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Educarchile, nuestro octavo aniversario

10.29.2009 | 4 Comments

Educarchile está cumpliendo este mes ocho años de existencia.

Probablemente, cuando el portal fue inaugurado, nunca se proyectó los alcances que tendría ocho años más tarde.

Hoy, el portal recibe en promedio cuarenta mil visitas únicas al día (novecientas mil en septiembre pasado, medido por CERTIFICA), cuenta por ejemplo, con alrededor de treinta mil recursos fichados, más de mil videos educativos en aulavisual, miles de planificaciones escolares, un preuniversitario en línea que también puede ser visitado desde teléfonos móviles y una comunidad activa de usuarios que acceden regularmente a este sitio para aportar con sus propias opiniones, contenidos y recursos.

Educarchile ha contribuido al desarrollo de cinco portales en latinoamerica, participa activamente en la red de portales educativos de la región y es un referente obligado, para quienes desarrollan iniciativas en esta área.

El portal es una poderosa alianza entre el Ministerio de Educación y la Fundación Chile, que se ha mantenido con el propósito de innovar permanentemente y ofrecer nuevos recursos a la comunidad escolar.

Pero también es fruto de alianzas estratégicas con el sector privado, que ha visto en educarchile un socio de alta credibilidad e impacto para planes de responsabilidad social empresarial.

En estos ocho años, la Internet se ha masificado y ha cambiado. Asistimos a la era de las redes sociales, de la conectividad permanente, de las aplicaciones inteligentes que reconocen a  sus usuarios y que ofrecen contenidos segmentados y pertinentes. La web social ofrece oportunidades y desafíos que educarchile debe enfrentar a la brevedad.

Estamos trabajando en un portal capaz de conocer mejor a sus usuarios (especialmente a lo miles de profesores que lo usan regularmente), para poder anticiparse a sus necesidades y proveer soluciones de contenidos con mayor valor agregado. Pero también creemos que la clave en los próximos años, será contar con un portal que genere comunidades de colaboración e intereses, a partir de los mismos usuarios.

Solo dos muestras de estos esfuerzos, que ponemos a disposición de la comunidad al momento de celebrar nuestro octavo aniversario.

Comunidad Viable. A través de esta plataforma, ofrecemos una herramienta que permita a cualquier comunidad escolar generar sus propios contenidos y construir su identidad en la red, pero vinculados a una red de intercambio donde enriquecerse y acceder a nuevos recursos.

Una nueva página de entrada (home). Hay que simplificar el acceso a los recursos, incorporar multimedia y dar más espacios a la participación de los usuarios en la navegación de educarchile. Sus nuevas características, fueron propuestas por los mismos usuarios.

Llegamos a este octavo aniversario en un momento complejo para el sistema escolar, donde los desafíos de innovación y modernización marcarán parte importante de la agenda educativa. Estamos seguros que en los próximos años, el portal de la educación seguirá contribuyendo a las grandes tareas pendientes en nuestra patria. Esa es nuestra principal tarea.

Más tecnologías en la sala de clases, ¿y qué pasará con los contenidos?

09.14.2009 | 13 Comments

Cuando yo estaba terminando mi educación básica (sólo treinta y un años atrás), el profesor de ciencias naturales (asignatura predecesora de “comprensión del medio”) nos sorprendió llevando una máquina de proyección de diapositivas, acompañada de un reproductor de cassette. Con estos recursos convirtió la sala de clases tradicional en un sala de proyección multimedial. Lamentablemente, esta experiencia se limitó a tres colecciones de diapositivas disponibles.


En la Universidad conocí el retroproyector, que permitía que cualquier impreso (texto, imágenes, diagramas) pudiesen ser presentadas a todo el curso. Esta tecnología le agregó un componente fundamental al uso de nuevos recursos en el  aula: la personalización del contenido. Con las transparencias (o acetatos como las llamaba un profesor español) era posible para el docente, crear su propia selección de elementos.


Los actuales herederos de estas innovaciones que me tocó observar como alumno, son posiblemente el uso del power point y similares y más recientemente el uso de las pizarras interactivas digitales.


No hay que olvidar que se tratan de herramientas, por lo que el sentido final de su uso en el aula, está determinado por el propósito que le asigne el educador que las incorpora en su ejercicio docente.


Hay varios formas posibles de lograr impactos con tecnologías en la sala de clases.


