastián Sotelo on March 07, 2009 at 04:08 PM CLST #
Posted by aquiles fabres on March 07, 2009 at 05:24 PM CLST #
Posted by Jorge Campos on March 07, 2009 at 06:29 PM CLST #
Posted by Jurguen Stahl on March 07, 2009 at 06:34 PM CLST #
A todos los que andan jodiendo con sus tonterías políticamente correctas,vayan a leer a puros autores santurrones y déjennos a nosotros apreciar los aportes originales de personas como Miguel Serrano
Posted by daniela on March 07, 2009 at 08:06 PM CLST #
Posted by German Serrano on March 08, 2009 at 12:19 AM CLST #
Posted by German Serrano on March 08, 2009 at 12:31 AM CLST #
Posted by German Serrano on March 08, 2009 at 12:45 AM CLST #
Posted by Jotaeme on March 08, 2009 at 10:55 AM CLST #
Posted by runrun on March 08, 2009 at 07:34 PM CLST #
Posted by Renato Bravo on March 09, 2009 at 12:36 PM CLST #
Posted by Renato Bravo on March 09, 2009 at 12:58 PM CLST #
Posted by alfredo carcamo on March 16, 2009 at 08:08 PM CLT #
Posted by Gonzalo Miranda on April 06, 2009 at 04:04 PM CLT #