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El texto digital: lo importante es la experiencia.

01.19.2012 | 0 Comments


Apple lo hizo de nuevo. Desde que trascendió el nuevo anuncio con foco en el mundo de los textos para educación, los rumores no se han detenido. ¿Por qué ha generado tanta expectativa este nuevo producto/servicio?

Sin duda, por el liderazgo que esta empresa ha tenido en la innovación de mercados como la música, las interfaces táctiles y los servicios en la nube. Ahora toca el mundo de los libros escolares. Pero también, porque sabemos que el texto escolar tal como lo conocemos, está llegando al fin de una era, una gran era.

La disponibilidad de múltiples fuentes de información en línea, las oportunidades de los formatos digitales, las apuestas pedagógicas por el respeto e incentivo a las diversas formas de aprender, sumados a las necesidades de incrementar la eficiencia y eficacia de los recursos para el aprendizaje, son elementos que presionan con fuerza el cambio hacia un nuevo concepto de texto escolar.

¿Cómo va a ser el texto digital?

El texto del futuro, no va a ser un texto. La próxima generación de lo que llamamos hoy “texto digital” se va a sostener sobre tecnologías de almacenamiento y software, que los mantendrán permanentemente disponibles en la nube. Sus usuarios podrán acceder a sus contenidos, independiente del dispositivo que lo soporte y la interacción estará facilitada por aplicaciones que enriquecerán la experiencia de estudiantes y docentes.

Los contenidos se caracterizarán por ser interactivos y favorecerán el trabajo colaborativo para el aprendizaje, en modalidades presenciales y remotas. En la medida que se interactúe con la oferta de recursos, esta irá volviéndose experta y adaptativa, pudiendo reconocer características de cada aprendiz y proponiendo desafíos y metas asociadas a sus estilos de aprendizaje.

Lo más importante no va ser el cambio de formato o medio de distribución de los contenidos, va a ser la experiencia de aprendizaje que estos recursos van a generar en sus usuarios.

El texto digital no será un producto, será un servicio.

Para quienes trabajamos en el desarrollo de contenidos y servicios educativos, esto representa un gran desafío y una gran oportunidad. La producción de los nuevos textos supondrá la participación interdisciplinaria de muchos talentos, junto con la necesidad de establecer vínculos permanentes con los usuarios, los que a su vez se convertirán en coautores y editores de los contenidos al preferirlos, desecharlos o localizarlos de acuerdo a sus intereses.

Para los docentes, la incorporación de este texto digital también representará una nueva oportunidad y un gran desafío. Tendrán más y mejores recursos para gestionar su labor en el aula y a la vez, contarán con más información para tomar decisiones y elaborar planes de trabajo específicos. Muchas tareas podrán ser automatizadas, para dar más tiempo a fortalecer el rol mediador del profesor, en el proceso de aprendizaje de sus alumnos.

Pero no hay que confundirse, el texto (analógico o digital) y las nuevas herramientas que Apple y otros entreguen para mejorar su desarrollo y distribución, sigue siendo nada más ni nada menos que un recurso para facilitar el aprendizaje. Potencia y optimiza, pero no reemplaza la labor y aporte que los educadores y familias tienen en el acompañamiento a cada estudiante. Más y mejores recursos para la educación, suponen también, más y mejores destrezas para utilizarlos y aprovecharlos dentro y fuera del aula.

En definitiva, en educación sigue siendo más importante la calidad de la experiencia de aprendizaje que los recursos que la facilitan. Bienvenidas entonces, las nuevas herramientas que incrementen nuevos y mejores ambientes para el aprendizaje.

El futuro de Chile será digital o no será

12.07.2009 | 11 Comments

Esta carta* es parte de una invitación de un grupo de ciudadanos, quienes estamos convencidos en la necesidad de reflexionar respecto de la sociedad que queremos. Esta es una provocación que compartimos con ciudadanos y ciudadanas de nuestro país, en el contexto de la inminente elección del Presidente del Bicentenario de Chile.


