Blacamán tendrá que esperar
Jul. 11 , 2010
El país ha visto presidentes que fueron prisioneros de sus partidos, de las encuestas y de las ideas anacrónicas... Lo peor sería tener ahora un mandatario cautivo de la imagen presidencial.
En función del reciente debate sobre la imagen presidencial -donde la mala leche se ha cruzado con esa gravedad de ojos entornados que requieren las frases para el bronce-, cualquiera diría que, más que una república unitaria, lo que en realidad somos es una república napoleónica. Si el asunto no tiene ribetes de escándalo para la conciencia democrática es sólo porque a menudo la gente prefiere definirse más por lo que quiere ser que por lo que en verdad es.
Es cierto que Chile es un país presidencialista. Es cierto también que el Presidente es el jefe del Estado en una sociedad donde el aparato estatal, a pesar de los pesares, sigue teniendo enorme gravitación. Pero es una exageración suponer que de su figura pende la dignidad nacional o el tinglado de la autoestima colectiva. De hecho, hay tanta verdad en decir que Chile es Chile gracias a sus presidentes como en afirmar que es lo que es a pesar de muchos de ellos.
Nada le gustaría más a nuestro cesarismo presidencial que revestirse de las ínfulas mesiánicas que un De Gaulle, por ejemplo, le inyectó a la Quinta República. "Sagrado Corazón de Jesús, tened confianza en mí", dicen que rezaba el general. El suyo fue un caso que pueden disputarse por igual la ciencia política y la clínica psiquiátrica. Y es toda una ironía que quien mejor reivindicara después su arrogancia -aprendiendo a hablar de tú a tú con la Historia- haya sido su archienemigo, François Mitterand.
Con todo, lo que se hace difícil de tragar a orillas del Sena es definitivamente imbancable al borde del Mapocho. No, no damos esa carrera.
Afortunadamente. Aquí, al menos, los presidentes no están hechos de una madera sustancialmente distinta a la del resto de los ciudadanos. Lo único que los mandatarios tienen de distinto son los votos, claro. Lo cual si bien no es un pelo de la cola, tampoco es para tanto.
En general, como suele ocurrir con el resto de los mortales, la identidad de los presidentes está en parte determinada por su carácter, en parte por lo que hacen y en parte por lo que dicen. Es ahí, en ese triángulo, donde en lo básico se deciden las percepciones que los gobernantes generan. El negocio de los constructores de imagen radica en plantear que existen muchas otras variables -los fondos, los colores, la escenografía, la corbata, la cercanía, la lejanía, los relatos y sepa uno cuánto más-, pero es dudoso que al final los resultados sean demasiado distintos. Vale la frase de Abraham Lincoln: "Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos por algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo".
La consternación existente en algunos círculos porque Sebastián Piñera actúa como Sebastián Piñera y no como hipotéticamente debieran hacerlo los presidentes, aparte de revelar inflexibilidad mental, revela también mala memoria. Después de todo, por muy sobregirado que se lo haya visto a veces, el actual Presidente no ha incurrido en desafueros como los que tuvo el ex Presidente Lagos. La referencia a él es válida porque Lagos fue el epítome del mandatario que supo manejar la majestad republicana. Y, sin embargo, se bañó en Chañaral ante las cámaras para demostrar que el agua no estaba contaminada y jugó un partido de tenis con don Francisco, González y Massú sin más propósito que florearse de prestigios ajenos.
Habiendo conocido presidentes que fueron prisioneros de los partidos, de las encuestas o de ideas envejecidas..., lo peor sería tener ahora un mandatario cautivo de la imagen presidencial. El riesgo de caer en hipertrofias en este plano es alto y recuerda al personaje de un relato de García Márquez, Blacamán, que en sus tiempos de gloria embalsamaba virreyes: "Dicen que les componía una cara de tanta autoridad -señala el cuento- que durante muchos años seguían gobernando mejor que cuando estaba vivos".
Eso es lo que muchos quisieran. Pero está visto que con Piñera, Blacamán tendrá que esperar.





Aun en el mundo le tienden alfombra roja para recibirlo mientra el presi de hoy trata de pasar piola.
Posted by Blanca Vivar on July 11, 2010 at 12:26 PM CLT #
Posted by Francisco on July 11, 2010 at 12:53 PM CLT #
Posted by Humberto del Pozo on July 11, 2010 at 01:13 PM CLT #
helicopteros, paracaidista juega futbol y tenis hace
muchos años fuera de arriesgado cuando acomete un
negocio. <<NO SABIAN LO CHICHARRA QUE ES>> ¿DE DONDE
SACARON QUE IMITA A BACHELET?
Posted by lou on July 11, 2010 at 06:03 PM CLT #
Posted by Daniel Rodriguez on July 11, 2010 at 07:10 PM CLT #