José Miguel Izquierdo

Izquierdo, centro y derecha

 

La intimidad de la Presidenta

Dec. 18 , 2008

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Hasta el momento nadie ha mostrado evidencia de que el chapuzón carioca de Bachelet y Jupi haya impactado sobre el cumplimiento de la agenda presidencia. De hecho, al parecer la mandataria cumplió sus compromisos y tan solo se fue a dar un baño temprano, a las 6:30 de la mañana. El caso es que muy pocas veces ocurre una intromisión en la vida privada de los políticos chilenos, a no ser en período estival. Menos, en estas circunstancias y, según mi punto de vista, sólo se ha dado tanto revuelo por dos razones: porque permite cuestionar la dedicación de la presidenta en sus giras y, segundo, porque está arraigado en un profundo machismo.

 



El hecho en sí no debiese tener significancia. Puede ser tomado para la chacota, como se hace con muchas cosas relacionadas con la presidenta, a quien se le imponen criterios más blandos de evaluación y trato. Así se estila. Podríamos, además, cuestionar la procedencia de que Jupi use bikini. Bueno, ella se expone a ser fotografiada con sus cualidades si no cuida la prudencia al entrar en la arena de Río y de la política. Sobre todo, porque la intimidad sí tiene que ver con lo público cuando se alcanza esa posición.

Bachelet y su equipo deben estar preocupadísimos por los efectos de este ejercicio paparazzi sobre su imagen. La verdad es que, a un liderazgo que se sostiene en atributos subjetivos, este tipo de eventos no lo descontextualiza y la victimiza, tal como ocurrió con Merkel en Alemania, lo que nos refiere a que el caso no es tan novedoso. No habrá perjuicios en su imagen. Solo podrá ser usado para pensar que no se estaba dedicando todo lo necesario o que por alguna razón necesitaba el baño frío a esa hora de la madrugada.

Dicho eso, también es preciso reconocer que algunos podríamos tentarnos a usar mañosamente el tema. Pero, ¿cuánto machismo habría detrás de eso? Recuerdo que el canciller Foxley salía a trotar con Evo Morales y transformaban las cumbres bilaterales en maratones. Eso, convertido en un hecho para la prensa, tenía mucho significado y nadie lo criticaba. Asimismo, Nicolás Sarkozy salía a trotar con su equipo después de ganar la elección, aunque no sabemos si alguna vez volvió a hacerlo, porque se dedicó a su nuevo matrimonio. Lagos también hizo de un baño en las playas del norte un hecho político y el alcalde Sabat, después de ganar la elección de octubre, chapuceaba en una pileta. No recuerdo que una escapada a la playa haya sido tematizada de esta forma, salvo el desnudismo de Angela Merkel, que se unió al escote que mostró en la ópera. Como se ve, entonces, la figura, las formalidades y el género de las implicadas no son neutros a la hora de explicar el revuelo provocado por la publicación de las fotos de la presidenta y su asesora en paños menores.

Ahora, convengamos en que el hecho también demuestra una debilidad de la Presidenta. Ella tiende a ser informal y, en este caso, ha sido imprudentemente informal. Eso le trae costos, porque es tratada de forma distinta, por ser mujer. No puede darse esos gustos que, para un ciudadano normal no provocaría problemas. Pero ella es Presidenta y nunca se acostumbró a administrar lo que eso significa.



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