Hacia una democracia geriátrica
May. 24 , 2009
Publicado en Reportajes, La Tercera 24/05/09
Un fantasma recorre la política chilena en los últimos meses. Al escándalo de la apatía juvenil frente a la política se suma ahora la discusión sobre el recambio generacional. La preocupación viene flotando en la conciencia pública sobre ríos de tinta. Pero, por lo visto, son caudales que no manchan ni tampoco mojan. Los cuadros de la política están envejeciendo y se ven cada vez más secos. Los parlamentarios, que en la década del 60 tenían 44 años en promedio, hoy en su mayoría se ubican en el tramo de edad que va de los 50 a los 60 años. Y casi siete de cada diez diputados o senadores son próceres reelegidos; respecto de ellos, lo único nuevo es que decidieron quedarse.
Si estos datos se cruzan en el envejecimiento del padrón electoral, los efectos en el mediano plazo, como vienen advirtiendo muchos analistas, podrían llegar a ser muy traumáticos. Los menores de 25 años, que para el plebiscito de 1988 representaron arriba del 20% de los inscritos, constituyeron en la municipal del año pasado una fracción francamente miserable: apenas 3,39%. A este ritmo, y en el peor de los escenarios, en cosa de dos o tres generaciones el sistema democrático representativo podría terminar convertido en nuestro país en un geriátrico sin representatividad alguna. ¿Para allá iremos?
No obstante que todos están contestes en que el fenómeno es potencialmente un polvorín, las opciones reales o virtuales de renovación desde el mundo de los partidos sistemáticamente han naufragado. El motín de los "capitanes" en la UDI terminó reponiendo en la testera a los históricos "coroneles". Los llamados "príncipes" de la DC, esos jóvenes ya no tan jóvenes pero con mucho posgrado en el exterior y mucha foto en las galerías de los líderes del futuro, tuvieron que volver a la banca con indisimulado desaliento: por lo visto, el futuro todavía no les ha llegado a ninguno de ellos. En el PS, en RN, entre los radicales y en el PPD las aguas -vaya novedad- se mueven poco. Y, como ya es público y notorio, los grandes remedios que el sistema político estaba visualizando para contener la esclerosis -la inscripción automática y el voto voluntario- tendrán que esperar un poco. Cálculos por aquí y cálculos por allá se confabularon para demorar con buenas y malas razones el asunto en el Congreso y es imposible que esta iniciativa esté en vigencia en diciembre.
Que el tema generacional esté chirriando ahora más que nunca en la política chilena no se debe únicamente a la irrupción de Marco Enríquez-Ominami. Hace rato que veníamos viendo síntomas preocupantes de desgaste. En la política chilena siempre existieron los llamados viejos tercios, pero indudablemente una política que sea de puros viejos tercios, como pareciera ser ahora, difícilmente puede seducir a los más jóvenes. Que los dirigentes entonces no se quejen si las generaciones post Pinochet siguen distanciándose del sistema político. Y que no aleguen si lo que ayer fue indiferencia, hoy se expresa en desafecto, mañana en rechazo y pasado mañana en rencor, puesto que esta secuencia puede acelerarse con la velocidad de las llamaradas.
El gran tapón pareciera estar en los partidos, cuyas canchas distan de ser parejas y cuyas estructuras distan todavía más de ser democráticas. Enrique Correa dice que su generación, la que hizo la transición, tiene que jubilarse. "No hay generación, ni siquiera entre los conservadores del siglo XIX, que haya estado tanto tiempo en el poder", afirma, y el dato no puede ser más revelador. Roberto Méndez dice algo parecido: "La gente que hizo la transición, tanto en la Concertación como en la derecha, está cumpliendo un ciclo. Y tengo la impresión de que, ganen o pierdan, va a llegar el momento del recambio".
Sin embargo, como ambos saben muy bien, la experiencia demuestra que nadie entrega el poder porque sí. Tú lo pierdes cuando alguien te lo quita, pero es utópico pensar que lo entregues en la colecta nacional de la buena voluntad.
Entonces ¿qué? Bueno, aquí viene una pugna que se ha estado postergando y que los partidos deberán afrontar si quieren salvar el pellejo. Fue patética la cantidad de políticos jóvenes que se creyeron los Obama chilenos después del histórico triunfo del presidente estadounidense. Obviamente la renovación no tiene nada que ver con el autobombo.
