José Miguel Izquierdo

Izquierdo, centro y derecha

 

Denuncia de Informe Especial: Instituciones que funcionan

Jun. 04 , 2009

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Las instituciones políticas pueden funcionar bien. Existe experiencia de sistemas que han logrado acordar medidas de transparencia, control social, externalización de servicios y mayor compromiso político con la función pública que han derivado en la reversión de los malos índices de confianza ciudadana.

Una estrategia orientada a producir un efecto similar al esbozado arriba es lo que el Congreso deberá afrontar. Ideas relativas a ello pueden contener, primero, la instalación de un sistema que exija el reconocimiento de la huella dactilar para poder emitir el voto; asimismo, el canal de la Cámara de Diputados puede ser licitado con menos restricciones que las impuestas hoy sobre esa función, para lograr, por ejemplo, que se transmita permanentemente la imagen de la sala y ver si los congresales están o no. Asimismo, otras medidas de transparencia y control son necesarias. Pero también debemos exigir que la crítica sea puesta en su lugar y sea dimensionada en su justa medida.

Parece evidente que el reportaje que ha motivado esta reflexión-positiva, por un lado, porque nos permite mejorar el funcionamiento de las instituciones-fue realizado en un año electoral. Esto permitía suponer de antemano que obtendrían resultados vistozos y televisivamente jugosos, antes de comenzar las pericias. Los números, con más probabilidad, parecerían escandalosos, ya que los legisladores están preocupados de su reelección. Asimismo, si visitaran las oficinas de otros poderes del Estado y compararan la asistencia de los altos cargos en año electoral y no electoral con mucha seguridad encontrarían que ministros subsecretarios y jefes de servicios van más a la oficina en años no electorales que en los años en que sí enfrentan el escrutinio público. Era bastante esperable que la sala se observara vacía, sería autocumplido que los ministerios aparecieran desolados; pero en ambos casos aplicamos criterios muy distintos para evaluar la conveniencia y procedencia de que los titulares estén en terreno.

Aún así, hay otras consideraciones que hacer para poner las cosas en una dimensión más justa. Cuando observamos la sala vacía no sabemos realmente quiénes están fuera del poder legislativo y quiénes están trabajando en comisiones. Cualquiera que conozca el funcionamiento del Legislativo sabe que los diputados en Chile son pocos, deben asumir el trabajo técnico en comisiones legislativa y el número de proyectos que se trabajan en paralelo obligan a sesionar en forma concurrente, en las comisiones y en la sala. No quiero desconocer el problema, pero el reportaje también debió considerar esta realidad si queremos difundir números tan lapidarios.

Otra cosa es verificar que existen prácticas bastardas. Votar en lugar de otro, pagar arriendos a particulares en lugar de oficinas; son prácticas que deben ser desterradas. Por ahí se viene un vendaval. La demanda por reemplazar a una clase política criticada constantemente porque se desconfía de su probidad, de su eficacia y de su idoneidad, crea un contexto propicio para impulsar reacciones de tipo inglés.

Por todo lo anterior creo necesario hacerse cargo de lo que se ha denunciado,
definir acciones concretas que permitan mejorar la imagen de la política y, finalmente, poner también los cuestionamientos en el espacio y en la forma debida.



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