Héctor Soto

El Blog de Héctor Soto

 

Noche de aplausos y emociones

Dec. 19 , 2010

3 Comments

Publicado por La Tercera, 19 de diciembre de 2010

Si la Concertación tenía dos almas, entonces la Alianza tiene tres cuerpos: los partidos, el empresariado y los centros de estudios. Conviene tenerlo presente, porque se trata de mundos más o menos autónomos y no siempre convergentes. Es más: el lenguaje que se habla en cada uno de estos ámbitos suele ser muy distinto. Los empresarios, si hacen un esfuerzo, entienden a los tecnócratas. Pero rara vez logran descifrar lo que andan diciendo los políticos.

El jueves pasado, cuando Libertad y Desarrollo celebró sus 20 años, no faltó nadie del sector al encuentro y la noche tuvo mucho de plenitud. Por supuesto, la celebración es distinta cuando se está en el gobierno que cuando hay que mirar solo de lejos el poder. Aparte de un grupo de invitados distinguidos -partiendo por Vargas Llosa, el flamante Premio Nobel de Literatura, además de los ex presidentes Alvaro Uribe, Jorge Quiroga y José María Aznar-, entre los asistentes estaba el Presidente de la República y casi todos sus ministros. Con Canción Nacional de apertura, interpretada por dos notables solistas, pero acompañados a voz en cuello por Piñera y Carlos Cáceres, según se veía en las imágenes que se proyectaban en los muros de Espacio Riesco, el clima era de triunfo y satisfacción.

El instituto nació en 1990, cuando, a raíz de la transición política, el sector visualizaba fuertes nubarrones en el horizonte económico. Hasta la propia continuidad del modelo entonces se veía en riesgo. La probabilidad de que la Concertación hiciera lo que había prometido que iba a hacer -cambiar el esquema económico, revisar las privatizaciones o reestudiar la legislación laboral, entre otras variables- era alta y en vísperas de la restauración democrática, la promesa generaba explicable temor entre los empresarios.

Pocos hubieran dicho que la laucha o el tigre -póngasele el nombre que quiera- iba a saltar para otro lado. Porque nunca se produjo la anunciada ruptura. En contra de lo esperado, el ministro Alejandro Foxley no sólo se la jugó por la continuidad del modelo, sino también por profundizarlo, que es lo que hizo cuando decidió seguir reduciendo las barreras arancelarias que había dejado el gobierno militar.

Probablemente, en ese momento se despejó la duda en cuanto al rol que LyD tendría que asumir. Como partido de la lluvia, no se iba a ver obligado a tener que operar en la república de la aridez. Pero tendría que hacerlo en la república de la humedad. Aunque el contexto fuese menos épico, igual el instituto se sintió llamado a fijar los estándares, asumiendo que estas pautas iban a ser valiosas para cuando gentes de la Concertación muy poco ortodoxas pasaran a administrar un modelo que -en la mente, en la piel y en los oídos- a ellos les seguiría generando duda, irritación y ruido.

Eso es lo que, básicamente, LyD ha hecho en estas dos décadas. Resguardar la integridad del legado, establecer los rumbos por los cuales el país debiera seguir avanzando, nutrir la agenda de contenidos de la centroderecha y meterse en la sintonía fina de la discusión parlamentaria. Si alguien pensó que ese rol iba a cambiar mucho cuando la Alianza entrara al gobierno, por lo visto se equivocó. Varias veces durante la actual administración algunos observadores señalaron que la verdadera oposición al gobierno estaba en LyD. Ciertamente, es una exageración plantearlo así. Pero algo de eso hay, porque para el instituto lo único que cuenta son las políticas públicas y sus investigadores dan por hecho que en estas materias, cualquiera se puede equivocar. LyD, ahora bajo la conducción de Luis Larraín, objetó el alza de impuestos para financiar la reconstrucción y se opuso terminantemente a modificar el royalty.