La más ambiciosa, considera que incorporar dispositivos de última generación puede facilitar cambios estructurales en cómo se organiza y desarrollan las actividades de aprendizaje y enseñanza en la sala de clases. Con las actuales pizarras interactivas, por ejemplo, los alumnos podrían asumir un rol protagónico en la resolución de problemas simulados en la pantalla y el docente tendría un rol de facilitador al generar condiciones adecuadas para que el aprendizaje ocurra.


Las más tradicionales ven las tecnologías en el aula como una forma de mejorar la eficiencia del rol docente de transmisor de contenidos. Una presentación en power point permite que el educador ordene con anticipación la secuencia que desea transmitir y planifique mejor el uso del tiempo. Los profesores pueden además usar innumerables veces la presentación, modificarla y compartirla permitiendo un importante ahorro de tiempo.


En un punto intermedio entre las anteriores opciones, está en la posibilidad de enriquecer la calidad del contenido que se transmite en la sala de clases. Conceptos abstractos pueden ser más fáciles de entender, gracias a un buen simulador que se proyecta desde un computador. También el uso de recursos multimediales (como la videoteca que ofrecemos en educarchile)  pueden facilitar la atención y motivación de los alumnos y permitir que el docente se concentre en facilitar el diálogo y generar actividades que permitan obtener los aprendizajes deseados.


Se puede estar más o menos de acuerdo con las posibles formas de uso de la tecnología descritas, pero hay algo transversal en cualquiera de estas opciones: se requieren contenidos de calidad.


Por eso, es preocupante que en las propuestas de los candidatos presidenciales en lo relacionado con tecnologías para educación haya un énfasis en cuántos computadores, pizarras interactivas y calidad de banda ancha dispondrán los alumnos y no en qué contenidos se desarrollarán para enriquecer las experiencias de aprendizaje.


La decisión del uso y propósito de las tecnologías de aula será tomada, con mayor o menor acierto, por cada directivo y equipo escolar. Pero la disponibilidad de buenos contenidos, asegurará que la decisión pueda fundarse sobre distintas opciones.


De otra forma y al igual que lo ocurrido con mi profesor de ciencias naturales de educación básica, la tecnología quedará limitada a una oferta limitada de diapositivas y cintas de audio.


(Imagen del blog tomada de http://www.suissedu.org/)

Los niños son de world of warcraft, las niñas de fotolog.

04.20.2009 | 4 Comments

Uno de los hallazgos más interesantes y novedosos del Indice de Generación Digital es la diferenciación de los usos de Internet entre niñas y niños.

A los doce años, alrededor del 35% de los niños juega World of Warcraft, a la misma edad lo hace sólo el 5% de las niñas. A los diez años, el 51% de los niños juega Age of Empire, en cambio en el caso de las niñas esta actividad no alcanza el 1%.

Por su parte, a los catorce años el 70% de las mujeres tiene fotolog. En el caso de los hombres de la misma edad, esto alcanza al 45%.

A los diez años, el 52% de los niños señala que describen sus estados de ánimo a través de facebook, sin embargo a los 15 años este número baja al 20%. En el caso de las mujeres, a los diez años el 20% dice compartir sus estados de ánimo, cifra que se incrementa al 48% a los 15 años. Pero cuando ambos géneros llegan a los 18 años, los porcentajes de jóvenes que describen sus estados de ánimo tiende a igualarse en el 60%.

Un dato final: bajar archivos de música no tiene mayores diferencias de género y  se va a incrementando en la medida que los jóvenes crecen.

¿De qué nos sirve saber tener esta información?

En mi opinión aporta tres cosas interesantes. La generación digital usa los recursos digitales como un medio y no como un fin. Se conectan no por el “placer de conectarse”. Usan la red para expresar emociones, divertirse, buscar música y temas de su interés.


En segundo lugar, el comportamiento que desarrollan los jóvenes en Internet, es un buen reflejo de sus intereses. Vale la pena observar, resguardando la intimidad propia de la adolescencia, lo que hacen nuestros hijos y alumnos frente al computador cuando están conectados. Es probable que refleje sus necesidades de expresión, comunicación o de enfrentar desafíos y desarrollar nuevas habilidades.

Finalmente, también permite generar nuevas conversaciones entre adultos y adolescentes sobre las actividades que realizan en el mundo virtual nuestros hijos y estudiantes. No es raro que las niñas quieran expresar sus emociones y que los niños prefieran jugar a los 15 años. Lo raro, es no aprovechar la oportunidad de conversar sobre esas experiencias y poder estar atentos a necesidades, acompañamiento y contención en caso necesario.

