Héctor Soto

El Blog de Héctor Soto

 

Sueños, goles y ascenso

May. 30 , 2010

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 Publicado en Reportajes de La Tercera, 30/05/2010

Con más de cien mil espectadores en cosa de pocas semanas, Ojos rojos hace ya mucho rato que se convirtió en el documental más exitoso de la historiadel cine chileno. Comparada con las magras cifras que vienen registrando las películas nacionales, semejante convocatoria sin duda que es notable. Pero teniendo en cuenta que el país ya entró al túnel del furor asociado al Mundial de Sudáfrica, el éxito de la película de Juan I. Sabatini, Juan P. Sallato e Ismael Larraín es menos generoso de lo que se ha destacado. La cinta debió haber movido montañas y no es eso lo que ha ocurrido. No hay causa, sueño, deseo o aspiración más transversal en Chile que el triunfo de la Selección. Gústenos o no, nadie debería perderse: es en las canchas de la Roja donde nuestro país se ha llevado sus peores frustraciones y conquistado sus más intensas ráfagas de alegría y comunión colectiva. Tal vez esta sea la única cruzada que sin mayores preguntas es capaz de movilizar a los chilenos aquí y ahora a los umbrales de la plenitud, cualquiera sea el alcance que a esta palabreja se le quiera dar.


El gran acierto de Ojos rojos es rescatar como épica la campaña que realizó la Selección para quedar entre los equipos clasificados al Mundial. Desde luego no fue un camino recto ni tampoco un camino fácil. La película recuerda lo que ya muchos han olvidado: que los comienzos de Marcelo Bielsa al mando de la Selección fueron erráticos, que sus pruebas de ensayo y error comportaron el costo de sucesivas derrotas y que para alcanzar los equilibrios que el equipo terminó mostrando se necesitaron mucho trabajo, coordinación y esfuerzo. En este plano, los testimonios que entrega el documental llegan a ser no sólo concluyentes, sino también conmovedores. Al final, esta no es sólo una cuestión de goles más o goles menos. En lo profundo, esta es la historia de un país que se levanta del charco de las frustraciones y que logra ponerse finalmente de pie.


Ahora bien, no obstante que la película clasifica con indiscutible eficacia y dignidad en el plano de la emoción colectiva, sus rendimientos en el plano de las verdades individuales son aislados y escasos. El mejor plano de la cinta -un Bielsa solitario y reconcentrado que clava y corre estacas en la cancha de entrenamiento de Pinto Durán- entrega una magnífica evidencia de la obsesividad del director técnico. Pero la cinta se farrea a los jugadores, que para sus efectos pasan a ser piezas perfectamente intercambiables. De acuerdo: una película en algún momento tiene que optar por una línea de desarrollo y sus realizadores tuvieron probablemente buenas razones para cortar por el eje institucional.


Pero en Chile el fútbol, aparte de ser la pasión de multitudes que todos sabemos, aparte de ser la chifladura más compartida, es también, sobre todo para los jóvenes de estratos pobres, el más explícito, dramático, portentoso y efectivo canal de movilidad social. Y, vaya, estas sí que son epopeyas. En Ojos rojos ni siquiera figuran, pero el país sí ha podido seguirlas en programas de televisión como Guerreros de TVN o la serie de Aldo Schiappacasse Nacidos para ganar, del 13.


En un país donde ninguno de los avances de la meritocracia ha sido ni fulgurante ni gratis y donde nadie puede asegurar que quien se saque la mugre trabajando necesariamente va a poder salir adelante, el ser bueno para la pelota puede llegar a hacer toda la diferencia entre una vida triste y silvestre en las poblaciones y el salto a las modernas versiones de las burbujas de la riqueza, el poder y el glamour.


En otro tiempo la izquierda penalizaba con severidad estos sueños o fugas del imaginario colectivo como expresiones alienantes de codicia e individualismo. Ahora ya no es tan así. Algo ocurrió entremedio que el fútbol pasó a ser una suerte de metáfora de un juego superior. Hoy, para el común de la gente, esta es una de las pocas canchas donde el talento y el esfuerzo individual terminan por imponerse, de partida porque sus reglas son claras y objetivas y, además, porque aquí a la larga simplemente no cuentan -o no cuentan tanto-los pitutos y santos en la corte.


Bienvenidos al país de las oportunidades. Bienvenidos al Mundial.



Comments:

No generalice, no todos los niños pobres van a llegar a ser figuras del fútbol y van a tener solucionada su vida material, solo la educación, responsabilidad del Estado,es la puede hacer de verdad una movilidad social. No promueva el pan y el circo, señalele otros caminos a la gente, no los atonte con la pelota.

Posted by remigio valencia on May 30, 2010 at 11:26 PM CLT #

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