La recomposición
Aug. 27 , 2011
Publicado por La Tercera, 27 de agosto de 2011
¿Qué cómo se sale de este atasco ciudadano e institucional? Hay varias maneras de responder a este pregunta. La más certera aunque cándida es decir que se sale con voluntad. Voluntad del gobierno y de la oposición, desde luego, pero también de la dirigencia de los movimientos sociales, la que no va a ser fácil conseguir dada la fragilidad de los liderazgos que ahí se han instalado.
Pero, tranquilos, no todo son problemas. Para algo a fin de cuentas sirvela pedagogía del fracaso. Sobre el tema el gobierno ya tiene experiencia como para dar, prestar y regalar. Pero, además, esta semana la Concertación aprendió que no cualquier micro le sirve a sus propósitos y, por primera vez desde que estalló el conflicto, los estudiantes entendieron que su movimiento tenía límites.
Aunque sería un error sobredimensionar la crisis que el país ha estado viviendo en las últimas semanas -que es lo que han estado haciendo los medios, como si el país se circunscribiera únicamente al Campus Macul y a la esquina de Alameda con Teatinos- tampoco el problema puede ser subestimado. Lo importante, en todo caso, es solucionarlo y hacerlo sin arriesgar lo mucho que el país ha conseguido en los últimos 25 años.
La misma transición política que tan poca presentación tiene hoy día en muchos círculos fue la que le permitió a Chile multiplicar por cuatro el producto nacional, sacar a millones de compatriotas de la pobreza e instalar en el centro de las decisiones nacionales -allí donde antes estuvieron los militares y luego los poderes fácticos con la elite concertacionista- a esta clase media acogotada y expandida que, a partir del conflicto con los estudiantes, ahora ha puesto al gobierno contra las cuerdas.
Para arriba, no para abajo
Lo que hay que hacer en adelante es de aquí para arriba, no para abajo. Chile no puede darse el lujo de desandar lo que se avanzó. Para eso ciertamente es fundamental que la Concertación pueda reivindicar con sentimiento de orgullo su obra. Si persiste en la actitud de negación y vergüenza en que ha estado ahora último, desde luego va a ser difícil que la estantería no se venga abajo. Entre otras razones, porque esta fue una obra suya y del modelo. Y si hay gobierno que no tiene espaldas para sostener por sí solo tal andamiaje, ése precisamente es éste. El 26% de respaldo ciudadano apenas le da para respirar.
Del actual pantano también se sale haciendo política. Es lo que el gobierno no quiso hacer cuando entró a La Moneda y es lo que la Concertación tampoco ha querido ni ha podido realizar en su confusión. El gran error del Presidente Piñera y su ministro del Interior fue creer que los problemas de Chile eran de gestión y que el asunto se solucionaba incorporando al gabinete unos cuantos ejecutivos macanudos, inteligentes por supuesto, formados todos en la Católica y con mucho posgrado en Estados Unidos. Al gobierno le costó año y medio darse cuenta de que ese esquema no funcionó, que el país era más complejo que eso y que las eficiencias de caja, por importantes que sean, valen nada comparadas con los vacíos y demandas que va dejando a su paso la transformación de la sociedad.
Ahora la política, la vieja y denostada política, tiene que volver. Se supone que tras el cambio de gabinete el gobierno ha estado tratando de ordenar sus filas y su propia casa. Está bien: por ahí tenía que comenzar. Pero a partir de la próxima semana, a su turno, la oposición, disipado ya el cuco del paro de esta semana y recuperada de la embriaguez a que la condujo la utopía de calle inflamada, debería volver a tomarles el peso a sus responsabilidades. Pasó el momento de las fugas infantilistas y tupamaras. Es impresentable seguir dando palos de ciego y abrazando proyectos que no son el suyo. Correspondería que ahora la Concertación se ponga de acuerdo en algunos puntos básicos, al menos para empezar a producir acuerdos que fuercen al mejoramiento de la representatividad del sistema político, al emparejamiento de la cancha social, a la descompresión de las asfixias de la clase media y a la solución de los temas que siguen pendientes en educación.