Doble clic a los aprendices digitales

04.16.2009 | 3 Comments

 

Estamos ante una nueva generación de aprendices.

Mientras en el año 2004, tres de cada diez alumnos señalaban poseer un buen o experto conocimiento de Internet, en el 2006 esta cifra se eleva a seis de cada diez estudiantes.

La evolución que muestran los datos del Índice de Generación Digital, respeto a la autopercepción que tienen los alumnos sobres sus competencias digitales, mantiene una sostenida tendencia positiva. No sólo aumenta el nivel de conocimiento, sino que también se acortan las brechas entre los jóvenes de diversos niveles socioeconómicos.

Acostumbrados a constatar y analizar resultados insatisfactorios de aprendizajes de los alumnos del sistema escolar, los datos que entrega el IGD asombran. Guardando las distancias necesarias con los instrumentos estandarizados de mediciones de calidad de los aprendizajes escolares, los avances en la autopercepción de destrezas instrumentales sobre Internet, son una muy buena noticia.

¿Cómo ocurre esto, considerando que en el marco curricular no existe una dedicación horaria para incorporar estas competencias en el plan de clases regulares?

La pregunta se hace más pertinente al revisar las respuestas de los jóvenes respecto a la percepción que tienen del tiempo destinado por los profesores a enseñar el uso de Internet, sólo alrededor de un tercio señala que se dedica bastante o mucho tiempo.

¿Están aprendiendo solos a usar Internet los alumnos?

Los jóvenes no “aprenden Internet”, lo que hacen es adquirir herramientas instrumentales para poder acceder a servicios, beneficios y recursos del mundo digital. Desarrollar competencias informáticas no es un fin en si mismo, es un prerrequisito para poder gozar de la experiencia de comunicarse a través de la red, encontrar información de valor para sus necesidades escolares y sociales o acceder al mundo del entretenimiento digital.

Internet se aprende usando. Probablemente para algunos grupos de alumnos aún es necesario definir estrategias didácticas formales, que les permitan obtener los conocimientos necesarios para dominar adecuadamente las herramientas de la red. Pero la gran mayoría, aprende como respuesta a la necesidad de manipular estas herramientas para pasar a un nivel superior de aplicaciones y servicios.

Si el ritmo de adquisición de estas habilidades se mantiene, es posible que los alumnos provenientes de niveles socioeconómicos más bajos, logren alcanzar en poco tiempo más una similar autopercepción a la que poseen los jóvenes de estratos sociales más altos, en relación a sus conocimientos. Esto, también es inédito en el sistema escolar.

¿Se completará entonces la meta de cerrar la brecha digital? En poco tiempo más disponer de habilidades instrumentales para explorar la red, manipular buscadores, acceder y administrar fuentes de información o gestionar ambientes virtuales de comunicación, no será una meta relevante.

El desafío será enfrentar la brecha respecto al impacto positivo que este conocimiento puede tener en el mejoramiento de aprendizajes o en el estímulo del desarrollo de habilidades transversales como la creatividad, la comunicación o el pensamiento lógico.

El sorprendente conocimiento logrado por los alumnos en el uso de Internet es una buena noticia, pero al mismo tiempo un desafío para que las aplicaciones concretas que puedan realizar con esta poderosa herramienta, incrementen el logro de metas en ámbitos superiores del conocimiento.

Las diferencias que subsisten y se incrementan entre alumnos, padres y profesores respecto al conocimiento de esta herramienta, no son una buena noticia.

En el caso de los padres, existe una correlación directa entre su posición socioeconómica. Mientras más deprivada es la situación, más brecha se presenta entre padres e hijos en el conocimiento de Internet.

¿Cuáles son los riesgos que esto representa?

No es malo que los alumnos logren destrezas superiores a sus padres. Lo inadecuado es que esto límite las posibilidades de los adultos, para actuar como intermediadores y contenedores de las experiencias que los jóvenes viven en la red. No comprender ni entender lo que los hijos hacen en la Internet, disminuye las posibilidades de comunicación eficiente y puede producir aislamiento en los adolescentes, impactando negativamente en la imprescindible generación de espacios de confianza y diálogo intergeneracional.

La inclusión digital de los adultos de niveles socioeconómicos más precarios, parece ser una tarea pendiente y urgente.

En opinión de los alumnos, los profesores han bajados sus niveles de conocimiento de Internet. El 2006 consideraban que 8 de cada 10 poseían un conocimiento adecuado o experto, el 2008 la percepción baja a 7 de cada 10.

