Sobre la falta de ideas...
Jun. 06 , 2009
Publicado en Ideas & Debates, 6 de junio de 2009
Las campañas políticas definen su ritmo en relación a la competencia. Es muy difícil iniciar la carrera en soledad. De hecho, la dificultad que ha encontrado la Concertación para definir su estrategia, poniendo en duda la viabilidad del candidato que eligió, concentra la atención en aspectos de procedimientos de selección de candidatura, de por sí críticos para los partidos políticos, y nos alejan de los asuntos de fondo, como son el cuestionamiento de lo que tenemos y el planteamiento de asuntos programáticos.
Algunos han señalado que las campañas avanzan lento. En realidad, se ha producido un desfase entre lo que las campañas dicen que están haciendo y lo que realmente se ve en los medios de comunicación. De ahí que, a pesar de que Océanos Azules plantee que está desarrollando una estrategia de consulta popular para sintonizar con las personas, la información que reciben los mortales para informarse de su actividad son expresiones que hablan de dificultades para coordinar el trabajo del comando oficialista.
Asimismo, las propuestas que el comando de Sebastián Piñera ha entregado encuentran una gran dificultad para obtener espacio y ser tematizadas. Desde este punto de vista, la brecha entre la percepción de que existen pocas propuestas y la realidad del volumen de contenidos ya entregado es más evidente que en la Concertación.
El candidato de la Coalición por el Cambio ha entregado, a lo menos, nueve proposiciones concretas y que pueden ser reconocidas en un ejercicio de recopilación de publicaciones impresas, aunque sean pequeñas. Entre ellas, destacan las propuestas para recuperar el ritmo del desarrollo, donde se llama a recuperar la capacidad productiva del país y aprovechar la crisis para replantearnos cómo impulsar el desarrollo. Luego, Piñera entregó su propuesta para implementar un salario ético familiar. Este aspecto es por lejos uno de los reconocimientos más severos del rol del Estado en materia de asistencia a los más pobres que la centroderecha ha realizado en las últimas décadas.
Al contrario, los temas programáticos que han resultado más llamativos en los últimos seis meses han sido declaraciones de los distintos candidatos de la Concertación que apelan a la aparente necesidad de Frei de congraciarse con un público progresista. Decimos aparente, por cuanto la apelación a un mundo joven tiene retornos electorales cuestionables y al coquetear con el liberalismo valórico insulta la inteligencia de una parte relevante de su electorado más duro, los cristianos. Ya hemos invertido suficiente tiempo en discutir cómo resolverá la Concertación su balcanización.
En cambio, la Alianza se ha dejado estar en una posición observante. Mientras crece la popularidad presidencial y la Concertación no logra ordenarse, debiese haber un motor dispuesto a desordenar las actitudes políticas para impedir el traspaso de ese capital político a la coalición oficialista.
Eso sucede sólo cuando alguien recuerda a los votantes que la corrupción es más fuerte (el 84% cree que daña mucho a Chile; el 56% cree que en el país es muy corrupto), que la gestión económica ha sido ciega, sorda y muda (estábamos blindados, ¿recuerdan?) y que, después de todo, Aleuy, Ossandón, Mladinic, Lagos y Correa están preparando un movimiento de la vieja guardia que no se dejará amedrentar por la nueva generación socialista ni por la Alianza, si ésta se amilana. Hoy es tiempo de diferenciaciones. El tono y el foco de lo que estamos discutiendo se debe reorientar.




