Pinchar el globo
Apr. 08 , 2009
Publicado en Ideas & Debates, diario La Tercera
En 2008 se impuso el supuesto de que no era conveniente para la Alianza enfrentar a la Presidenta Bachelet. Esa postura se instaló cuando Joaquín Lavín propuso un concepto que cambió el eje de la relación gobierno-oposición, el bacheletismo aliancista, anulando la acción fiscalizadora que, hasta entonces, primaba en los líderes de la Alianza.
El mismo supuesto se impuso en la centroderecha en 2003. Los acuerdos alcanzados por Pablo Longueira también cambiaron la relación de la oposición con el gobierno en curso. Y, en ambos casos, los presidentes entran en su último año de mandato con una aprobación popular superior al 60%. En el caso de Ricardo Lagos, a poco andar nos dimos cuenta de que era un globo que se desinfló al ser evaluado por la calidad de sus políticas públicas y la corrupción en su gobierno.
Ante el gobierno de Michelle Bachelet, la ciudadanía merece una oposición exigente, directa y propositiva. De hecho, no es cierto que una administración con tanta popularidad carezca de fisuras. El arte consiste en hallarlas y en potenciarlas, transformándolas en cuestiones cruciales, que la Alianza no repetirá y de las cuales depende el futuro y la esperanza de las personas.
En parte, la Alianza acierta al comenzar por ampliar sus márgenes. La "coalición por el cambio" es atractiva, ha sido eficaz en otras democracias y requiere de un contenido diferenciador que se nutrirá tanto de las propuestas que comienzan a esbozarse desde el trabajo de las comisiones Tantauco como de las propias debilidades de Eduardo Frei y de Bachelet.
En este espacio es posible visualizar las debilidades de la Concertación. Dado que la Presidenta está dispuesta a poner su capital político en función de la candidatura de Frei, es también necesario -como no se hizo con Lagos- pinchar el globo. Ella somete al país a un grado de improvisación política que deriva en ineficacia legislativa, porque ha sido incapaz de administrar poder.
Durante el actual gobierno han crecido de manera alarmante los montos y el número de casos de corrupción, llegando a concentrar el 48% de los conocidos públicamente desde el retorno a la democracia. Además, en esta administración se han llegado a conocer redes de corrupción al interior del aparato burocrático y vinculadas a distintos poderes del Estado. Asimismo, la corrupción ha afectado a la red de protección social que evidentemente será utilizada para intervenir electoralmente durante esta campaña. La Alianza requiere visualizar sostenidamente estas lacras.
Por último, durante el gobierno de Bachelet la administración pública se ha hecho menos transparente, a pesar del uso político que se ha hecho de este valor político. Chile aparece como el Estado que menos responde a los ciudadanos en estudios de la Corporación Participa; el gobierno responde sólo el 50% de los oficios enviados por los senadores solicitando información y la Dirección de Presupuestos no cumplió en la entrega de la información sobre el 75% de los programas que debían ser informados de acuerdo con la ley de presupuestos del 2008.
Toda esta evidencia no es coincidente con la percepción que tienen los ciudadanos, porque los electores no están entendiendo estas miserias como parte del espectáculo político. Desde ahí es posible volver a otorgar cimientos a la idea de que es necesario cambiar para alcanzar el desarrollo y que ese camino no será doloroso, sino lleno de esperanza.