¿Aumentaron los profesores que no saben navegar en Internet? No pareciera ser así, incluso se podría suponer que el resultado debiera ser opuesto, dado el ingreso de docentes jóvenes que provienen de generaciones con acceso frecuente y recurrente a las herramientas digitales.

¿Cómo se explica entonces esta disminución en la percepción de los alumnos, respecto a sus profesores?

Los profesores no han disminuido sus conocimientos de Internet, lo que ha sucedido es que los alumnos han sofisticado su percepción acerca del conocimiento aceptable o experto.

Esta interpretación no implica justificar esta brecha, abre nuevos desafíos respecto a la necesidad de definir con mayor precisión cuáles son los niveles de destrezas que debe tener un profesor del siglo veintiuno, en relación a las herramientas digitales.

Si bien los recursos digitales son altamente valorados en el mundo escolar, su uso frecuente pareciera ser aún un tema pendiente. La mayor parte de los estudiantes señala que nunca se comunican con sus profesores por la red y que nunca o escasas veces la Internet se usa en clases para enseñar.

Probablemente acá influyen nuevamente la preparación de los educadores. También refleja la necesidad de mejorar la dotación de tecnología en el sistema escolar, junto con la demanda por mejorar la calidad del acceso a Internet. En un plano más desafiante, los datos muestran la necesidad de contar con contenidos y recursos digitales educativos que justifiquen el esfuerzo de incorporar este nuevo formato de recursos didácticos, a las salas de clases.

Los nuevos aprendices no están accediendo a incrementar sus habilidades, por el sólo hecho de ser un objetivo aceptable y deseable. Están aprendiendo a manejar nuevas herramientas de forma instrumental, para poder acceder a servicios de mayor valor y calidad.

Esa es una buena noticia, que contiene señales que deben ser incorporadas a los procesos formales de educación y formación.

(el texto de este blog es parte del libro Estudio Índice Generación Digital 2004-2008).


Computadores para alumnos

03.12.2009 | 46 Comments

Como suele suceder, la pasión política impide que los temas educativos puedan ser tratados seriamente. El acto de entrega de los primeros quince mil computadores a alumnos de sectores de escasos recursos que encabezó la Presidenta Bachelet, ha despertado más interés en el intercambio de descalificaciones entre los líderes políticos, que en el hecho en si mismo.

Lamentable, porque la promesa concretada ayer conlleva interesantes noticias y desafíos que debieran ser tratados con mayor cuidado.

Vamos por parte.

La pretensión de entregar un computador a cada niño no es nueva. Existe abundante debate sobre sus consecuencias positivas y negativas. Ya es posible conocer experiencias en desarrollo en países donde se ha optado por implementar políticas nacionales de dotación de computadores personales a cada alumno. Pero como en muchos campos de la educación, este debate y experiencias concretas aún no arrojan una conclusión definitiva.

Entonces, ¿vale la pena invertir recursos públicos en dotar de computadores personales a los alumnos? Definitivamente si. La sola posibilidad de disminuir la inequidad existente en nuestro país al acceso a las tecnologías de información, justifica por si misma la medida. Los alumnos y familias que tienen acceso a estas poderosas herramientas, sin duda que tienen mejores oportunidades de acceso a la información, a formas eficientes y baratas de comunicación, a recursos para la generación de contenidos, etc.

El ámbito que genera desafíos, es el impacto positivo que este recurso podría tener en mejorar los aprendizajes de los alumnos. La entrega de los computadores a estudiantes provenientes de familias de escasos recursos, que fueron seleccionados por sus excelentes resultados académicos, no permitirá medir este posible resultado.

Tampoco es claro que estos computadores personales tengan asociados modelos de usos pedagógicos, que los integren a los procesos regulares de aprendizaje.

Esto último no es simple de generar y transferir al sistema escolar. Sin embargo, el Ministerio de Educación ha anunciado entregas de laboratorios móviles computacionales a los establecimientos para apoyar el uso educacional de estos recursos. Falta conocer cómo serán capacitados los docentes, qué contenidos se priorizarán y cómo se evaluarán los resultados de esta medida.

Hay dos aspectos adicionales de esta noticia que resulta interesante destacar. El programa “Yo elijo mi PC” permitió que los alumnos beneficiados pudiesen escoger entre veinte modelos distintos, los que se diferenciaron en características técnicas, sistemas operativos y marcas. Esta vez, el estado no decidió a nombre de los destinatarios finales y confió en las capacidades digitales de la población. ¿Se podrá hacer lo mismo en otros ámbitos de la política social?

