"Che" en el Nueva York de Gran Torino
Dec. 29 , 2008
Al final de un año con especial intensidad política para EEUU, dos hechos tal vez inadvertidos en las agendas, tienen un significado propio. Por el “cómo suceden”, se acoplan al truismo de que muchas acciones tarde o temprano, representan un tipo de narración que deriva en algo político.
El primero, es el desvanecimiento en los periódicos neoyorquinos de los anuncios y reseñas sobre la película “Che”, exhibida el viernes 12 de diciembre para siete días de pantalla en el Ziegfeld de Nueva York, abarrotado dentro y fuera con un público ansioso.
Estaba presente su director, Steven Soderbergh (Traffic, Sex Lies and Videotapes), para un debate con la audiencia pos exhibición. Luego, “Che” desaparece, y regresa ahora por dos semanas hasta el 8 de enero 2009. En el ir y venir, su estreno definitivo es un misterio.
El segundo es “Gran Torino”, el último film de Clint Eastwood, donde todo es más simple, instalado a gran escala, y apoderándose de un impresionante espacio para las miradas.
Ambas propuestas se insertan en temas sistémicos desde diferentes perspectivas y con diferentes objetivos. Dentro de la perplejidad por desconocer códigos de distribución y presupuestos, al indagar en el vaivén de este “Che”, las respuestas conducían a la producción.
Gran Torino, es una alegoría al estadounidense invadido y perplejo con la globalización de “su capitalismo”, montada en una historia de la zona donde EEUU exprime su mayor angustia: Detroit y la industria de los autos. El Gran Torino, es un viejo modelo de automóvil, que Eastwod en el rol protagónico, protege como su alma, frente a un puñado de asiáticos disturbándole la paciencia.
Es el Eastwood más genial y primitivo, con un gesto a un colectivismo impensado 5 o 10 años atrás. Plantea la búsqueda de una totalidad a partir del ethos individual, sin especificar en que consiste y de un bien común que se despedaza por códigos de supervivencia cada vez más alterados.
El gran Clint, es un “existencialista” del capitalismo, que apunta al revés de la reflexión de Sartre: no me gusta lo que puede producir el socialismo (por Stalin), pero el capitalismo es el peor sistema. Para Eastwood, el capitalismo puede producir las peores situaciones, pero es el mejor sistema.
Frente a la impotencia, incita a la nostalgia por la Roma Imperial o el feudalismo, cuando el individuo se empecinaba al ver que el límite reside en el colectivo. Aquí no “hay sociedades” como las concebía Max Weber. Más bien ilustra individualidades dispersas que se juntan por un objetivo. Es un Carl Schmitt (Romanticismo Político) del cine. Continúa menos preocupado de los procesos que del fin, sin embargo se conecta con el cuadro completo de la descomposición de la convivencia, en un sistema puesto a funcionar en el límite negativo.
“Che” es más “procesos”. Está basado en los escritos de Ernesto Guevara sobre la guerra revolucionaria cubana y su diario en Bolivia y montado para cuatro horas y media de exhibición en dos partes con un intermedio. México, Cuba, Nueva York, edificio de Naciones Unidas son los ambientes de la primera centrada en Cuba. La odisea del Che en Bolivia absorbe la segunda.
Se pueden ver como dos películas separadas, aunque hay un hilo conductor en la semblanza del personaje central donde adquiere vida uno de los ejes de la filosofía del Che: acabar con el analfabetismo, como principio de libertad para zafarse de la explotación y el hambre. Soderbergh no lo hace funcionar como una caricatura de la educación socialista, sino como uno de los derechos más básicos, así como lo plantea UNICEF y las Naciones Unidas.
El proyecto comenzó en 2000, cuyo coproductor es Benicio del Toro, en una interpretación del Che de gran riqueza expresiva, y luminosa sutileza, llevando el film “sobre sus espaldas”, como dice Ang Lee de los grandes actores. Si no es nominado al Oscar, sería por el personaje que encarna. Alrededor de medio centenar de actores, dan vida a otros personajes, que penetran en uno por la luminosidad de sus rostros y una estética que puede pasar inadvertida por el caudal de movimiento. La rítmica de la narración y su paisaje es notable, entremezclando escenas de Guerra, con retazos de Cine Documental, y diálogos escuetos en situaciones sin tiempo para teorizar.
Las escenas, de Guerra exhiben un despliegue y precisión inusuales, sin envase computarizado, en un ejercicio de simulación a gran escala, llevando la narrativa al realismo de Roman Karmen, Joris Ivens y Sergio Bravo.
Los pliegues de “Che”, son complejos. Aunque el personaje lucha contra el capitalismo, la filosofía revolucionaria a través del formato del film no trasciende completamente. En la trinchera opuesta el “producto Che” no es presentado como una película de guerra espectacular y atractiva, sino que como una ideológica.
No hay nada más antagónico que el violento Eastwood de la ficción, fijado en el conducto humano individual, y el violento Guevara de la vida real abogando por la insurrección colectiva, aunque ambas expresiones están ancladas en sinceridad y convicción, sobre ciertos principios.
“Che” es un anatema porque la propuesta guerrillera está, sino erradicada, siendo combatida como otra expresión terrorista. Sin embargo frente a un capitalismo en semejante crisis, el ideario de Ernesto Guevara es proyectado con respeto, y hasta con admiración, que por cierto incomoda a quiénes tienen pánico a la insurrección armada. Se despacha el comentario que los izquierdistas son en general, teóricos y “guerrilleros” de fin de semana.
Gran Torino es el “Gran Eastwood”. El icono de un sistema que se autodespedaza sin guerrillas, convertido en el gran cronista de “algo” que está sucediendo en EEUU, que algunos llaman decadencia y no transformación.
La apuesta comercial de ambos film, no podía ser más diferente. Uno tiene el icono fílmico estadounidense por excelencia, un John Wayne de nuestros días, pero incomparablemente más pensante; pero es ficción pura. El otro es el icono de una realidad foránea que perturba.
En ese plano, Gran Torino lleva la delantera, porque es el más benigno de los dos. Representa la expresión social minimalista y aislada. El “Che” de Soderbergh gravita en aguas más borrascosas, porque plantea una violencia colectiva, en contra de la explotación y miseria del capitalismo.
En medio de una audiencia cercana a los 500 espectadores, Soderbergh debatió su film por más de hora y media, hasta cerca de la 2 AM. Al finalizar, señaló que su intención no es editorializar al Che y que su aspiración es, “reflejar con la mayor fidelidad posible sus textos, y expresar la consistencia entre discurso y acción”.
”Che” expone ese complejo y sacrificado camino de una actitud a la otra. Los que perciben que en este film no hay una expresión más completa del personaje, tal vez continúen sin entender (o discrepando con) ese proceso que el Che sí lo tenía claro.





Posted by tulio h. on December 29, 2008 at 11:31 AM CLST #
Posted by John Verdejo on December 29, 2008 at 12:53 PM CLST #
Posted by maria on December 29, 2008 at 12:54 PM CLST #
Posted by Pedro on December 29, 2008 at 04:47 PM CLST #