Si la comparación es con la juventud de los 60, es justo reconocer las enormes diferencias de contexto. Entonces el sistema cultural entró a rajatablas al sistema político; hoy es más bien el sistema político el que quisiera entrar al sistema cultural, para mejorar su rating. No sólo eso: los jóvenes estaban digitados por el imaginario de la revolución. Así lograron tomar por asalto la política, la sociedad y la cultura. Eso es lo que ocurrió con Mayo del 68, fenómeno que reprodujo en medio mundo lo ocurrido en París, en Berkeley o en Berlín.
Hoy el fuego de la revolución, de momento al menos, está extinto, lo cual obliga a los jóvenes a buscar convicciones y energías en otros hornos. Y si no los encuentran, entonces que no gimoteen ni tampoco se victimicen. La política es sin llorar.
El problema de fondo en estos dilemas no es que los viejos se hagan los duros y los jóvenes con hambre de poder no lo tengan tanto. Eso, después de todo, es anecdótico. El verdadero drama radica en que una política sin tiraje en sus chimeneas tarde o temprano termina contaminando el ambiente y exponiendo a sus moradores a abrir las ventanas equivocadas. No sea que por querer dejar entrar aire fresco entren gases más tóxicos y hedores más inaguantables. Tales errores se pagan caro.





Sabe lo que me parece terrible, que mis conciudadanos no ven lo que usted describe y en conversaciones con equipos de profesionales y de pobladores, la opinión generalizada es que siempre fue asi y que no nos queda otra.
Tanta desesperanza aprendida es una buena oportunidad para que todo esto siga sucediendo.
atte.
Claudia Del Rio G.
Posted by CLAUDIA DEL RIO on May 24, 2009 at 12:01 PM CLT #
Posted by Jorge parra F on May 24, 2009 at 12:12 PM CLT #
Posted by Jorge Oxley on May 24, 2009 at 12:40 PM CLT #
Posted by Jorge Oxley on May 24, 2009 at 12:41 PM CLT #
Posted by LUIS CARLOS on May 24, 2009 at 12:42 PM CLT #
Posted by Tomás on May 24, 2009 at 04:23 PM CLT #
Posted by veronica ansaldo on May 24, 2009 at 05:19 PM CLT #
Pero dónde están los Claudio Orrego de la DC? o los Pablo Zalaquet de la UDI? y otros tantos? acaso no tienen cojones para irrumpri y romper son los mas viejos?
saludos!
Posted by Victor on May 24, 2009 at 05:58 PM CLT #
Posted by Rolando Garrido Quiroz on May 24, 2009 at 06:42 PM CLT #
Posted by pedro on May 24, 2009 at 07:21 PM CLT #
Los "Bowen" y otros "outsider", que aparecen sólo para las elecciones presidenciales, quitan no sólo proyección a dirigentes juveniles "de partido", sino además descincentivan a la militancia.
¿Qué pasó, por ejemplo, con los líderes "pinguinos"?
La política hasta cierto punto debiese ser una especie de "carrera".
Posted by Roberto Alfredo Olivares Pizarro on May 24, 2009 at 08:13 PM CLT #
En cambio Ominami, no quiere perpetuar el sistema quiere renovarlo y si es posible "resetearlo".
Posted by Elba Lazo on May 24, 2009 at 11:54 PM CLT #
Mi pregunta, finalmente, es ¡que estan haciendo las "nuevas generaciones" para ganarse el poder?
Las otras hicieron lo suyo. Veo una cierta pasividad a la espera de que "la pelota" les caiga en las manos.
Posted by Jaime Aldunate on May 25, 2009 at 01:31 AM CLT #
Sus columnas sin duda son solo para intelectuales. Gracias.
En cuanto al recambio generacional, pareciera ser que en Chile siguen los viejos estandartes, que si en el pasado nos inspiraron. Hoy solo inspiran lastima.
Escuchar a los presidentes de partidos con ideas decimonicas en el Siglo XXI !!
Pinera no tiene nada que ofrecer, por lo menos para los chilenos clase media hacia abajo.
Frei no nos puede ni siquiera dar una sonrisa...
Marco, lo que diga su papa.
Posted by Diogenes Millanao on May 25, 2009 at 10:40 AM CLT #
Posted by ariel on May 25, 2009 at 10:49 AM CLT #
Posted by Fantomas on May 25, 2009 at 11:38 AM CLT #
Hay que cambiar la democracia y una propuesta apunta a preparar a los gobernantes y nosotros votar por políticas a seguir, donde nuestro voto valga tanto como el conocimiento que se tenga del tema a decidir. En pocas palabras: una <a href="http://www.reengineerdemocracy.com">reingeniería a la democracia</a>.
Un cambio radical que tomará años implementar, pero realista, y que concuerda con opiniones en este blog.
Posted by Efraín M. Martresa on May 25, 2009 at 10:49 PM CLT #