Nuestro país ha madurado. A pesar de tener heridas no completamente sanas y traumas transversales en la sociedad, Chile ya no es el mismo de hace 30 años, tampoco es la misma sociedad esperanzada con el retorno de la democracia de 1990. Vivimos los temores del cambio de siglo y encaramos, a partir del 2000, una nueva ruta, con una visión ciudadana -quizás pretenciosa pero sincera-, abiertos a un cambio en la forma tradicional de hacer política que conocíamos y dispuestos a construir un futuro inclusivo.


Chile dejó de ser ese país aislado y provinciano. Cambiaron las premisas de las personas, de las familias, de las empresas, del Estado. El nuestro es hoy un país abierto al mundo como nunca antes lo había sido, y las tecnologías, la Red, la "convivencia en la nube", nos permiten emparejar la cancha y jugar en igualdad de condiciones a nivel global.


Quienes escribimos esta carta somos padres de una nueva generación, conectada con el mundo y atenta a las oportunidades que éste les ofrece. Nuestros hijos acceden a fuentes de información y conocimiento con una dinámica y velocidad que nos asombra, que en muchas ocasiones no podemos seguir y que debemos aprender a escuchar. Este mundo sin fronteras, móvil y accesible desde las pantallas, es el ambiente natural en el que, los nuevos emprendedores se proyectan para construir innovación, desarrollar capital humano y valor agregado al país de hoy y del futuro.


La generación que vivirá intensamente el bicentenario nos desafía a responder a las nuevas necesidades y demandas de nuestra sociedad. Creemos que la tarea prioritaria para Chile en los próximos diez años es convertirse en parte activa de la sociedad del conocimiento, aportando desde nuestra riqueza y diversidad cultural. Para hacerlo, tenemos las herramientas a nuestro alcance, pero necesitamos aprender a utilizarlas creativamente. Nuestra oferta educativa debe mirar como oportunidad y no como amenaza las competencias digitales y la mirada crítica de las nuevas generaciones, para construir una propuesta de calidad que considere las habilidades del siglo veintiuno como eje del curriculum del Chile del presente.


A esta generación tenemos el deber de entregarles un país con perspectiva, con visión de largo plazo y no con formato de borrador permanente. El concepto de cambio, tan utilizado en tiempos de campaña, pero tan olvidado en otros momentos, debe ser asimilado como una necesidad inmediata. Hoy el cambio es un estado permanente. Debemos avanzar en un proceso de sincerar lo bueno, lo malo y lo feo, independiente del origen o color de esas iniciativas.


Vemos como, a la distancia, países del primer mundo y otros que fueron similares a Chile crecen, impulsando grandes reformas y proyectos país, en los cuales la tecnología y su aporte son piezas fundamentales.  En todos esos ejemplos, el Estado ha contado con una institucionalidad capaz, dotada de respaldo político y económico para encarar esta tarea, que acoge a múltiples sectores y lidera efectivamente con fuerza un proceso que nos tomará al menos diez años. Una institucionalidad que pueda definir y ejecutar una política pública de largo plazo, con capacidad de adaptarse a escenarios en permanente cambio y que no se redefina por completo cada vez que se produce un cambio de gobierno.


Nos referimos a la aplicación de la tecnología y su uso para el combate de la pobreza, palanca para una mejor calidad de vida y motor de desarrollo para que las personas accedan, entre otras cosas, a una mejor educación, mejor salud, mejor trabajo, promoviendo su capacidad innovadora y su mayor participación en todas las esferas donde su futuro se juega. Las cifras así lo indican. Según el Banco Mundial, un incremento de 10% de penetración de banda ancha genera en países como el nuestro un aumento del 1,38% en el Producto Interno Bruto. ¿Conocen nuestros economistas otro ejemplo similar? Otro modelo que el mundo nos reconoce pero que no hemos sido capaces de reproducir en otros ámbitos, es la plataforma de compras públicas Chilecompra, la cual permitió aumentar la participación de las pequeñas y medianas empresas en la compras del Estado a un 37%, más del doble de su participación en el resto de la economía. Pero pese a ello, según un estudio encargado por la Subsecretaría de Telecomunicaciones a la Universidad Alberto Hurtado, en 1 de cada 5 hogares del país no se ve valor a estar conectado a Internet.