El resultado también llama la atención. El 66% escogió computadores portátiles, el 32% computadores de escritorio y sólo el 2% computadores ultralivianos (netbooks). Los beneficiarios optaron por la movilidad, pero sin sacrificar las capacidades mayores de procesamiento. Probablemente los nuevos usuarios digitales están priorizando capacidades para la multimedia y los videojuegos.

Un ámbito no resuelto aún es la conectividad a Internet. Este factor es fundamental para completar los beneficios de contar con un computador personal. ¿Dónde está la iniciativa privada de los proveedores de Internet ofreciendo planes económicos para estas mismas familias?

Cuando se bajen las pasiones políticas, será posible volver a los temas de fondo y debatir acerca de la continuidad de esta iniciativa (¿se hará todos los años? ¿se incrementará el número de alumnos beneficiados? ¿se abrirá la posibilidad a estudiantes que sin tener excelencia académica, presenten otros indicadores de logro como asistencia?).

Disminuir la inequidad que genera la alta desigualdad de ingresos que prevalece en el país, es un rol insustituible del estado. Velar por que el sistema de educación pública genere aprendizajes de calidad, también lo es. El desafío es avanzar en diseñar políticas que puedan abordar ambos temas con eficiencia y prolijidad.


La salud mal educada

02.03.2009 | 13 Comments

Gozo de buena salud, aunque debo confesar que a mi edad ya mantengo un hábito de seguimiento a las estadísticas que empiezan a preocupar a los cuarenta y tantos. El punto es que no voy seguido al médico, pero cuando lo hago no dejo de hacer las odiosas comparaciones profesionales que generan esta reflexión.

Me costó entender cuando niño que una hora al médico no dura una hora cronológica. En mi incipiente apreciación de las matemáticas, creía que el valor de las medidas estándar, permitían justamente homologar unidades para medir valores subjetivos. Entonces, ¿por qué para un médico una hora tiene distinta duración que para un docente o para un obrero? En el caso del mundo educativo, esto se ha solucionado dándole un apellido al indicador: la hora pedagógica.

Pero más me ha costado entender por qué los médicos en muy contadas ocasiones atienden a la hora que citan. He hecho diversos intentos para controlar esta variable: tomar la primera hora de atención, visitar médicos en centros de salud exclusivos del barrio alto de la ciudad, tomar horas continuas junto con mi pareja. Con distintos márgenes, el resultado suele ser el mismo: la “hora” nunca empieza a la hora. Y en el nivel de absoluta incomprensión se ubica la respuesta de la recepcionista cuando es el paciente el impuntual: “usted ha perdido la hora”.

Convencido del valor democratizador de las nuevas tecnologías de la información, he intentado buscar antecedentes acerca de la calidad en los aspectos formales y cualitativos del ejercicio profesional de los médicos que frecuento. Nada, no existe forma de saber qué promedio de puntualidad tienen en la atención de sus pacientes, menos posibilidad existe de conocer cuál es porcentaje de acierto de sus diagnósticos o saber quién pide menos exámenes para entregar un tratamiento.

La Superintendencia de Salud ofrece un ranking de ISAPRES en su sitio Web, aunque no se refiere a la calidad de atención de los médicos, al menos es posible conocer cómo se comporta la institución de salud previsional al momento de responder a sus afiliados. Curioso es que la ISAPRE que presenta menor número de días para el pago de reembolsos, es también una de la que menos afiliados posee. En cambio, la que más demora en reembolsar posee el 19,6% del mercado. ¿Existirá suficiente información entre los afiliados al momento de escoger a quién le entregaran mensualmente el 7% de sus ingresos?

No tengo nada en contra del sistema de salud, por el contrario, podría relatar excelentes experiencias como paciente y como directo involucrado, en que la calidad humana y profesional de los médicos ha marcado una diferencia.

Lo que me preocupa, es la disparidad de información que existe entre los diversos servicios públicos y sectores que hoy debieran centrar la discusión nacional: la salud y la educación.

¿Sería posible un sistema de medición de la calidad de la atención en salud de la totalidad de los centros médicos, consultorios, consultas privadas, hospitales y clínicos? ¿Se podrían realizar evaluaciones al desempeño profesional de los médicos, enfermeras y demás profesionales de la salud que consideren grabaciones en video de su ejercicio profesional, revisión de portafolios con sus productos y opiniones de pares entre otras variables? ¿Sería factible implementar un sistema similar al Infoescuela, para conocer quiénes dirigen los centros de prestaciones en salud, cuáles son sus proyectos más importantes, con qué infraestructura cuentan, qué resultados han tenido en pruebas estandarizadas y qué financiamiento público y privado tienen?

