El fuego y el cálculo
Jul. 25 , 2010
Publicado en La Tercera, domingo 25/07/2010
Como la Cancillería rechazó las condiciones que puso para asumir, Hernán Somerville declinó la embajada que antes había aceptado. ¿Declina el espíritu público en un sector importante de la elite?
En la puerta del horno se quema el pan. Al aceptar ser el nuevo embajador en China, Hernán Somerville estuvo de acuerdo en lo grande -en irse a Beijing, en la importancia estratégica de República Popular como socio comercial nuestro, en volver al servicio público por algunos años-, pero su designación terminó hundiéndose en lo chico. Que los gastos de representación, que la falta de personal, que los muebles de la embajada, que las dimensiones de la residencia que iba a ocupar… Como la Cancillería no aceptó las condiciones que puso, el hombre célebre por sus corbatones y pañuelos optó entonces por desistir, dejando en la estocada al servicio exterior chileno, que sentía haber reclutado la mejor ficha para ocupar el cargo y tenía ya bajo el brazo el agreement del gobierno chino.
Ahora que todo volvió a cero, cualquiera sea el nombre que el gobierno escoja, el futuro embajador cargará con el injusto estigma que acompaña a toda segunda opción. Los mal pensados sentirán que no es el óptimo, pero -qué diablos- será lo que hay.
El Presidente Piñera declaró sentirse decepcionado con el episodio. Vio en la deserción de Somerville una cierta expresión de las dificultades que entraña convocar al servicio público a figuras que tienen demasiadas oportunidades o una situación muy privilegiada en nuestro país. Al Presidente ya le consta que no siempre es fácil seducirlas. Tal como de un cierto nivel para abajo los cargos públicos están inscritos en el imaginario popular como fantásticas prebendas, de un cierto nivel para arriba son pura y simplemente una carga. Una carga que impone demasiados sacrificios. No, gracias, le agradezco mucho, pero de eso no me sirvo, le han dicho directa o indirectamente al Mandatario ya varias veces.
La pregunta es si el fallido nombramiento está describiendo una declinación del espíritu público entre el sector -por decirlo de algún modo- mejor instalado de la elite chilena. Hay quienes, a raíz de este nuevo paso en falso de la Cancillería, recordaron que hubo embajadores que se empobrecieron por dejar en alto el buen nombre de Chile en el exterior. Hubo quien se "comió" literalmente un fundo durante su misión. Obviamente no es la idea. Una cosa es el servicio público y otra el martirio. Desde luego las cosas no andan muy bien en el servicio exterior si es que el diplomático tiene que estar poniendo plata encima para hacer una gestión medianamente decente. No es para tanto ni es la idea. Pero también es cierto que estos cargos están sujetos a las miserias de un Estado que -salvo aislados chispazos de neorriquismo- está habituado a la austeridad no sólo por convicciones virtuosas, sino también porque lo normal en el sector público chileno es andar a palos con el águila.
El affaire Somerville quizás no sea como creen muchos un síntoma de una desafección de clase con los intereses superiores del país. Podría ser más bien una expresión de la falta de prolijidad gubernativa en los detalles. Es lo que a menudo tranca el engranaje funcional de las organizaciones y sumerge en la confusión a los gobiernos. Los riesgos no siempre están en los grandes desafíos. Están también en la sintonía fina. Algunos dicen que lo que deja ver este caso es impericia pura y dura. Otros ven aquí el efecto de una administración que todavía no sale de su fase de instalación. No faltan los que con mayor agudeza apuntan a que la centroderecha había sobreestimado su poder de convocatoria para cubrir con gente exitosa la mayor parte de los puestos de confianza.
El gobierno vuelve a tropezar con la misma piedra. Al final de los finales esto es lo que pasa cuando se entiende la función pública al margen de la política. Porque no es lo mismo encontrar un ministro que un gerente general. No es lo mismo dar con el nombre de un director de empresas que con el de un embajador. Es la política la que inyecta en las personas una épica, un sentido misional, un compromiso con la cosa pública que es fundamental para neutralizar o subestimar en la ecuación personal de costos y beneficios las estrecheces, incomodidades y pellejerías que comporta.
Porque actúa bajo una distinta correlación entre el fuego y el cálculo, el político a lo mejor ni siquiera pregunta por el ítem de los gastos de representación. En otras cosas, porque -con una extraña mezcla de buenas y malas razones- entiende que la majestad y el poderío del Estado, unido al honor de representarlo, no se juegan en esas pequeñeces.





Posted by Patricio A on July 25, 2010 at 10:58 AM CLT #
No es solo el "honor" de servir la estado, que sin duda tiene su importancia, es el cambio dramatico de sus condiciones de vida la principal diferencia.
Posted by Felipe Andes on July 25, 2010 at 12:59 PM CLT #
Posted by gonzalo on July 25, 2010 at 01:27 PM CLT #
Pero además hay que considerar las habilidades de un gerente,quien puede lograr más eficientemente los acuerdos comerciales que satisfacen "las demandas del pueblo consumista".
Requerimos de politicos gerenciales,los que son escasos en nuestro medio.
Posted by ARMANDO on July 25, 2010 at 02:48 PM CLT #
Posted by enrique astudillo c on July 25, 2010 at 04:03 PM CLT #
Posted by 190.45.152.204 on July 25, 2010 at 08:01 PM CLT #
Posted by Claudio Vinicio on July 25, 2010 at 08:32 PM CLT #
Posted by Sergio Toro on July 25, 2010 at 08:39 PM CLT #
Posted by Javier on July 25, 2010 at 10:26 PM CLT #
Posted by Javier Villalobos on July 26, 2010 at 08:10 AM CLT #
Posted by Jose Miguel Infante Rojas on July 28, 2010 at 04:41 PM CLT #