Lo único que falta es comenzar
Feb. 14 , 2010
Publicado en Reportajes de La Tercera, 14 de febrero de 2010
Tras el anuncio, sólo dos tormentas quedaron en el vaso de agua: la falta de diversidad del equipo -¿qué importa? y la falta de peso político. A lo mejor no se necesitan pesos pesados. El de Piñera no será un gobierno fundacional. Piñera no es Mrs. Thatcher.
Fue una semana de sorpresas y reacciones. El Presidente electo tuvo bastante libertad para elegir -de hecho, más que cualquier otro mandatario en la historia reciente del país- y la ciudadanía tuvo también amplia libertad para opinar. Son singulares los tiras y afloja en este plano. Lo más importante en el sistema presidencial es que el mandatario elija colaboradores que sean de su confianza y de su gusto. No obstante eso, el rating que los elegidos tengan en la opinión pública no es un factor menor.
En general, el balance fue positivo. La discusión sobre los conflictos de interés era predecible, porque el propio Presidente viene de ahí y a la centroderecha en este tema se le pone más arriba la valla. Y por otro lado, las únicas dos tormentas en el vaso de agua del anuncio -la falta de diversidad social y de peso político del conjunto- tienen sus días contados. Que los nuevos ministros sean demasiado iguales en principio da lo mismo: lo que verdaderamente importa es que trabajen para todos los chilenos, y especialmente para los más desvalidos. Eso se verá en su momento. Y que falte peso en el equipo es un asunto que se va a confirmar o desmentir una vez que el gabinete se ponga a trabajar. Todo lo que se pueda decir antes es respetable, pero especulativo. Son puras impresiones. Es cierto que aquí no se ven figuras "pata pesada", como Edmundo Pérez Yoma en el gobierno actual o José Miguel Insulza en el anterior. Eso tenía su lógica. Cuando la diversidad es mucha, cuando los gabinetes convocan una fauna muy diversa, los contrapesos son indispensables.
Por lo mismo, podría ocurrir que esta vez el diseño sea distinto. Piñera gobernará con una coalición mucho menos diversa, mucho menos gastada y también mucho menos dividida. Así las cosas, es perfectamente posible que lo que la Concertación tuvo que invertir en arqueros, en contención y en tanques -que no fue poco- pueda destinarse a energía para aumentar la velocidad crucero en la nueva administración.
Hay además otra dimensión en juego. A lo mejor no se necesita la artillería pesada. El de Piñera no será un gobierno fundacional. No llega al poder con un proyecto ideológico duro ni con una gran carga de convicciones. Piñera no es Mrs. Thatcher. Al contrario, es bien pragmático. El proyecto que anunció en su campaña -para qué estamos con cosas- fue continuismo y mayor eficiencia. Y qué duda cabe que hacia allá van a estar orientados los énfasis. Entonces, a hacer las cosas mejor se ha dicho. Por sí sola, la eficiencia a lo mejor es una "rasquería" como proyecto político. Pero una acción pública que descuide las variables de la productividad y de los resultados, a la larga se vuelve siempre inoperante, y la sospecha de la centroderecha es que mucho de esto le ha estado ocurriendo al país en los últimos dos gobiernos de la Concertación. Ha llegado ahora el momento de demostrarlo.
Hay otra función que será clave en el tipo de gobierno que encabezará Piñera: la de gestación de acuerdos. Es algo que necesita hacer, mucho más allá de la retórica del discurso de la unidad nacional. Desde que a Michelle Bachelet le duró poco la mayoría parlamentaria con que comenzó a gobernar, al parecer, en adelante los gobiernos tendrán que negociar caso a caso sus iniciativas y proyectos. Y eso parece no ser tan malo. La experiencia prueba que se pueden lograr cosas impensadas. No es necesario que nos remontemos a Aylwin. En este mismo gobierno, en principio, nadie daba un peso por lo que hizo, por ejemplo, Viera-Gallo sacando adelante la legislación que permitió a Chile el ingreso a la Ocde. Y ahí está. Por supuesto que es una labor de orfebrería política que requiere principio, paciencia y un buen rayado de cancha. Requiere también aceptar que con frecuencia lo mejor es enemigo de lo bueno. No es malo negociar.
No es malo tampoco que los mandatarios le pidan a Dios que los cuiden de sus amigos; de los adversarios pueden cuidarse ellos.
Con todo, no hay que perder de vista que el puro hecho de hacer las cosas mejor no alcanza por sí mismo para marcar la diferencia en la historia. Sólo califican en este plano los gobiernos que son capaces de instalar un relato, un sueño, una moral de servicio público por algo y para algo. Es ahí donde se va a dirimir la contienda y donde la centroderecha tiene ahora la ocasión de ofrecer un inesperado testimonio. Piñera arriesgó poco en el frente de las convicciones y los ideales; hizo una campaña muy basada en las encuestas que, gústenos o no, estuvo bien, porque por último, "el éxito no necesita explicaciones y el fracaso no las admite". Quizás cuando más lejos llegó fue cuando dijo que su gobierno iba a celebrar más por los chilenos que salían de las redes de la protección social del Estado que por los que entraban. Habría que seguir trabajando en esa dirección. Según dejan entrever estudios electorales recientes, al parecer, hay un nuevo Chile ansioso por escuchar un discurso convincente sobre la república de las oportunidades. La gente quiere saber más de oportunidades nuevas, libres, diversas y no formateadas. Y quiere saber más de lo que viene, porque intuye que podría convenirle.





Posted by Fantomas on February 14, 2010 at 12:47 PM CLST #
atte.
RNH
Posted by rnh on February 14, 2010 at 01:41 PM CLST #
Posted by Cristian on February 14, 2010 at 04:41 PM CLST #
Posted by sergio enrique on February 14, 2010 at 08:51 PM CLST #
Posted by Aníbal Riomayor on February 14, 2010 at 09:28 PM CLST #
Posted by rodrigo on February 15, 2010 at 03:02 AM CLST #
Posted by Herman Aguirre Ayala on February 15, 2010 at 09:35 AM CLST #
Posted by Consuelo on February 16, 2010 at 01:03 AM CLST #