Es posible avanzar en esta línea de generación de información y transparencia con rapidez si existiese voluntad y osadía para hacerlo.

Los recientes resultados del nuevo “Examen Único Nacional de Conocimiento en Medicina” entregados a mediados de enero último, dan cuenta de una situación preocupante: un número significativo de médicos que ejercen esta profesión no poseen los conocimientos suficientes. La información disponible permite conocer cuales son los resultados obtenidos por las facultades de medicina, pero no es posible acceder a mayores datos respecto a cómo se distribuyen los resultados de acuerdo a los sectores donde se desempeñan estos médicos. ¿Por qué si podemos acceder con toda trasparencia a los datos históricos del SIMCE de cada establecimiento educacional, no podemos saber cuál es la calidad de los profesionales que prestan servicios médicos en el consultorio al que debo asistir?

Ciertamente la calidad de la salud, al igual que la calidad de la educación, requiere ser analizada con mayor profundidad que la información que arrojan las evaluaciones y mediciones puntuales. No basta con conocer cuántos médicos no saben desempeñar su profesión, también es importante indagar sobre las condiciones en que fueron formados, los estándares de calidad de los instrumentos de evaluación y promoción con que fueron medidos durante su preparación profesional, la calidad y diversidad de las metodologías usadas por los docentes y probablemente lo más importante: su capacidad para seguir aprendiendo y manteniéndose al día en sus conocimientos y habilidades profesionales.

Esto no es justificación para defender los malos resultados, que los porfiados datos cuantitativos, nos entregan periódicamente en educación y salud.

Esta reflexión es fundamentalmente una propuesta para mirar las complejidades del sistema escolar con mayor profundidad y proyección. El camino al mejoramiento sistémico de la educación del país requiere probablemente menos declaraciones desgarradoras y dramáticas cada vez que se entregan datos sobre el SIMCE, PSU o la evaluación de desempeño docente y más capacidad de acción y consenso.

Sugiero en el intertanto, evitar atribuirle a la mala calidad de los profesores chilenos la baja calidad de los médicos. Tampoco debiéramos pensar que la impuntualidad de nuestros profesionales de la salud, es debido a que la escuela no fue capaz de desarrollar hábitos. No todos los males del país se explican en el sistema educativo, me temo que no es tan simple.

Por mi parte, intentaré mantener mi salud intacta, para no seguir realizando comparaciones profesionales odiosas.


¿Será bueno regalar video juegos esta navidad?

12.18.2008 | 10 Comments

Pareciera ser que en esta navidad los obsequios tecnológicos serán los más demandados. En particular, las consolas de videojuegos y los computadores ultra portátiles serán las estrellas de los paquetes de regalo.

 

Seguramente es por eso que me suele ocurrir en esta época, que mis amigos y familiares se acercan a pedir mi “consejo experto” respecto a marcas, configuraciones, precios y títulos de juegos para computadores y consolas.  Pero en este ultimo tiempo, las preocupaciones se enfocan en los posibles peligros e impactos negativos que podrían tener estas tecnologías, en los niños y niñas.

Como es de esperarse, no soy completamente objetivo en el tema. Uso tecnología en gran parte de mi vida laboral y en cuanto puedo, me conecto a jugar en línea. Por eso no es raro el comentario de Sofía en un post anterior: cuando señala “Que manera de vender la pomada este señor y su cuento tecnológico”.

Hecha la advertencia, intentaré ayudar a los padres que deben tomar una decisión respecto a la compra de consolas y videojuegos en los próximos días.

Hay que decir en primer lugar, que sobre esta materia los expertos no se ponen de acuerdo.

Hay algunos que señalan que la experiencia multimedial, los niveles  de interacción y la sofisticación de los ambientes en que se desarrollan la mayor parte de los video juegos, genera en sus usuarios destrezas que potencian sus habilidades lógicas y de razonamiento estratégico.

Otros concluyen que los videojuegos tienen un componente adictivo, generan aislamiento en los jóvenes, aportan a la obesidad infantil y provocan experiencias inadecuadas por su alto contenido de violencia explicita.

Mientras los expertos intentan ponerse de acuerdo, las nuevas generaciones incrementan su acceso a los videojuegos.

