Héctor Soto

El Blog de Héctor Soto

 

Vienen tiempos duros

May. 07 , 2011

3 Comments

Publicado en La Tercera, 07 de Mayo de 2011

No es una buena película y a lo mejor al final produce más decepciones que entusiasmo. Pero igual yo recomendaría ir a ver Amor de madre (el título horroroso que le pusieron a Mother and child), porque este tono narrativo, este ritmo, este sentido de la duración de los movimientos, de las respuestas y de las miradas, definitivamente va de salida en el cine que llega a las salas comerciales. Ya es un poco raro que una película así se estrene en pantalla grande y no quede rezagada para siempre en el mercado del DVD o al alcance de los más entusiastas en alguno de los tantos recodos de internet.

Amor de madre es una realización de Rodrigo García, el hijo de García Márquez radicado en Hollywood. No es una película de ayer, es del año 2009. Estuvo haciendo cola largo tiempo para entrar a la cartelera y si ahora se estrenó es porque el Día de la Madre le abrió una ventana de oportunidad que nunca más iba a volver a tener.

Lo más atractivo de Amor de madre no es la historia que cuenta -lacrimosa y sobreescrita-, sino más bien la forma en que la cuenta, porque no hay que estar muy al día para saber que los lujos que esta realización modesta se concede serán en el futuro cada vez más raros, infrecuentes y difíciles. Que hoy por hoy, un largometraje pueda definir a sus personajes no por lo que dicen y menos por el rayo que les cae, por la bomba que les lanzaron o por el balazo que eludieron, sino por el lugar que habitan, por la manera en que se visten o la forma en que se mueven, es una experiencia exquisita. Que la película despliegue un culebrón irrita su poco, pero que se desarrolle en sordina es un resguardo que se agradece. Que haya un director resuelto a trabajar cadencias y detalles con sus actores descoloca tanto, que induce a pensar que aquí alguien se olvidó del lugar donde estaba trabajando. Y que la historia se pueda seguir sin necesidad de que haya una banda sonora y estridente y machacona para marcar los puntos de inflexión mueve a pensar que no todo está perdido.

Y no es cierto, porque al menos en la cartelera comercial y en lo que siempre se llamó la industria, casi todo está perdido. Se acabaron los tiempos muertos. Se acabaron los detalles y subentendidos. Nunca más habrá tiempo para que un actor se rasque la cabeza. La pantalla grande ya no está para picazones. En el cine que viene no se concibe ni un solo metro de celuloide que no tenga retorno inmediato en términos de impresión, gritos, lagrimones o, por lo bajo, una clarificación narrativa más o menos boba y literal (¡al diablo con los misterios!, ¡fuera la ambigüedad!). El discurso triunfante dice que las películas ahora tienen que ser puro músculo y para desarrollarlo sus realizadores tienen que "dramatizar", "pichicatear" o "anabolizar" hasta el momento en que el actor prende la luz.

Con todas sus limitaciones, Amor de madre revela que una película también puede salvarse por el tono. El tono, entendido como sintonía fina, es por lejos el gran damnificado de las transformaciones que ha experimentado la industria en los últimos años y el negocio de la exhibición. Contra lo que supusieron los entendidos, no fue tanto el espacio, sino el tiempo lo que el actual cine comercial terminó haciendo pebre. Por eso, no duró nada en la cartelera un título como Somewhere, la última película de Sofia Coppola, que indaga en la relaciones de un actor superstar con su hija. Era puro tono. Por eso será gratificante repasar esta tarde El hombre que nunca estuvo, la película que los hermanos Coen estrenaron el 2001 y que hoy, a las 19.40, repiten en el canal ISat: estas imágenes se toman su tiempo, exigen bajar las revoluciones y no se andan atropellando una a otra por la compulsión del impacto, del sobresalto o de la sensación.

Vienen tiempos duros. Estamos recién entrando a la erótica del 3D. Ya son varias las salas que cuentan con las instalaciones para exhibir películas de este formato y veremos muchas más. Preparémonos entonces: las historias en las que nadie tenga algo que lanzarse a la cara -una silla, un jarro de ácido, una granada de mano, un ropero o un animal- van a tener muy poco que hacer.

Eso no es nada: los que vayamos al cine también. Muy poco.




Comments:

don Héctor: al ver el titulo de su columna pensé que se refería a los tiempos del gobierno¡¡¡

Posted by marcos gallardo on May 07, 2011 at 12:55 PM CLT #

el cine empieza a morir. k se exhiban las peliculas a 2 meses de estrenarse en tv o arriendo por internet, matara al cine. tiene fecha de vencimiento. una lastima.

Posted by Alejandro beltre on May 07, 2011 at 03:24 PM CLT #

Gracias Don Héctor acabo de ver "El hombre que nunca estuvo"

Gran film, le agradezco sinceramente su consejo

Un abrazo

Posted by Guillermo Guerrero on May 07, 2011 at 09:49 PM CLT #

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