No se trata de subirse a las modas tecnológicas de turno o a sus gadgets, sino de cómo nos integramos de manera inteligente y oportuna a la sociedad del conocimiento.  Nos subimos muy tarde al tren de la Revolución Industrial, no nos perdamos esta nueva oportunidad. Y esta oportunidad es necesariamente digital. Sea cual sea el modelo de desarrollo, la visión de largo plazo, el sueño país que queramos construir, la dimensión digital estará en su centro. Pero a quienes firmamos esta carta nos convoca, por sobre todo, la posibilidad de construir un Chile con un acceso más equitativo a las oportunidades, y es quizá ahí donde la tecnología juega su rol más transformador, al democratizar de manera radical el acceso a la fuentes de información, de conocimiento, de creación de valor, de desarrollo personal.


Estamos ciertos que es posible. Los problemas de Chile tienen que ver con todas y todos. La mejor forma -quizá la única- de iniciar un camino hacia su superación es integrando de manera activa a la ciudadanía y su creatividad en el diseño de las soluciones que den respuestas a sus necesidades. En eso, la tecnología es hoy uno de los principales medios habilitantes. Algo que en la presente campaña para escoger al Presidente de Chile por los próximos cuatro años, parece no haber sido entendido. Hablamos de fomentar la capacidad de conversar de los ciudadanos a través de estos medios y, de parte de las autoridades, a explicitar su compromiso de escuchar, responder y finalmente actuar basados en lo que dichas conversaciones generen.


Por eso, al futuro Presidente de Chile, lo invitamos a cambiar la mirada, a refrescar la visión. Lo invitamos a asumir que el futuro de Chile será digital o no será, un futuro que se lo debemos a nuestros hijos.

 

Enzo Abbagliati

Patricio Astorga

Alejandro Barros

Hugo Martínez

Paulo Saavedra

Marco A. Zúñiga


(*) Este texto está inspirado en Carta Abierta al Futuro Presidente, publicada en cuatro blogs españoles en marzo de 2008, y la Carta Abierta a Políticos y Candidatos "2.0", publicada por Paulo Saavedra en abril de 2008.

Imagen del post tomada de http://www.vladstudio.com/

TV de alta definición, no es lo mismo que TV de alta calidad.

09.15.2009 | 10 Comments

Me gusta ver televisión. La imagen tiene un gran poder comunicador y cautiva fácilmente, produciendo información, generando emociones y ampliando puntos de vista.

Soy parte del 40% que puede contratar TV por cable, por lo que hace muchos años que dispongo de una oferta de programas y contenidos mucho más amplia que la que me ofrece la TV abierta. Pero a pesar de eso, parte importante de mi tiempo de exposición frente al televisor lo ocupo mirando las señales abiertas. Es que la televisión producida en nuestro país genera identidad, pertinencia cultural. Finalmente, cuando dedico tiempo a ver un reportaje de investigación, las noticias de los canales nacionales o un espectáculo musical, asisto a un espacio común sobre el cual puedo generar conversaciones con mis amigos y compañeros de trabajo al día siguiente.

Pero no me gusta la televisión que tenemos en Chile.

Me desagrada el contenido basura, el voyerismo farandulero en el que se le da más minutos a quien habla peor del otro, el tratamiento simple y superficial del drama humano para conseguir más audiencia matutina. Me molesta la televisión que no refleja nuestra diversidad cultural y política, que monopoliza la discusión en algunos y que censura de acuerdo a los principios valóricos de los propietarios del canal, lo que podemos y no podemos ver.

Me parece insostenible que la televisión pública sea un buen negocio. No porque me moleste el lucro, sino que porque las utilidades que se consiguen consideran un capital que nos pertenece a todos: el radioespectro sobre el que se transmiten las señales.

La norma que Chile adoptará para la televisión digital es una buena noticia, sin embargo no responde a un un componente fundamental del problema: ¿cómo vamos a lograr una televisión de calidad en el país?

Los próximos pasos que seguirá la televisión digital, a través del pronunciamiento de su implementación en el parlamento, serán fundamentales para responder a esta pregunta.

Existen varias posibles opciones, la que van desde mantener y ajustar el actual modelo de negocios hasta revisar estructuralmente la política de TV pública, reasignando las frecuencias y elevando los requerimientos relacionados con los calidad de los contenidos. Sin duda, en la base de esta discusión estará el modelo de financiamiento. La buena televisión no es barata y requiere fuentes de recursos importantes. ¿Estarán dispuestos los avisadores a financiar la producción cultural y educativa, aunque esta no alcance la audiencia que hoy alcanzan los reality?