Puesto que la centroderecha es un bloque político muy sensible a los ritos y muy fijado en las maneras, la cena del jueves volvió a sacar a flote rasgos que siempre han estado presentes en la Alianza. El más evidente era el culto por las tecnocracias. Si en la Concertación ya es un viejo hábito que se discuta en qué momento los políticos deben cederle la palabra a los técnicos para que el barco no se hunda, en la centroderecha la polémica es la misma, pero a la inversa. Porque aquí la controversia es cuándo los tecnócratas deben cederles las riendas a los políticos para que el animal no se desboque. El rating en la derecha, ahora más que nunca, está dominado por los tecnócratas. A los políticos se les acoge como  mal necesario y se les oye por excepción.

Por lo mismo, no tiene nada de raro que el aplausómetro reflejara esa noche esas emociones y estas prioridades. Aparte del prolongado aplauso que agradeció la presencia de Vargas Llosa -aplauso de pie, sostenido y demorado-, nadie arrancó vítores más entusiastas que Hernán Büchi. Es cierto que se trata de la más emblemática figura de la casa, pero Büchi sigue siendo, sobre todo para el empresariado, aparte del dirigente más querido y respetado, el Moisés que administra las tablas de la ley y las verdades del desarrollo. En ese mundo, nadie tiene una credibilidad superior a la suya. En ese mundo -jerarquizado, distinto y muy lejano a lo que pueda sentir la calle-, la voz de la actual directora de Presupuesto, Rosanna Costa, puede ser casi la de una rock star y la trayectoria de Cristián Larroulet, quien estuvo dos décadas detrás del timón del instituto articulando acuerdos, preparando papers, unificando puntos de vista y manteniendo viva la fe en que la centroderecha algún día podría ganar, es percibida como una tremenda lección de heroísmo cívico. Era de rigor que el ministro Larroulet -aplaudido y felicitado como el mayor aporte del instituto al actual gabinete- se llevara el premio de la noche.

Quedó claro que la relación de esa audiencia con Piñera es distinta. El Presidente sin duda que es respetado en el sector. Al fin y al cabo, es hasta hoy la única figura de la centroderecha que logró remontar el discurso del tercio y convertir al sector en mayoría. Pero no le creen mucho ni lo quieren tanto. Los empresarios pueden llegar a aullar de satisfacción, adrenalina y asombro intelectual cuando escuchan a Piñera cruzar cifras con porcentajes, dotaciones con programas o coeficientes con curvas, pero conectan poco con él cuando habla de política o divaga.
Como el Presidente habló sin mucho eje ni convicción durante unos 40 minutos, nadie se sintió muy tocado. Piñera vino a reencontrarse con la brújula sólo en la parte final de su intervención, cuando se refirió a las siete reformas que su gobierno impulsará el próximo año. Muchos de los asistentes -y ahí había gente memoriosa- recordaron las siete modernizaciones que perfiló su hermano José para el gobierno militar, el año 1979. Pero ciertamente, el contexto era otro.

No fue un momento para grandes discursos. Fue una noche de gratitudes y emociones asociadas a los líderes y próceres de LyD. ¿Quién dijo que la centroderecha no tenía corazón? 



Comments:

Bueno el análisis con excepción del uso del eufemismo "centro derecha". La centro derecha no existe en Chile. En Chile hay derecha y extrema derecha nada más. El uso de "centro derecha" para referirse a los partidos de derecha es simplemente un volador de luces para tratar de engañar a la ciudadanía. Aunque el columnista no se refiere a eso, lo mismo se trata de hacer con lo de "nueva derecha". Nada ha cambiado son los mismos lobos de siempre sólo que con los dientes más afilados.

Posted by Enrique Diaz Morales on December 19, 2010 at 01:16 PM CLST #

Si la centro derecha tuviera corazón, se respetaría a los trabajadores con sueldos dignos y la iglesia no hubiese hablado de remuneraciones éticas. Ellos solo se sobrecogen cuando alguien como Buchi les dice lo que tiene que hacer para redoblar sus ganancias.

Posted by remigio Valencia on December 19, 2010 at 04:29 PM CLST #

Excelente análisis. Los comentarios anteriores son impropios, sim embargo. ¿Qué buscan sus autores, analisis o propaganda panfletaria? Lástima...

Posted by f.carlos on December 19, 2010 at 10:03 PM CLST #

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