Héctor Soto

El Blog de Héctor Soto

 

¿Para que sirven los festivales de cine?

Aug. 28 , 2010

1 Comments

Publicado en La Tercera, 28 de agosto de 2010

Es muy sano desde la perspectiva emocional e intelectual tener acceso a otros estándares, bastante más exigentes que los que maneja la cartelera cinematográfica regular.

¿Sirven sólo para que los cinéfilos tengan seis días de fiesta y vean películas que el resto del público no podrá ver? Tal es precisamente la mirada reduccionista sobre los festivales. Desde luego que se trata de un error, teniendo en cuenta, de partida, que en el caso de Sanfic la convocatoria se está haciendo cada vez más amplia. Pero al margen de eso, estos encuentros entregan oportunidades para forjar redes, establecer contactos y hacernos saber que no todo está perdido en el cine mundial. Permiten también establecer estándares bastante más exigentes en comparación a los que maneja la cartelera. Esto es muy sano emocional e intelectualmente, porque paradójicamente, sobre todo en los últimos años, mientras más se ha globalizado el país, más provinciana se ha vuelto la oferta fílmica del circuito regular.

De una programación fascinante y que reunió arriba de 120 títulos, hubo dos películas colosales en Sanfic 6. La norteamericana Putty Hill, de Matt Porterfiel, que habla de la muerte de un chico por sobredosis de heroína a través de los testimonios de sus familiares y amigos en los días previos a su funeral. Curiosamente, mientras más los escuchamos a ellos, más sabemos de los Estados Unidos y menos sabemos del difunto. Filmada en una pequeña comunidad de Baltimore, esta notable cinta digital es emocionalmente devastadora. Sumerge al espectador, por así decirlo, en aguas muy profundas, para rescatar las que podrían ser las últimas imágenes del hundimiento de la familia en los EEUU. Su director, que tiene 33 años, filmó la cinta mientras estaba de vacaciones el verano pasado, porque él se gana la vida haciendo talleres en una universidad. Putty Hill tiene algo de El francotirador y en sus imágenes flota una sensación de derrota que ya no puede ser atribuida a Vietnam. El único problema es que la realización compartió el primer lugar con Alamar, una cinta mexicana tan agradable como liviana y tramposa, lo cual es tanto un honor como un descrédito.

Fuera de competencia y en una muestra paralela del festival, se presentó el largometraje portugués Morrer como um homem, de Joao Pedro Rodrigues. ¡Qué obra impresionante! Una especie de Fassbinder revisitado de la mano de Max Ophüls y Vincent Minelli. Fue otro golpe a la cátedra, pero desde un frente enteramente distinto. Esta no es una pequeña película filmada en las trincheras de combate del cine digital sino una película ambiciosa, delirante, compleja, estilizada y de una concepción más bien expresionista. La cinta, que obtuvo un reconocimiento en el Festival de Venecia hace dos años, es un resuelto melodrama que se hace cargo de las relaciones entre un travesti en decadencia y un joven temperamental, dado a los excesos y al borde de la disociación. A pesar de la historia, este no es el tratado del patetismo y la degradación humana que cualquiera hubiera temido, entre otras razones, porque aquí hay un director que, además de tener sentido de la puesta en escena, sabe proteger a sus personajes.

Sanfic 6 también sirvió para comprobar que (por más que a las capillas no les guste) el buen cine no tiene apellidos. Puede haberlo en la tradición más estetizante y constructivista, como es el caso de la cinta portuguesa, y puede haberlo en el registro más contemplativo y minimalista, como es el caso, por ejemplo, de la película argentina Los labios, codirigida por Santiago Loza e Iván Fund. Una preciosura: la historia de tres mujeres (asistentes sociales y quizá médico una de ellas) que van a una zona rural para realizar trabajos de contención y seguimiento de familias pobres. Fuera de eso no hay mucha historia. Pero aquí, a diferencia de lo que ocurre en las malas películas contemplativas, sí suceden cosas y suceden dentro del plano. Tal es la prueba de fuego de todo buen cine y en esto nada nuevo hay bajo el sol: en Putty Hill, en Morrer como um homem y en Los labios, acontece la verdad. Pero acontece, como sucede en las grandes películas, como si fuera por primera vez.



Comments:

Interesante.

Posted by gilda on August 29, 2010 at 01:21 AM CLT #

Post a Comment:
  • Quedan 500 caracteres

  • HTML Syntax: NOT allowed

Enlaces

Feeds