Campaña presidencial: La hora de los golpes bajos
Mar. 10 , 2009
Los que saben, los que anticipan lo que viene, porque ven debajo del agua, dicen con cara de vampiros que la próxima campaña presidencial va a ser dura. Pero lo que quieren decir no es eso, sino que va a ser sucia, como probablemente nunca lo ha sido en Chile una competencia desde que regresó la democracia.
Ante un escenario así pasa a tener sentido evaluar a los candidatos desde el doble prisma de los golpes que estén en condiciones de dar y de los que puedan recibir. Todo va a depender de los ejes en que se termine dando la contienda. En principio, en este juego no hay ni candidatos blindados ni descalificados de antemano. Según sea el terreno donde se centre el debate, con seguridad uno quedará mejor parado que el otro. La Concertación tratará de que la elección sea un dilema entre protección y desamparo: protección, que es lo que los chilenos necesitan ante la crisis y que es lo que el oficialismo podría garantizar mejor que la Alianza, versus el desamparo que significaría Piñera, por los énfasis que la derecha siempre ha colocado en el mercado en desmedro de la idea del Estado protector. Sebastián Piñera, a su turno, intentará situar la elección como una encrucijada entre la continuidad de una Concertación que se ha ido desgastandose en el tiempo, cosa que es perceptible en el plano de las ideas y los proyectos, del empuje y los valores, y la posibilidad de generar un cambio capaz de airear el palacio de gobierno y los ministerios con gente nueva, distinta y sin mayores compromisos con las trenzas de operadores que desde el 90 hasta acá no han estado un solo día fuera de la planilla fiscal.
No obstante asumir que la coalición que logre llevar el debate a su propio terreno será la que elija al próximo Presidente, de todos modos caben algunas observaciones.
1. La vehemencia de la campaña dependerá menos de la voluntad de Frei y Piñera que del riesgo que visualice la Concertación de perder el poder tras cuatro gobiernos consecutivos. En principio, ambos candidatos están muy lejos de responder al perfil del político belicoso o virulento. Otra cosa es lo que pueda ocurrir con sus respectivos entornos. Nunca faltan los cabeza-calientes en los comandos y la idea de pulverizar al adversario antes de que los cómputos lo puedan pulverizar es tentadora, sobre todo cuando llega la hora del lobo, cuando la bestia del poder aúlla, sea porque con poco se pueda perder, sea porque con menos se pueda ganar.
2. Puestos los dos candidatos en la balanza, es posible que Sebastián Piñera -como ejecutivo bancario ayer, como hombre de negocios después y como magnate ahora- tenga más subterráneos que Frei para los fines de una guerra sucia. Sin embargo, el entorno de Piñera insiste en que no todo sería tan neutro como se presenta cuando se lee que Frei, tras una experiencia empresarial muy poco dramática en Sigdo Koopers, decidió que para entrar a la vida pública era fundamental desprenderse de la administración de "las cuatro chauchas" que dice haber sacado de la venta de sus derechos. Así las cosas, de lado y lado, entonces, podrían exponerse trapos al sol. Frei jamás se ha visto en un trance así y es difícil saber cómo reaccionaría. El desempeño que tuvo Piñera en la última elección, cuando pasó a segunda vuelta y permaneció unas tres semanas bajo artillería un tanto pesada no fue bien evaluado: a menudo Piñera terminó complicándose en leseras de detalle y perdió de vista lo principal. Ahora va a tener que volver a rendir el mismo test y se sabrá si aprendió o no la lección. Claro que esta vez la prueba podría ser bastante más dura.
3. En la guerra sucia hay que esconder la mano y mirar al techo. Pierde tanto el que la fragua y se llega a saber como el sorprendido en paños menores. Tanto el que se descompensa como el que se complica demasiado teniendo que dar largas explicaciones.
4. Aunque la guerra sucia es una tentación permanente en toda campaña, y aunque en política no sea cierto que como en las películas de Hollywood ganen siempre los buenos, este es un recurso que la ciudadanía en principio reprueba. La mayoría está por el juego limpio. La violencia desmedida en el ataque y, con mayor razón, la bajeza, no tienen buena presentación en Chile, donde todavía las polarizaciones de la UP y del golpe remiten a momentos a los que nadie en su sano juicio querría volver.
5. Suponer que el triunfo pertenece a quien -escondiendo los propios- sea capaz de encontrar más esqueletos en el clóset del contrincante es parte de la noción paranoica de la política. Se trata de una variable que siempre está presente y sólo resta por saber qué van a hacer los comandos para controlarla. O para darle algo más que agua.
