Para saltar del tercio a la mayoría
Nov. 16 , 2009
Publicado en Reportajes de La Tercera, 15 de noviembre de 2009
Es la hora de la arremetida final. Si los candidatos ya desde antes de la encuesta CEP andaban nerviosos, ahora los comandos hacen enormes esfuerzos por tirar redes más allá del alcance de sus propios músculos. Nadie está para menudencias ni sintonía fina. Eso tal vez explica que Frei se proclame heredero de Pedro Aguirre Cerda, Frei Montalva y Salvador Allende de un paraguazo. Vaya legado de contradicciones que reivindica. Juntar tinto, aceite y vinagre puede ser indigesto a estas alturas de la elección.
Pero no hay que rasgar vestiduras. Los candidatos necesitan sumar -sumar votos, simpatías, rostros, en lo posible de muy distinta procedencia- y a eso están dedicados. Eso lo saben todos, pero lo sabe un poco menos la derecha, donde sigue siendo fuerte la tentación de pedir currículum, estado de situación y recomendaciones a los que quieran entrar.
Piñera ha estado luchando contra esa rigidez. Tiene que hacerlo. La centroderecha tiene que abandonar la comodidad del tercio para saltar, a través de múltiples alianzas, no siempre muy estables, al esfuerzo del 50% del electorado más un voto. Su desafío es arduo, porque en muchos de quienes lo acompañan no existe una cultura de mayoría. Y si quiere ganar debe imponerla abriendo puertas, cruzando fronteras y acogiendo literalmente a moros y cristianos: gente de la primera hora, pero también de la hora nona; hijos de la convicción lo mismo que de la desilusión; sectores que están en el promedio y grupos que están en la excepción, sea social, étnica o sexual.
Si Piñera, según la encuesta CEP, marca 8,3 en la tabla donde la extrema izquierda es uno y la extrema derecha 10, significa que sigue siendo percibido bien a la derecha. Lo ponen ahí porque es rico, creen algunos. En esa tabla Arrate marca 2,6, Frei 4,3 y Enríquez 4,5. Teniendo en cuenta que el promedio de los encuestados se sitúa en torno al 5,3, podría ser que Piñera esté ante un problema muy serio. Y no pareciera que reunirse con uniformados en retiro le estén, ayudando mucho a resolverlo.
Sin embargo, cuidado con los reduccionismos. Hay dos maneras de mirar ese posicionamiento. Una es que el veto político contra la derecha en Chile permanece y que por eso Piñera no crece. Otra es asumir que no es en puro eje izquierda/derecha donde se planteará la elección. Porque hay otros ejes que también importan y que, en función de la desideologización de la política, están gravitando cada vez más: por ejemplo, elitista-popular, moderno/tradicional, liberal/conservador, continuismo/cambio, optimismo/pesimismo, cercanía/lejanía… Vaya uno a saber cuáles son los que están marcando si Piñera lleva la ventaja que le asignan todas las encuestas. Esto es lo que hace que las elecciones sigan siendo una incógnita, no obstante lo mucho que el siglo XX avanzó en el estudio del comportamiento social. Al final nadie sabe mucho cómo y por qué los países eligen a sus presidentes o mandatarios ni cuáles son las razones que mandan. Mirando hacia atrás, es fácil decir que los chilenos fueron muy racionales y previsibles al emitir su voto en las dos últimas décadas. Pero, puestos a prededir cómo votarán en diciembre y enero, ya nada es tan seguro y claro.
Es lo que ocurre siempre. Obviamente, el pensamiento ilustrado se rebela contra este hermetismo. HL Mencken, tal vez la mejor y más corrosiva pluma del anarquismo iconoclasta norteamericano, escribía a mediados de los años 20 que la democracia era el sistema de gobierno en el cual el pueblo, puesto a elegir entre millones de buenos ciudadanos, incluidos miles que son apuestos y muchos que son inteligentes, terminaba eligiendo a un Calvin Coolidge como jefe de Estado. Eso es lo mismo, decía, que un hambriento, puesto ante un banquete preparado por los mejores cocineros del mundo, prefiera calmar su apetito cazando y comiendo moscas. Que así y todo el sistema sea preferible a cualquier otro, no deja de ser un baño de humildad para la soberbia intelectual de los iluminados que nunca faltan.
Bajo un prisma más dinámico de la política, la pregunta que verdaderamente importa no es dónde tiene que estar el candidato para que le caigan los votos de la mayoría (política según demanda), sino qué es lo que está haciendo hacer para que la mayoría del electorado termine efectivamente votándolo a él (política según oferta). Piñera hasta ahora se ha movido con cautela ante esta disyuntiva. Lo fascina la oferta, pero su adicción a las encuestas lo amarra mucho a la demanda. Sin embargo, pareciera no haberse equivocado en tomar distancia de los partidos. Tampoco lo ha hecho mal hablando una y otra vez de las urgencias -en creación de empleos, en educación, en seguridad- ante el espectáculo de una coalición gubernativa que hace rato optó por administrar lo que había y no lo que debiera haber.





Posted by Braulio on November 16, 2009 at 11:55 AM CLST #
Peligroso pensar como Braulio, ya que siguiendo ese adagio, lo correcto sería haber seguido con el regimen militar lo que personalmente encuentro un desproposito completo.
lo que dice además sobre el candidato es FALSO, credibilidad ante la gente tiene quisás solo ante el no la tiene, pero incluso ante gente que votaba concertación antes la tiene.
el mismo es mas grande que la alianza (aprovación) por lo que el otro argumento cliché tb se cae a pedazos.
Posted by Braulio on November 16, 2009 at 01:14 PM CLST #
Posted by Javier L. R. on November 16, 2009 at 02:42 PM CLST #
Posted by fe sal on November 16, 2009 at 03:53 PM CLST #
Posted by Jose on November 17, 2009 at 11:30 AM CLST #
Posted by Jose on November 17, 2009 at 11:33 AM CLST #