En el reciente estudio de Fundación Telefónica, se destaca que los jóvenes chilenos presentan los mayores índices, entre los países estudiados, de penetración de videojuegos y de tiempo dedicado a esta actividad. En promedio nuestros video jugadores dedican alrededor de dos horas diarias a esta actividad.

Me temo que las nuevas generaciones no van a esperar a que nos pongamos de acuerdo respecto a los beneficios y riesgos de los videojuegos.

Por eso mi consejo es: “si no puedes contra ellos, úneteles”.

Aunque limitemos el acceso a la televisión, Internet y videojuegos en nuestros hogares, inevitablemente este acercamiento se producirá en el hogar de un amigo,  de un familiar, en el ciber café o incluso en la misma escuela. Por mi parte, prefiero que esto ocurra en el hogar.

El regalo no debiera ser el juego simplemente, el verdadero regalo es la oportunidad de participar, acompañar y estar cerca de nuestros hijos cuando descubran, se involucren, molesten y vivan nuevas experiencias frente al computador o a la consola de juegos.

¿Existen riesgos? Ciertamente que existen. ¿Y hay formas de disminuirlos? Ciertamente que también. Esto se logra observando las reacciones de nuestros hijos al enfrentarse con el control en sus manos al desafío de jugar la final del mundial de fútbol, correr en autos a altas velocidades en carreras urbanas, conquistar un nuevo objetivo en la guerra entre los “Orcos y la Alianza” o defender el imperio de la civilización enemiga que intenta arrebatárselo.

Pero no basta con observar, también hay que comunicarse con el video jugador que hay en casa para escuchar sus experiencias, compartir sus logros en el mundo de las emociones virtuales y estar disponibles para generar los espacios de confianza que permita acompañar a los jóvenes y niños, a enfrentar situaciones o momentos incómodos.

 

Un jugador adictivo, que se aísla y prefiere recurrentemente el computador al juego tradicional con sus pares, es un niño o joven que necesita atención para ayudarle a desarrollar habilidades sociales. Un jugador que no tolera la frustración al no lograr superar etapas y opta por hacer trampa, requiere apoyo para madurar su capacidad de tolerancia al error. Un jugador que busca saltarse las etapas para llegar directamente a los escenarios de violencia sin el desarrollo del contexto o la estrategia, requiere ser escuchado respecto a su agresividad y capacidad de expresión de sus emociones.

¿Cómo hacer esto? Obviamente no existen recetas. Pero la pauta básica es establecer espacios de comunicación donde el joven se sienta acogido al momento de relatar sus experiencias y emociones en el mundo virtual. Hay que evitar descalificaciones, respetar la intimidad especialmente durante los años complejos de la adolescencia y buscar preguntas que generen comunicación. Una propuesta de preguntas sobre juegos específicos  se puede encontrar en este sitio (en inglés).

Ciertamente que hay limites y resguardos que se deben tomar.

Hay títulos de video juegos que por su excesiva violencia y apología de ideologías sectarias y deshumanizante, definitivamente no debieran ser vendidos. ¿Cómo saber esto? Basta con observar y leer la caja que contiene el juego.  También es una buena opción preguntar en las tiendas especializadas. No se prejuicie respecto a la información que entregan los vendedores de video juegos. Los buenos empresarios que participan en este mercado, son los primeros interesados en desarrollar un consumo sustentable de video juegos entre los jóvenes.

Hay límites que deben ser establecidos y acordados entre los adultos y los jóvenes, respecto al tiempo de dedicación a los video juegos.

Hay resguardos respecto a la seguridad personal y afectiva que deben ser tomados por los adultos. Recomendaciones sobre este asunto es posible encontrar en la página de Internet Segura de la Red Enlaces del Ministerio de Educación y de la campaña que ha estado impulsado VTR con el Ministerio del Interior y otras instituciones.

No basta con evaluar la disponibilidad del presupuesto familiar para definir la posibilidad de adquirir uno de estos aparatos. Probablemente, es más importante y necesario evaluar la disponibilidad del presupuesto del tiempo disponible de los padres, para acompañar las nuevas emociones que vivirá el video jugador del hogar.

Profe, ¿le ayudo con el proyector?

12.01.2008 | 10 Comments

Lunes en la mañana, en una de las escuelas del país beneficiadas por el programa de tecnologías en el aula de la Red Enlaces. El profesor intenta proyectar la lección de la primera hora y no lo logra. Enchufa, desenchufa, reinicia el computador, presiona reiteradamente las teclas del proyector y las del control remoto, pero no lo logra. Con angustia ve que se le van los minutos de la clase y empieza a escuchar los primeros susurros de sus alumnos. En ese momento aparece la mano en alta y salvadora del alumno que ofrece su ayuda y con unos cuantos clic del mouse resuelve la situación.