Ante un escenario así pasa a tener sentido evaluar a los candidatos desde el doble prisma de los golpes que estén en condiciones de dar y de los que puedan recibir. Todo va a depender de los ejes en que se termine dando la contienda. En principio, en este juego no hay ni candidatos blindados ni descalificados de antemano. Según sea el terreno donde se centre el debate, con seguridad uno quedará mejor parado que el otro. La Concertación tratará de que la elección sea un dilema entre protección y desamparo: protección, que es lo que los chilenos necesitan ante la crisis y que es lo que el oficialismo podría garantizar mejor que la Alianza, versus el desamparo que significaría Piñera, por los énfasis que la derecha siempre ha colocado en el mercado en desmedro de la idea del Estado protector. Sebastián Piñera, a su turno, intentará situar la elección como una encrucijada entre la continuidad de una Concertación que se ha ido desgastandose en el tiempo, cosa que es perceptible en el plano de las ideas y los proyectos, del empuje y los valores, y la posibilidad de generar un cambio capaz de airear el palacio de gobierno y los ministerios con gente nueva, distinta y sin mayores compromisos con las trenzas de operadores que desde el 90 hasta acá no han estado un solo día fuera de la planilla fiscal.
No obstante asumir que la coalición que logre llevar el debate a su propio terreno será la que elija al próximo Presidente, de todos modos caben algunas observaciones.
1. La vehemencia de la campaña dependerá menos de la voluntad de Frei y Piñera que del riesgo que visualice la Concertación de perder el poder tras cuatro gobiernos consecutivos. En principio, ambos candidatos están muy lejos de responder al perfil del político belicoso o virulento. Otra cosa es lo que pueda ocurrir con sus respectivos entornos. Nunca faltan los cabeza-calientes en los comandos y la idea de pulverizar al adversario antes de que los cómputos lo puedan pulverizar es tentadora, sobre todo cuando llega la hora del lobo, cuando la bestia del poder aúlla, sea porque con poco se pueda perder, sea porque con menos se pueda ganar.
2. Puestos los dos candidatos en la balanza, es posible que Sebastián Piñera -como ejecutivo bancario ayer, como hombre de negocios después y como magnate ahora- tenga más subterráneos que Frei para los fines de una guerra sucia. Sin embargo, el entorno de Piñera insiste en que no todo sería tan neutro como se presenta cuando se lee que Frei, tras una experiencia empresarial muy poco dramática en Sigdo Koopers, decidió que para entrar a la vida pública era fundamental desprenderse de la administración de "las cuatro chauchas" que dice haber sacado de la venta de sus derechos. Así las cosas, de lado y lado, entonces, podrían exponerse trapos al sol. Frei jamás se ha visto en un trance así y es difícil saber cómo reaccionaría. El desempeño que tuvo Piñera en la última elección, cuando pasó a segunda vuelta y permaneció unas tres semanas bajo artillería un tanto pesada no fue bien evaluado: a menudo Piñera terminó complicándose en leseras de detalle y perdió de vista lo principal. Ahora va a tener que volver a rendir el mismo test y se sabrá si aprendió o no la lección. Claro que esta vez la prueba podría ser bastante más dura.
3. En la guerra sucia hay que esconder la mano y mirar al techo. Pierde tanto el que la fragua y se llega a saber como el sorprendido en paños menores. Tanto el que se descompensa como el que se complica demasiado teniendo que dar largas explicaciones.
4. Aunque la guerra sucia es una tentación permanente en toda campaña, y aunque en política no sea cierto que como en las películas de Hollywood ganen siempre los buenos, este es un recurso que la ciudadanía en principio reprueba. La mayoría está por el juego limpio. La violencia desmedida en el ataque y, con mayor razón, la bajeza, no tienen buena presentación en Chile, donde todavía las polarizaciones de la UP y del golpe remiten a momentos a los que nadie en su sano juicio querría volver.
5. Suponer que el triunfo pertenece a quien -escondiendo los propios- sea capaz de encontrar más esqueletos en el clóset del contrincante es parte de la noción paranoica de la política. Se trata de una variable que siempre está presente y sólo resta por saber qué van a hacer los comandos para controlarla. O para darle algo más que agua.
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Quienes ostentan intereses ya sea económicos (Grupos económicos que constituyen la clase dominante) o políticos (todo el conglomerado político) son los responsables y culpables de tal exhacerbación.
Posted by JOSE MUÑOZ G. on March 09, 2009 at 12:48 PM CLST #
Posted by Claudio on March 09, 2009 at 02:20 PM CLST #
desde mi punto de vista de parte de la Concertaciòn hay un grupo que esta practicando la guerra sucia los que yo llamo LOS CAZABOBOS que son Marco enriquez ominami,Alejandro Navarro,Jorge Arrate y el partico Comunista los cuales en forma astuta se aprovechan de los que estan desepcionados de la concertaciòn para atraerlos y posteriormente en caso de segunda vuelta VOTEN POR LA CONCERTACION
Posted by Raul Carmona on March 10, 2009 at 10:48 AM CLST #
Posted by Ricardo on March 10, 2009 at 11:05 AM CLST #
Posted by Andrés Guzmán on March 10, 2009 at 11:11 AM CLST #
Posted by María Toledo on March 10, 2009 at 12:03 PM CLST #