Héctor Soto

El Blog de Héctor Soto

 

Piñera y las bestias negras

Oct. 20 , 2008

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Además de ser responsables de lo que hacen y dejan de hacer, los gobiernos también deben cargar con lo que les toca. Una cosa es lo que quieran ser y otra las bendiciones o maldiciones que les depare el destino. Tal como ocurre con los individuos, los gobiernos también son identidad más circunstancia. En la historia, en la política, nadie tiene la suerte comprada, y aunque podría ser una injusticia que a Bachelet se le cargaran las cuentas que tendrá que pagar el país por efecto de la crisis financiera mundial actualmente en curso, forzoso es reconocer, por otro lado, que sin tener arte ni parte esta misma administración disfrutó de un privilegiado contexto durante casi dos años y medio, gracias al cual -y a la responsabilidad de Hacienda, todo hay que decirlo- el país pudo acumular excedentes que lo dejaron bien preparado para enfrentar los malos tiempos.


Sin embargo, la crisis se hará sentir de todos modos. Golpeará al país y golpeará al gobierno. De hecho, ya llegó. En un año electoral, esto podría transformarse en el portazo final para sacar a la Concertación de La Moneda. Ya bastantes problemas de arrastre traía el oficialismo hasta aquí, habida cuenta del natural desgaste tras cuatro gobiernos consecutivos y del desconcierto de tener que enfrentar una elección presidencial cada vez más inminente, con un dramático vacío de liderazgo.


Ahora La Moneda y la Concertación tienen por delante un horizonte doblemente complicado. En el plano económico, el país crecerá menos, habrá menos plata circulando y mayor fragilidad en los empleos. Y políticamente, el curioso protagonismo del ex Presidente Lagos, que por una parte dice no ser candidato, pero que por la otra impide que alguien lo sea, deja a la Concertación con las manos atadas ante una contienda electoral que, les guste o no les guste a los partidos, ya comenzó. Con una falta de claridad que tiene mucho de insinceridad, Lagos, horquillado tanto por lo que ha dicho como por lo que ha dejado de decir, se ha convertido en una suerte de gran aliado de la candidatura de Piñera al interior de la Concertación. Porque mientras más tiempo se tome el oficialismo en definir su abanderado, más ventajas parece estar sacando la oposición.


Está claro que la estrategia del gobierno y la Concertación para sobrevivir será asociar la candidatura de Sebastián Piñera al neoliberalismo y la codicia. Estas son las dos bestias negras que la izquierda identifica como responsables de la reciente hecatombe financiera mundial. En este sector el deseo de ver al candidato de la Alianza montando esos dos pingos es enorme y la estrategia para instalarlo allí es ideologizar al máximo el debate. La idea en principio no es mala. Claro que para que prenda, tal como bailar tango, se necesitan dos y es difícil que Piñera se preste a esos devaneos especulativos, sobre todo ahora cuando la ciudadanía espera de sus líderes responsabilidad y planteamientos concretos sobre cómo manejar la emergencia.


Súbitamente a muchos sectores de la Concertación les volvió el alma al cuerpo cuando descubrieron que, si las cosas se extreman un poco con buen apoyo retórico, la elección podría plantearse contra Bush y Gordon Gekko. Alguien, claro, debería avisarles que su contendor no es ese. Y que en términos políticos las crisis, aquí y en la quebrada del ají, más que pretextos para sacar pequeñas ventajas del prejuicio, son oportunidades insuperables para discurrir respuestas y soluciones efectivas al daño generado entre la gente por la inestabilidad y la desconfianza. Más que de la astucia, es la hora de las propuestas.



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