¿Qué se sabe, qué se teme?
Apr. 24 , 2011
Publicado por La Tercera, 24 de abril de 2011
Si los gobiernos al final algo aprenden con las crisis, bueno, quizás la caída de la ministra Magdalena Matte no haya sido en vano. Las administraciones después de todo, como ocurría antes con los alumnos porros, aprenden a golpes. Quizás por eso tienen partidas balbuceantes y llegadas con bastante mayor aplomo.
En relación al trabajoso e historiado episodio Van Rysselberghe, esta vez el tema Matte fue mejor manejado. El gobierno prefirió anticiparse a los hechos. Olió que el tema podía llegar a despedir un fuerte hedor a arreglín y corrupción y tomó la iniciativa de judicializarlo. También, a diferencia del incordio en la VIII Región, se invirtió energía, paciencia y tiempo en ordenar a la Alianza: nadie se apretó los dedos, nadie desentonó y tampoco hubo grandes portazos. Quizás el paso más en falso fue la visita a la ministra de la bancadas parlamentarias del oficialismo. Se cumplió perfectamente el protocolo y nadie puso en duda el apoyo que eso significaba; pero no habían pasado ni 10 horas y la ministra ya estaba afuera del gabinete. Raro.
Sin embargo, para el grueso de la opinión pública, lo más difícil de entender es que el gobierno haya dejado caer a una ministra de Vivienda que, aparte de haberlo hecho bien en la reconstrucción, hizo todo lo que tenía que hacer -básicamente, suspender el pago y trasladar los antecedentes al Ministerio Público- una vez que advirtió que en la transacción del Serviu con la empresa Kodama podía haber gato encerrado.
En definitiva, lo único que explica la renuncia de Matte es eso, que el gobierno sepa, sospeche o tema -pero sospeche o tema con antecedentes fundados- que aquí las aguas necesariamente bajarán turbias. Muy turbias. Si no es así, nada de lo ocurrido tendría sentido. De momento, lo único que cabe es esperar y reconocer que la ministra se fue sólo por las dudas, sólo porque se cometieron errores de forma y sólo para hacer efectiva, con señorío y grandeza, las responsabilidades políticas envueltas en la operación. Ya vendrá el informe del Idiem. Ya vendrá el de Contraloría. Y si uno u otro, o los dos, prueban que las cifras de la transacción judicial fueron groseramente abultadas, el gobierno quiere tener al menos la satisfacción de haber hecho lo que procedía y de haber actuado a tiempo. El ministro Hinzpeter y el aparato político confían en que lo que hoy día se ve como un resguardo un tanto exagerado de parte de La Moneda se convierta mañana en una prueba contundente de agudeza, prudencia y visión política. Vaya que está necesitado el equipo político de estos insumos.
Con todo, los informes no van a cerrar el caso. Viene una larga, larguísima, prueba de resistencia judicial en la cual el gobierno, estando claro que no quiere involucrarse, tampoco podrá mirar como mero espectador. No, ni pensar, porque estos hechos, por mucho que hayan venido de antes, ocurrieron ahora y con su gente.
PREGUNTAS PARA EL INSOMNIO
Para quienes lo conocen, para quienes saben de su obsesión por el detalle, este aspecto es seguramente el que más debe dolerle al Presidente de la República. ¿Cuán frecuentes son estas transacciones? ¿En qué otros ministerios o reparticiones se pueden haber estado haciendo? ¿Qué seguridades hay para que estos trastabillones no se repitan? ¿Cuántos buitres están aguardando que un subsecretario salga de vacaciones y un ministro pestañee para que este o aquel decreto pase colado?
Aparte de enervante, esta casuística puede ser muy desgastadora. El problema es que resulta imposible responder esas preguntas sin antes tomarle el peso a la orgánica y al rodaje profundamente anacrónico del Estado chileno.
Al Presidente le deben comer las manos con este tema. Por lejos, los asuntos de gestión son los que más lo apasionan y todo indica que a estas alturas su mayor aspiración como gobernante -puesto que él no cree mucho en la épica y tampoco mucho que digamos en los grandes sueños colectivos- es que los chilenos sientan que durante su administración las cosas se hicieron mejor. A él con eso le basta. No le vengan con relatos ni ocho cuartos. Pero que por favor nadie ponga en duda que administró bien, que fue capaz de mover como nunca antes los engranajes de la administración, que logró lo mismo poniendo menos y que quebró la curva perversa de este Estado que se estaba haciendo cada vez más caro y cada vez más ineficiente.
Puesto que no hay piso político para una verdadera modernización del Estado, cosa que la situación del país está pidiendo a gritos desde hace tiempo, al Presidente no le queda otra que apretar clavijas, extremar controles, exigir triples firmas y cosas por el estilo. Está bien, es lo que hay que hacer. Pero eso conspira contra la rapidez y ralentiza los procesos. Y la suya era subir la velocidad, no bajarla.





Posted by Felipe Andes on April 24, 2011 at 02:07 PM CLT #
Posted by Ernesto on April 24, 2011 at 10:47 PM CLT #
www.cobre-dgarcia.blogspot.com y otras opiniones SILENCIADAS sobre el Tema.
Posted by Damaso Garcia G; on April 24, 2011 at 11:32 PM CLT #