Entonces, el profesor más aliviado inicia la proyección de su power point hasta que llega a la transparencia donde insertó el video, pero la imagen no aparece. Entonces, con algo de molestia, les explica a los alumnos que anoche en el computador de su casa todo funcionaba y que sólo lo copió al “pendrive”. Una alumna le pregunta, con un sutil tono irónico: “¿y copió también el archivo del video al pendrive?”. Nuestro profesor, a esta altura preguntándose una y otra vez si realmente fue una buena idea usar tecnología en la sala de clases, opta por finalizar la presentación y cerrar su clase en forma tradicional.

¿Qué ocurrió aquí? Una explicación es que nuestro profesor del ejemplo, no poseía todos los conocimientos que requería para utilizar la tecnología. Otra, es comprobar que las tecnologías digitales puestas a disposición de los educadores aún no son transparentes y de uso simple e intuitivo. Probablemente existan otras explicaciones y atenuantes relacionadas con la el plan de capacitación que el profesor recibió (o no recibió) para el uso de tecnología en el aula, la falta de previsión didáctica al no revisar previamente el recurso educativo que se iba a usar, la inexistencia de apoyo y soporte técnico al interior de la escuela o incluso no haber considerado a los alumnos en la preparación del material.

¿Qué conocimientos y destrezas debe tener un profesor para poder salir airoso de una situación similar a la descrita?, o con más profundidad: ¿cuáles son las competencias y destrezas que debe tener un educador para una integración adecuada de las tecnologías de la información a su desempeño profesional? Este es un punto clave y que ha sido ampliamente desarrollado por instituciones que buscan generar estándares que describan las competencias básicas que deben tener los docentes. Así por ejemplo están disponibles los de la “Sociedad Internacional de Tecnologías y Educación (en inglés)” o los que generó la UNESCO (en inglés) con el mismo propósito. Por su parte la Red Enlaces en conjunto con la UNESCO publicaron recientemente el libro “Estándares TIC para la Formación Inicial Docente: Una Propuesta en el contexto chileno” que presenta una interesante propuesta que complementa el trabajo ya desarrollado en torno al “Mapa Funcional de Competencias de Tecnologías de la Información y Comunicación para la formación y profesión docente”.

¿En que coinciden estos estándares? En que el punto más importante no está relacionado con la alfabetización digital de los docentes, ese es un nivel inicial. Lo verdaderamente importante es desarrollar capacidades para incorporar las oportunidades de este recurso como una herramienta de apoyo al aprendizaje.

De la necesidad de generar estas competencias se ha estado debatiendo desde la semana pasada en el “Foro de la Educación” de educarchile. La pregunta es: “¿Se debe permitir el egreso de nuevos profesores sin que certifiquen competencias digitales?“ Contestan entregando argumentos: Didier de Saint Pierre, director de la red enlaces y Abelardo Castro, decano de educación de la Universidad de Concepción.

 

En este debate varios participantes se han quejado de la falta de acceso a una buena infraestructura tecnológica por parte de los educadores, tanto en los establecimientos como en los hogares de los docentes. Humberto aporta al respecto: “Las Tics son una herramienta más para el docente, no son un fin en sí mismas”. A Miguel también le preocupa que respecto a los estándares propuestos por el Ministerio, “se confunde la figura y el fondo” dado que sería necesario acordar competencias pedagógicas más generales antes de definirlas por cada herramienta, señala: "Los estándares responden a las competencias y no a los recursos que se utilizan para concretar el rol ¿o deberemos generar estándares para el uso del pizarrón?" Finalmente destaco la preocupación de Ximena que señala: “Los niños de hoy son nativos digitales, si no nos preparamos tendremos serios problemas de comunicación, ya que debemos manejar su lenguaje y este lenguaje es digital”. El debate está abierto y promete ser interesante. Para seguirlo y participar vasta hacer clic aquí.

Pero parece que no nos debiera avergonzar que nuestros alumnos sepan más de conexiones entre proyectores y computadores e inserción de videos en presentaciones. Finalmente el qué tiene que decidir en qué momento este recurso apoya el aprendizaje es un docente, cuyo fuerte es la pedagogía. Las competencias relacionadas con la didáctica, son las que permiten para tomar buenas decisiones sobre estos nuevos recursos de aprendizaje.