Juan Eduardo Faúndez Molina

Chile Más Joven

 

Bienvenida la incertidumbre

Dec. 22 , 2011

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Lo acontecido en el Congreso de Chile en estos días es quizás uno de los hitos de mayor envergadura en relación a reformas políticas del último tiempo. La aprobación del proyecto de ley de inscripción automática y voto voluntario es el primer gran paso para mejorar nuestra democracia y por sobre todo el de refrescar a sus actores y a sus electores.


Estamos hablando de la no despreciable cifra de casi 5.000.000 de posibles nuevos votantes, quienes mediante su participación cambiarán a todas luces como se ha manejado el modelo hasta ahora. 


Los más escépticos se han detenido en el concepto de voluntariedad u obligatoriedad, debate que por cierto no se cerrara con la aprobación de esta ley. Sin embargo, quiero profundizar en aquellos aspectos más relevantes de este nuevo escenario. 


Muchas veces se señala que la sociedad chilena avanza mucho más rápido que su política y que su institucionalidad, pues bien, esta gran reforma pretende poner a tono la realidad de los chilenos del siglo XXI con sus instituciones, en donde la participación democrática es solo el primer eslabón de esta gran cadena de cambios y de instalación de nuevos temas que son de interés de la nueva ciudadanía chilena, entre los cuales se pueden destacar: (Reforma al sistema binominal, voto chileno a los extranjeros, carga tributaria, nueva constitución, agenda valórica, etc.) temas que en definitiva interesan cada vez más a la nueva masa crítica de jóvenes quienes en este nuevo escenario serán mucho más proclives a participar y a ejercer su opinión mediante el voto. 


Esta reforma forzará a los actuales actores del juego político a ajustar sus prioridades y por sobre todo estimulará la generación de un debate con mayor profundidad y contenido, a su vez se requerirá la emergencia de nuevos actores políticos que tendrán no solo más afinidad de contenido sino que también mas afinidad etaria con aquello que se representa. 


La  “teoría del espejo” cobrará un valor incalculable en donde a un padrón rejuvenecido se requerirá de nuevos actores que sean capaces de interpretar y representar a dicho electorado, esto ayudara a romper con la inamovilidad existente a la hora de la definición de candidatos de representación popular en nuestras colectividades políticas. En definitiva, se abrirá el abanico y se expandirá el arcoíris. 


Junto a lo expresado anteriormente se incluye el factor de incertidumbre que estará asociado a este nuevo padrón, esto prácticamente obligará a los actores políticos a renovar sus discursos y acciones en pos de ganar más adhesión ciudadana y más votos. 


Esta incertidumbre también requerirá incentivar más la participación y para esto último se harán necesarias acciones que deben ir más allá de una buena campaña política, la implementación de programas de formación cívica en escolares que fortalezcan los valores de la democracia será una pieza fundamental para asegurar el éxito a esta iniciativa.


El desafío está en marcha y que sean bienvenidas la incertidumbre, la participación, el debate y la nueva agenda. 

Voto Voluntario, Sociedad de Derechos y Convicciones

Nov. 17 , 2010

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Una vez más se ha instalado en el país, la discusión sobre la inscripción automática y el voto voluntario. Bien sabemos que 2.500.000 personas mayores de 18 años no votan, que el porcentaje de representación de los jóvenes ha ido en descenso,  pasando de ser un 36% en el plebiscito del 88, a un 9,2% en la última elección presidencial. Cabe señalar que en la primera vuelta presidencial  votaron no más del 60% de los mayores de 18 años, por ello es necesario preguntarse si vale la pena  dilatar más esta discusión.


El sentido último de esta reforma, obedece a que la democracia en los tiempos que nos toca vivir,  sea más representativa y eso claramente pasa por renovar el padrón electoral, ampliar la política y mejorar la discusión. Por ello creo que vale la pena preguntarse ¿es representativa una democracia en la cual sólo eligen a las autoridades el 60% de los mayores de 18 años?,  Es decir, ¿se logra legitimar la autoridad presidencial si su votación en segunda vuelta (51,6% en cifras reales) no representó más allá del 25% de los chilenos mayores de 18 años?


Las cifras hablan por sí solas. La discusión por tanto debe centrarse en cómo logramos involucrar a esos nuevos electores no sólo en el juego democrático, sino que también en el desarrollo armónico de su ciudadanía y que sean parte de la sociedad que se quiere construir.


En las últimas semanas se ha puesto nuevamente en entredicho la voluntariedad del voto, dando como argumentos, por ejemplo que se elitiza el voto, que sólo votarían aquellos individuos con mayor formación y con grados mayores de conciencia ciudadana, excluyendo con ello a millones de ciudadanos y ciudadanas. Debido a estas razones algunos sectores manifiestan la importancia de dar obligatoriedad por el mandato de la ley, desempolvando a Rousseau con su concepto de Sociedad de Derechos y Deberes, publicado en el Contrato Social del año 1762.


Desde mi punto de vista, eso no es favorable. Más allá de la imposición de acciones por la instalación de leyes y sanciones, el ciudadano del siglo XXI y la apuesta de sociedad que queremos construir, va en sentido contrario. Se debe apostar por la construcción de una sociedad crítica, formada, en la cual sus individuos por el sólo hecho de la convicción se hacen partícipes de la sociedad que se quiere construir y eso no es gratuito, ni momentáneo, requiere trabajo y formación, pero por sobre todo demanda plantearse seriamente de qué modo se rompen las élites y las desigualdades en nuestra sociedad.


La voluntariedad representa el acto de la incertidumbre electoral en cada elección, pero también plantea  el desafío a todos los actores políticos, de ser capaces de interpretar lo que quiere su ciudadanía. Ello implica no tener más el cheque asegurado de un padrón impositivo, representa en definitiva, un desafío sin escalas, que no sólo se agota en cada elección, sino que se agota en la medida en que millones de chilenos tengan la formación, la conciencia cívica y convicción de que ejercer el derecho a voto es bueno para la sociedad que se anhela formar.


Para una sociedad progresista como la actual que quiere avanzar, los conceptos de derechos y deberes del siglo XVIII quedan obsoletos. Hoy debe primar la formación de derechos y convicciones,  en la cual la valoración del sujeto como actor principal, cobra mayor sentido. Es entonces en este desafío, en el cual todos debemos participar.

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