Otro ciclo
Con eso, quizás, el país podría salir de nuevo a flote. Pero por poco tiempo. La verdad es que se va a requerir de bastante más. Ahora se ve claro que lo que concluyó con el estallido de la crisis de la educación fue un ciclo político fundado en un consenso -el consenso de la transición- que en los hechos ya se agotó. El sistema no da para mucho más. El país tendrá que pasar entonces a otra fase, poniéndose de acuerdo quizás en nuevos rayados de cancha. Por cierto que no va a ser fácil concordar las agendas. Hacía mucho tiempo que el escenario político no estaba tan polarizado. Hay que hacer, sin embargo, el esfuerzo de conversar y negociar, porque es la única manera en que la clase política -sea de gobierno o de oposición, opere en el sector formal o en los dominios de la política extraparlamentaria- pueda recuperar su iniciativa y su credibilidad.
Otro punto: de esta crisis no se sale saltándonos las instituciones. Modernicémoslas, abrámoslas, reformémoslas, saneémoslas y todo lo que se quiera. Es cuestión de escoba y plumero o, de ser necesario, de picota y cincel. Pero hay que dejarlas funcionar. Aun si las instituciones no son gran cosa, qué diablos, es lo único que tenemos. De todas las confusiones que se han oído en los últimos meses, tal vez la más descaminada es la que, junto con ningunearlas, exhorta a que las instituciones no funcionen, a que las mesas de diálogo no se reúnan, a que las conversaciones no se articulen. Es un tremendo error: Chile debiera saber que las vías de hecho no le convienen a nadie. Al menos no a los que -bravuconerías aparte- son los más débiles.
Olvídense de volver al país del ciclo que terminó. Ahora viene otro que, tal como decía un agudo analista esta semana, tendrá que transar cuotas de menor estabilidad política por mayor estabilidad social. Ojo, el protagonismo que adquirió la clase media en esta pasada -la clase media, mucho más que los estudiantes- es un fenómeno que llegó para quedarse. Lo que son las cosas: en contra de lo que anticipó la ortodoxia marxista, el sistema comenzó a perder aceite no por el proletariado ni por la bronca de las poblaciones periféricas. La revuelta vino de sectores medios muy autónomos que, presionados por el endeudamiento e hipersensibilizados por el abuso, advierten que en estas condiciones ellos no están dispuestos a jugar.
¿Por dónde comenzará la recomposición? Por donde sea. Da lo mismo. La pregunta compleja no es esa, sino quién se atreve al primer paso. El asunto tiene sus riesgos. Anticiparse puede ser quemarse. Y retrasarse puede significar, ni más ni menos, quedar fuera de la mesa. Muévanse, señores: el tiempo corre.





Posted by Jorge Lizama León on August 27, 2011 at 01:10 PM CLT #
Posted by Hector Oyarce on August 27, 2011 at 01:13 PM CLT #
Posted by Rod on August 27, 2011 at 01:28 PM CLT #
Posted by alejandro on August 27, 2011 at 02:53 PM CLT #
Posted by Clase chilena on August 27, 2011 at 03:43 PM CLT #
gobierno, debe hacerse sobre la base de un ofrecimiento de soluciones concretas a las pricipales demandas : educacion publica gratuita y de calidad, reforma tributaria, aumentando los impuestos a las empresas y el termino del binominal.
Posted by rofebac on August 27, 2011 at 04:31 PM CLT #
Posted by Wilberio Mardones on August 27, 2011 at 04:47 PM CLT #
Posted by Páralos on August 27, 2011 at 05:09 PM CLT #
Posted by Oscar Inzunza on August 27, 2011 at 08:38 PM CLT #
El Estado deberá hacerse cargo de la Educación -el motor de las peticiones- pero más allá de las platas invertidas, sino que también en su rol. En este momento, lo público SÓLO se ve como poco rentable.
Saludos cordiales.
Posted by Manuel Toledo-Campos on August 28, 2011 at 02:24 AM CLT #