La prensa y las cuentas del pasado
Nov. 10 , 2008
La película más aguardada del Fidoc 2008, el Festival Internacional de Documentales, El diario de Agustín, dirigida por Ignacio Agüero, le pone pólvora al cine chileno al analizar el peso de El Mercurio y de la familia Edwards en nuestra historia. La cinta se centra en la actuación del diario en la época de la reforma universitaria y en la cobertura de algunos episodios durante el régimen militar que, tras fachadas equívocas, configuraban burdas violaciones a los derechos humanos.
En su planteamiento más de fondo, la cinta acoge la interpretación del sociólogo Manuel Antonio Garretón, actor importante de la reforma en la U. Católica: El Mercurio fue radicalizado hasta tal punto su oposición al proceso de cambios en los años 60 y al gobierno de Salvador Allende que la incondicionalidad con que apoyó al gobierno militar lo llevó incluso a respaldar las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante ese período.
En rigor, la ciudadanía tiene en gran medida internalizado ese planteamiento, y no sólo respecto de El Mercurio. También respecto del resto de la prensa que siguió circulando tras el golpe, aunque a ese diario se le asign una cuenta mayor dado que en esa época era más poderoso que ahora.
Para nadie es un misterio que los conflictos y divisiones que se vivieron por esa época fueron tan irreductibles y profundos que sólo dimensionando este factor es posible entender mucho de lo que ocurrió antes del golpe y también lo mucho que ocurrió después. Precisamente por eso, el desempeño de casi todas las instituciones del país en ese período -el Poder Judicial, la prensa, los gremios empresariales, los partidos de derecha, entre otros actores- fue muy poco heroico y terminó haciéndose parte sin grandes miramientos del triunfo de un bando sobre el otro. La gran excepción, como conjunto, fue la Iglesia. El resto prefirió cerrar los ojos.
En esto consistió nuestra tragedia política: luego de haber sido un país que sabía manejar más o menos bien sus diferencias, terminamos convertidos, por la lógica del extremismo, en una nación dispuesta a negar y reprimir las diferencias.
El eje del documental es la investigación de tesis de un grupo de estudiantes de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile sobre el papel de El Mercurio en el gobierno de Pinochet, concretamente a luz de tres episodios: la Operación Colombo del año 75, que encubrió el asesinato de 119 personas, el asesinato de Marta Ugarte al año siguiente, militante comunista cuyo cadáver apareció en una playa después de haber sido detenida y asesinada y la publicación en 1987 de una fotografía, trucada por la CNI, de dos militantes comunistas inculpados de participar en los incidentes durante la misa del papa Juan Pablo II en el Parque O'Higgins.
En los tres casos el diario fue utilizado por los servicios de seguridad para encubrir violaciones a los derechos humanos, pese a que había fundados motivos para no validar esas versiones oficiales.
Muy en la línea del acoso a sus interlocutores que utilizó Michael Moore en Roger & Me y en Bowling for Columbine, el documental da cuenta de intentos de entrevistas con los ex directores de El Mercurio, Arturo Fontaine y Juan Pablo Illanes. Si bien el primero alcanza a hablar más que el segundo, la declaración más cruda del "espíritu de la época", por decirlo así, no proviene de ellos sino de un ex asesor de la Junta Militar, Alvaro Puga, que firmaba sus columnas como Alexis.
La cinta se cierra con un fragmento de la entrevista que TVN le hizo a Agustín Edwards tras el secuestro de su hijo Cristián, en la cual la periodista le pregunta lo que significó para él haber perdido durante meses a su hijo y lo que debe significar para los familiares afectados la pérdida de los detenidos desaparecidos. En función de su respuesta, es probable que Edwards no haya entendido la pregunta.
El documental es directo y seco. Lo mejor: no tiene música incidental y tampoco locución en off. Lo decepcionante: que califique más como reportaje periodístico que como un gran documental. Para eso se requería posiblemente más contextualización, más miradas, más imágenes hablando por sí mismas, más vuelo y más silencios. Pero la película logró testimonios interesantes. Aparte de los de Garretón y Puga, revisten especial interés los de Raquel Correa, Francisco Javier Cuadra y Jaime Esponda.
Aunque los diarios se renuevan todos los días, en verdad nunca parten de cero. La trayectoria cuenta y a veces puede contar mucho. Por lo mismo, aunque los periodistas sepamos que ya al día siguiente los diarios están añejos, nunca deberíamos descartar que años después puedan volver a ser noticia.





Posted by Feña on December 12, 2008 at 04:33 PM CLST #