Regresar para volver a partir
Mar. 13 , 2010
Si algo nos puede definir es que somos hijos de la ruptura. No de una, sino de varias. Entre tanta modernidad y globalización, entre tanta revolución tecnológica y fenómenos sociales nuevos, apenas sabemos de dónde somos. Lo único cierto es que nos sentimos mucho más desarraigados que nuestros abuelos y nuestros padres, y que estamos bastante más desconectados que ellos de la noción de hogar. En alguna medida, nos sentimos más libres y a lo mejor lo somos; desde otro punto de vista, estamos más limitados, en la misma medida en que también estamos más confundidos.
Porque, claro, el asunto no es gratis. La sensación de estar en espacios demasiado abiertos y de no tener hogar puede terminar siendo muy dolorosa y abrumadora. En Vivir al límite, la película de Kathryn Bigelow que la Academia elevó al Olimpo el domingo pasado, los personajes están destacados en Bagdad, muy lejos de casa y en un contexto que no puede ser más inhóspito en función de lo incomprensible y amenazante que les resulta a todos ellos. En cada uno de sus episodios la cinta informa la cantidad de días que le va quedando al pelotón antes de volver a Estados Unidos y, aunque nadie lo diga, toda la narración está presionada por el temor durante la proyección de que no vaya a ser que los maten antes.
Qué alivio que salgan vivos. Pero ahí, cuando el happy end se divisaba a la vuelta de la esquina, cuando el protagonista lograba volver sano y salvo a su patria, Vivir al límite da un golpe al mentón permitiéndose -primero en un supermercado, después en el interior de una casa gringa como cualquier otra- algunas de las imágenes más frías y distanciadas que el cine moderno haya entregado sobre el desarraigo. El punto de vista de las imágenes es terrible, porque se siente y se huele que para ese protagonista ese mundo tampoco es el suyo. El asunto es incluso peor: el personaje en realidad está más en su elemento en Bagdad que en casa.
No obstante ser la más animal y la menos pretensiosa de las películas gringas en mucho tiempo (lo único pretensioso que tiene es la banda sonora), en Vivir al límite resuenan muchos ecos del cine americano clásico. Tanto es así, que se reconocen hasta registros provenientes del western, que siempre fue una epopeya construida en torno a lo que significaba abandonar un hogar y emprender un viaje por un camino desconocido, al término del cual, si todo salía bien y la utopía se cumplía, ibas a poder fundar finalmente otro hogar.
El cine americano no sería lo que es (una enorme construcción poética dictada tanto por la voluntad de ser como por la voluntad de pertenecer) sin el vértigo que producen los espacios abiertos y sin la sensación de intimidad y de abrigo protector asociado al concepto de hogar. Algunos de sus cineastas desde luego están más cerca del eje de allá y otros del de acá. Un Welles o un Terrence Malick, por ejemplo, siempre militaron en el partido de lo que mucho que hay allá afuera. Un John Ford o un Clint Eastwood, en cambio, lo hicieron en el partido de lo bien que podemos estar aquí dentro.
Algo serio debe estar ocurriendo ahora para que Vivir al límite venga a relativizar esos ejes o polaridades. Personajes como el de esta película nunca más van a encontrar un hogar ni conectar con una patria desde la identidad. Ulises logra volver a casa, pero en cuanto lo consigue lo único que desea es volver a partir. Ya no es viaje, claro, sino una fuga.





Países como EEUU ofrecen enormes oportunidades de bienestar material, pero uno no respira libertad.
Ambientes como el DF o el mismo Bagdad pueden ser brutales, pero existe libertad en el desmadre.
Posted by Aldo Cerda on March 13, 2010 at 09:29 PM CLST #
Me gustó la película y me sentí identificado con el desarraigo del personaje.El 2007 volví a Chile despues de un periodo de vivir en Europa.Pensaba quedarme,pero después de 6 meses me di cuenta que ya no era lo mio,que si me quedaba los años se me caerian encima.Asi es que partí nuevamente y sólo regresaré de visita.
Ojalá continue esta tendencia de películas simples-y que haya ganado es un alivio-ya que para mí Avatar significaba el fin del cine.
Por ahora está a salvo.
Posted by Rodrigo on March 14, 2010 at 11:47 AM CLT #