José Miguel Izquierdo

Izquierdo, centro y derecha

 

El último discurso de Bachelet

May. 21 , 2009

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Ricardo Lagos tuvo un final similar al que gozó Michelle Bachelet en el último discurso de su período presidencial. Distendida, sonriente, improvisadora. La mandataria se siente segura del porcentaje de aporbación que la opinión pública hoy le está entregando, pero que nada asegura que se transforme en un capital político perdurable. Tal como su predecesor, la realidad de su mandato, más allá de las apariencias, vendrá a ser su peor pesadilla si alguien pretende que se proyecte su liderazgo.


Bachelet dio cuenta de sus falencias en su discurso. De hecho, los errores en el diagnóstico de la crisis económica y el desenfado para dar por reinventado el Transantiago nos remiten al tiempo en que su propia administración era mirada en menos por la incapacidad técnica de su modelo de gestión política y gubernamental.


Asimismo, las omisiones del mensaje abordan áreas que son dramáticas para las personas. La mandataria se saltó la referencia a la seguridad y a la necesidad de aplicar políticas públicas eficaces tanto en prevención como en la represión de la violencia en el espacio público. En específico también dejó de hacerse cargo del letargo de las iniciativas incluidas en el acuerdo nacional sobre la materia. El Ministerio de Seguridad, el sistema de penas alternativas, el rediseño del Sename y la nueva institucionalidad de la infancia, el proyecto de la defensoría de las víctimas… todas ideas que están esperando su momento y que merecían un espacio para ser incluidas, a lo menos, como señales de tranquilidad para las familias chilenas. En síntesis, la prevención estuvo ausente tanto en sus dimensiones sociales como situacionales; y en materia de cárceles y Sename, olvidó todas sus promesas anteriores.


Tal como su antecesor, Bachelet deja una gran deuda en materia de probidad en el control y manejo de recursos públicos. Si bien se refirió a la ley de transparencia no hizo ninguna referencia al caudal de casos conocidos en su gobierno que, por lejos, es el gobierno de la Concertación que más corrupción ha conocido. De ahí que no entregara ninguna señal que permitiera siquiera una pequeña dosis de tranquilidad ante la inminente intervención electoral, también relacionada con los planes de protección social, que ya se mostraron vulnerables, en esta materia, durante el gobierno de Lagos, al menos, en lo que programas de empleo se refiere.


En algunos momentos pareciera que los presidentes y asesores de La Moneda vivieran en un país diferente. Bachelet cae en esa lacra cuando omite su referencia a los tres sectores movilizados hoy y que, evidentemente están esperando alguna solución. El problema de gendarmería y la deuda que la Concertación ha acumulado con los profesores y el bono SAE, plantean esa elusión que también Lagos nos mostró tantas veces. Claro, eso sí, que Lagos increpaba de vuelta.


La mano del ex ministro Andrade se notó ausente en este discurso. De hecho, la CUT, que venía presionando constantemente por modificaciones a la legislación laboral no tuvieron espacio en esta última intervención de Bachelet.


Finalmente, las cifras de desempleo, que nos sitúan como el país de Latinoamérica que más ha destruido plazas de ocupación; la corrección a la baja de nuestro per cápita, corregido recientemente por el FMI; la proyección del estancamiento económico y la recesión… La presidenta no atendió todos esos problemas que, a fin de cuentas serán evaluados, en diciembre y, luego, en el juicio que se haga de su mandato, durante la próxima administración. Por todas esas razones, creo que, al igual que sufrió Lagos, a pesar de su alta popularidad, este es el último discurso de Michelle Bachelet.



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