Aspiro que con la llegada de la televisión digital, pueda ver una mejor imagen y recibir un mejor sonido en mi receptor. Pero ambiciono que pueda escoger entre contenidos relacionados con historias de localidades aisladas, conocer experiencias provocadoras de chilenos y chilenas que intentan cambiar el país y que no gozan del beneficio de auspiciadores que financien la difusión y acceder a información relevante y documentada del acontecer nacional.

Ojalá que en el contexto electoral que estamos viviendo, esta discusión de fondo no “apague la tele” de los que deben decidir y enfrentar este desafío.

(imagen del post tomada de www.horzepa.com)

La Generación Interactiva en la sala de clases

11.25.2008 | 4 Comments

Fundación Telefónica acaba de entregar los resultados de un trabajo realizado en siete países latinoamericanos que busca caracterizar la penetración y uso de las nuevas tecnologías digitales en las nuevas generaciones.

El libro se llama “La Generación Interactiva en Iberoamérica. Niños y Adolescentes ante las pantallas”.  Esta basado en más de 25.000 respuestas de escolares de primaria y secundaria y de establecimientos escolares privados y públicos. Analiza penetración y comportamiento frente a Internet, Telefonía Móvil, Videojuegos y Televisión.

El estudio fue hecho sobre un cuestionario en línea que se aplicó en salas de computación de establecimientos escolares, por lo que tiene un sesgo al no abarcar a instituciones educativas que carece de acceso a Internet. Al margen de esto, los antecedentes vienen a enriquecer un ámbito de investigación educativa reciente, asociado a comprender las características de los estudiantes que hoy habitan nuestras aulas.

La gran mayoría de los niños y adolescentes acceden al uso de computadores, conexión a Internet y teléfonos móviles. Aunque subsisten brechas asociadas a las limitaciones económicas, esto no es barrera para que el uso especialmente de Internet llegue a valores casi completos (96% de los jóvenes de 17 años señala navegar en Internet). En estos datos cabe destacar el rol que el celular representa para las nuevas generaciones, el móvil es el dispositivo multifuncional, que avanza velozmente en transformarse en la herramienta que integra las diversas funciones de acceso a contenidos, comunicación y recreación.

Punto aparte merece el rol de la escuela en el ingreso de las nuevas generaciones al mundo digital. Una parte importante de los jóvenes aprende y usa Internet en sus establecimientos educacionales, pero la gran mayoría accede en lugares públicos. Los escolares que usan Internet en sus escuelas, tienden a hacer usos más intensivos de los recursos de la red y valoran más las oportunidades que les ofrece.

¿Están cambiando las formas de aprendizaje, la manera en que se procesa y genera nuevo conocimiento? ¿Qué recursos pedagógicos puede utilizar el profesor, con un alumno que permanece permanentemente conectado a poderosos recursos multimediales interactivos?

Siguiendo los datos del estudio, se constata que existen habilidades y destrezas en los alumnos, que podrían ser de gran utilidad al momento de enfrentar procesos de aprendizaje. Un ejemplo es la capacidad de realizar múltiples tareas en simultáneo, mantenerse conectado a varias fuentes de información y comunicación. Los jóvenes tienden a integrar áreas de conocimiento, propósitos recreativos y sociales y habilidades de diversos ámbitos en una misma actividad.

Finalmente hay un conjunto noticias alarmantes que también representan un desafío al sistema educativo. Una parte importante de la experiencia digital es desarrollada por los niños y jóvenes sin compañía, la interacción de la familia suele ser escasa al momento de acompañar y ser un referente frente a diversos ámbitos de la vida digital. Los datos del estudio detectan riesgos en ámbitos la seguridad personal o la despreocupación por parte de los usuarios de la propiedad intelectual. La escuela puede participar en construir una nueva cultura digital donde lo importante no sea necesariamente las destrezas de los alumnos en el manejo de los dispositivos, sino que la adquisición de capacidades superiores asociadas al uso creativo y responsable de estos nuevos medios. Se puede descargar el texto completo aquí.