Perfil Autor

Archivos Por Fecha

« noviembre 2009
lunmarmiéjueviesábdom
      
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
      
Hoy


Mi personal estéreo envejeció, mis textos escolares también.

07.01.2009 | 8 Comments

Este miércoles primero de julio, el personal estéreo cumplirá treinta años. Desde que SONY lo lanzó al mercado se calcula que al menos 385 millones de estos aparatos fueron vendidos. Quizás usted es uno de los que guardan en algún cofre de tesoros personales, uno de estos dispositivos. Es así porque en su momento acceder a estos reproductores móviles era un lujo, un hito aspiracional que requería de esfuerzos económicos significativos. Quizás también porque este “personal”, acompañó innumerables jornadas poniéndole melodías y ritmo a momentos especiales.

Desde un punto de vista más social, el personal estéreo ha sido protagonista de cambios radicales respecto de la forma como se accede, distribuye y consume música. Le dio movilidad a quienes deseaban llevar su música a cualquier lugar, venciendo la barrera que generaban anteriores dispositivos de reproducción. Facilitó la diversidad y la masificación. Al tratarse de un dispositivo individual generó mayor dispersión en los consumos de gustos e intereses musicales. El formato del cassette permitió que los contenidos musicales pudiesen ser más manipulables y duplicables. Aunque las copias iban perdiendo calidad respecto al original, de todas formas su práctica se masificó apoyándose además en nuevos dispositivos que permitían grabar cassettes con mucha facilidad. Esto permitió que la selección de los temas de las cintas dependieran más del gusto de los usuarios y no necesariamente mantenían la estructura de la producción original.

Luego vinieron el Discman para reproducir CD, los reproductores de audio difgital (conocidos como MP3) y hoy día los teléfonos móviles cuentan con capacidad de
almacenamiento y reproducción de pistas musicales.

Esto ha sido rápido a nivel de los dispositivos personales de reproducción musical. Pero no ha tenido el mismo ritmo en uno de los principales interesados: los sellos musicales. Salvo excepciones, se han obstinado en mantener el mismo modelo de distribución de sus productos, salvo que ahora no son discos de vinilo, son discos compactos. Otra industria ha comprendido mejor la evolución de este mercado, el principal actor en área es Apple, a través de su tienda en línea permite adquirir y descargar pistas de música por precios que fluctúan entre los 0,99 y 1,29 dólares (entre 526 y 685 pesos chilenos), aunque esto no es factible de realizar aún en Chile. Todo esto no está libre de debates asociados al valor real que debe cobrarse por la creación musical, nuevas formas de entender la propiedad intelectual, junto con la libertad que tiene un consumidor respecto a un producto adquirido.

Desde mi perspectiva de educador, no puedo dejar de hacer un paralelo entre lo sucedido con la industria musical y lo acontecido con la industria de generación de recursos educativos para el aprendizaje.  Las editoriales de texto parecieran asemejarse más a la tendencia conservadora de los sellos musicales. ¿Hay muchas diferencias entre el formato de los textos escolares de hoy y del entregado históricamente? Pareciera que no. La mayor parte de los recursos para el aprendizaje no se caracterizan por facilitar la movilidad de los contenidos, la diversidad de los estudiantes ni la posibilidad de ser manipulados y editados por los educadores que los utilizan.

Mientras nuestros alumnos viven experiencias en un mundo digital, producen sus propios contenidos multimediales que suben a Youtube, acuden a la red para responder a sus dudas y se conectan en comunidades de juego e intereses sin reconocer los límites geográficos tradicionales, los profesores seguimos siendo provistos prioritariamente de material analógico para desarrollar nuestras tareas.

No cabe duda que se han hecho esfuerzos por mejorar los contenidos, se ha masificado la cantidad y diversidad de textos escolares y se cuenta con mayores recursos didácticos. También existen poliíticas públicas, como educarchile, que buscan proveer una nueva generación de recursos educativos. Pero la mayor parte del tiempo escolar, se mantenie prioritariamente el formato plano y limitado del texto en papel.

Los computadores personales son hoy, lo que los personal estéreo fueron hace treinta años. No todos nuestros alumnos tienen acceso a uno de estos, pero es cuestión de tiempo para que alcance a todos los sectores de la población.

¿Qué tipo de contenidos y recursos educativos debiéramos desarrollar, para aprovechar los nuevos formatos y condiciones de acceso de los estudiantes de hoy mañana? No vaya a ser cosa, que cuando nos demos cuenta que es inevitable cambiar la forma como los producimos, ya sea demasiado tarde.

Doble clic a los aprendices digitales

04.16.2009 | 3 Comments

 

Estamos ante una nueva generación de aprendices.

Mientras en el año 2004, tres de cada diez alumnos señalaban poseer un buen o experto conocimiento de Internet, en el 2006 esta cifra se eleva a seis de cada diez estudiantes.

La evolución que muestran los datos del Índice de Generación Digital, respeto a la autopercepción que tienen los alumnos sobres sus competencias digitales, mantiene una sostenida tendencia positiva. No sólo aumenta el nivel de conocimiento, sino que también se acortan las brechas entre los jóvenes de diversos niveles socioeconómicos.

