La vida de los peces: Momentos
Jun. 19 , 2010
Publicado en La Tercera, 19 de junio de 2010
Hay un fragmento glorioso en La vida de los peces. Ocurre casi al final, cuando Andrés y Beatriz -que se han reencontrado diez años después de la ruptura y de haber vivido todo este tiempo con la sensación de no haberse jugado como debieron por el sentimiento que los unió- deciden retirarse del cumpleaños donde ambos confluyeron. Están en el segundo piso de la casa y bajan con la resuelta decisión de irse a otro lado. Caminan, se apoyan en la baranda de la escala y se tocan no muy casualmente con las manos. Es nada. Pero es todo. Es el primer contacto físico que tienen en la cinta y en realidad es el único que van a tener. El momento es tan intenso que pareciera salirse literalmente de la pantalla. La última cinta de Matías Bize es un raro ejemplo de autocontrol. No estamos muy acostumbrados a que con tan poco se diga tanto. Si algo ha quedado en claro a esas alturas en el relato es que Andrés y Beatriz simulan relacionarse con distancia, formalidad y decoro luego de no haberse visto durante largo tiempo. Pero una hora después del encuentro ya no cabe ninguna duda de que ambos están instalados en el cráter de un volcán -un volcán de química, de deseo, de culpa, de errores compartidos, de frustraciones recíprocas- que podría estallar en cualquier momento. Toda esa corriente converge ahí: en el contacto casi distraído de los amantes al coincidir una mano sobre otra. Máxima interioridad, mínima exterioridad. Tratándose de una película del mismo cineasta cuya segunda realización -En la cama- funcionaba al revés, porque la pareja primero compartía su desnudez en un lecho y después, mucho después, venía a descubrir que eran capaces de reconocer los sentimientos que podían unirlos, esta correlación entre mínimo y máximo se inscribe entre las tensiones mejor logradas de la cinta. Y la coloca en un nicho de delicadeza, densidad y finura que es poco frecuente no ya en el cine chileno sino también en los promedios de la producción mundial.
Los planos del descenso por la escala podían recordar muchas imágenes aparentemente anodinas, de conductas en principio muy leves o triviales, pero que encerraban desgarros interiores constitutivos de enormes tragedias. La gracia es que para hacer patente esa dimensión trágica el director no necesitó rasgar vestiduras de puesta en escena, ni acoplar violines llorones ni exigirle a las actores que se tiraran al suelo para demostrar lo descompensados que estaban. Tampoco requirió declarar en estado de emergencia la mesa de efectos especiales o la sala de montaje. Cada espectador tiene grabada en la memoria secuencias así. O de efecto parecido. Recuerdo el rostro impasible de Bette Davis en La loba -quieta, impía, asesina por omisión- mientras su esposo infartado se arrastra atrás por el borde la pantalla tratando de alcanzar el segundo piso, donde está el fármaco que podría aliviarlo. O el final de Barry Lyndon, con una Marisa Berenson imperturbable, maquillada y hierática firmando rutinariamente -como si quisiera engañar a su propia fatalidad-los papeles de su ruina patrimonial y afectiva. O también la púdica seña de despedida de la abuela de los Finzi-Contini, en la película de Vittorio de Sica, cuando la policía llegaba a detener a la familia y ella hacía ese gesto delicado -cándido, sin duda que angélico- totalmente incoherente con la sensación de horror que tenía el espectador al saber que ni a ella ni a los suyos los volveríamos a ver nunca más. El cine nunca pareciera ser más cine que cuando lo vacían de su parafernalia de los recursos más "cinematográficos".
El cine chileno puede crecer hacia fuera. Pero también tiene mucho que crecer hacia adentro, en términos de depuración. En eso radica el proyecto de Bize y de ahí viene no sólo su legitimidad. También sus destellos y su fulgor.





Posted by Susy on June 19, 2010 at 11:56 AM CLT #
Posted by Susy on June 19, 2010 at 12:01 PM CLT #
Posted by Andrea on June 19, 2010 at 01:14 PM CLT #
"Maxima interioridad y minima exterioridad"
Felicitaciones
Posted by Mariana on June 19, 2010 at 04:51 PM CLT #
Se agradece un crítico que no claudica ante la levedad del relato cinematrográfico en la industria del cine actual. Bize tiene talento. Esperemos que este (sus dos primeros filmes) sea el comienzo.
Posted by Antonio on June 19, 2010 at 05:56 PM CLT #
Andres y Beatriz son eternos y Bize se encargó brillantemente de registrarlo por la pelicula, más que la histroia de un pasado , es la histroia de un futuro.Aunque no vuelvan a verse nunca más.
Posted by leonardo gaggero on June 19, 2010 at 08:30 PM CLT #
Posted by Martina on June 19, 2010 at 10:03 PM CLT #
Posted by Marcela on June 19, 2010 at 10:36 PM CLT #
Posted by Marcela on June 19, 2010 at 10:41 PM CLT #
Posted by pablo on June 20, 2010 at 01:12 PM CLT #
Una vez mas don Hector, leo algo muy bueno escrito por usted.
Posted by Felipe Andres on June 20, 2010 at 02:30 PM CLT #
Posted by gamalier on June 20, 2010 at 05:42 PM CLT #
Posted by carlos on June 20, 2010 at 08:02 PM CLT #