Acostumbrados a constatar y analizar resultados insatisfactorios de aprendizajes de los alumnos del sistema escolar, los datos que entrega el IGD asombran. Guardando las distancias necesarias con los instrumentos estandarizados de mediciones de calidad de los aprendizajes escolares, los avances en la autopercepción de destrezas instrumentales sobre Internet, son una muy buena noticia.

¿Cómo ocurre esto, considerando que en el marco curricular no existe una dedicación horaria para incorporar estas competencias en el plan de clases regulares?

La pregunta se hace más pertinente al revisar las respuestas de los jóvenes respecto a la percepción que tienen del tiempo destinado por los profesores a enseñar el uso de Internet, sólo alrededor de un tercio señala que se dedica bastante o mucho tiempo.

¿Están aprendiendo solos a usar Internet los alumnos?

Los jóvenes no “aprenden Internet”, lo que hacen es adquirir herramientas instrumentales para poder acceder a servicios, beneficios y recursos del mundo digital. Desarrollar competencias informáticas no es un fin en si mismo, es un prerrequisito para poder gozar de la experiencia de comunicarse a través de la red, encontrar información de valor para sus necesidades escolares y sociales o acceder al mundo del entretenimiento digital.

Internet se aprende usando. Probablemente para algunos grupos de alumnos aún es necesario definir estrategias didácticas formales, que les permitan obtener los conocimientos necesarios para dominar adecuadamente las herramientas de la red. Pero la gran mayoría, aprende como respuesta a la necesidad de manipular estas herramientas para pasar a un nivel superior de aplicaciones y servicios.

Si el ritmo de adquisición de estas habilidades se mantiene, es posible que los alumnos provenientes de niveles socioeconómicos más bajos, logren alcanzar en poco tiempo más una similar autopercepción a la que poseen los jóvenes de estratos sociales más altos, en relación a sus conocimientos. Esto, también es inédito en el sistema escolar.

¿Se completará entonces la meta de cerrar la brecha digital? En poco tiempo más disponer de habilidades instrumentales para explorar la red, manipular buscadores, acceder y administrar fuentes de información o gestionar ambientes virtuales de comunicación, no será una meta relevante.

El desafío será enfrentar la brecha respecto al impacto positivo que este conocimiento puede tener en el mejoramiento de aprendizajes o en el estímulo del desarrollo de habilidades transversales como la creatividad, la comunicación o el pensamiento lógico.

El sorprendente conocimiento logrado por los alumnos en el uso de Internet es una buena noticia, pero al mismo tiempo un desafío para que las aplicaciones concretas que puedan realizar con esta poderosa herramienta, incrementen el logro de metas en ámbitos superiores del conocimiento.

Las diferencias que subsisten y se incrementan entre alumnos, padres y profesores respecto al conocimiento de esta herramienta, no son una buena noticia.

En el caso de los padres, existe una correlación directa entre su posición socioeconómica. Mientras más deprivada es la situación, más brecha se presenta entre padres e hijos en el conocimiento de Internet.

¿Cuáles son los riesgos que esto representa?

No es malo que los alumnos logren destrezas superiores a sus padres. Lo inadecuado es que esto límite las posibilidades de los adultos, para actuar como intermediadores y contenedores de las experiencias que los jóvenes viven en la red. No comprender ni entender lo que los hijos hacen en la Internet, disminuye las posibilidades de comunicación eficiente y puede producir aislamiento en los adolescentes, impactando negativamente en la imprescindible generación de espacios de confianza y diálogo intergeneracional.

La inclusión digital de los adultos de niveles socioeconómicos más precarios, parece ser una tarea pendiente y urgente.

En opinión de los alumnos, los profesores han bajados sus niveles de conocimiento de Internet. El 2006 consideraban que 8 de cada 10 poseían un conocimiento adecuado o experto, el 2008 la percepción baja a 7 de cada 10.

¿Aumentaron los profesores que no saben navegar en Internet? No pareciera ser así, incluso se podría suponer que el resultado debiera ser opuesto, dado el ingreso de docentes jóvenes que provienen de generaciones con acceso frecuente y recurrente a las herramientas digitales.

¿Cómo se explica entonces esta disminución en la percepción de los alumnos, respecto a sus profesores?

Los profesores no han disminuido sus conocimientos de Internet, lo que ha sucedido es que los alumnos han sofisticado su percepción acerca del conocimiento aceptable o experto.

Esta interpretación no implica justificar esta brecha, abre nuevos desafíos respecto a la necesidad de definir con mayor precisión cuáles son los niveles de destrezas que debe tener un profesor del siglo veintiuno, en relación a las herramientas digitales.

Si bien los recursos digitales son altamente valorados en el mundo escolar, su uso frecuente pareciera ser aún un tema pendiente. La mayor parte de los estudiantes señala que nunca se comunican con sus profesores por la red y que nunca o escasas veces la Internet se usa en clases para enseñar.

Probablemente acá influyen nuevamente la preparación de los educadores. También refleja la necesidad de mejorar la dotación de tecnología en el sistema escolar, junto con la demanda por mejorar la calidad del acceso a Internet. En un plano más desafiante, los datos muestran la necesidad de contar con contenidos y recursos digitales educativos que justifiquen el esfuerzo de incorporar este nuevo formato de recursos didácticos, a las salas de clases.

Los nuevos aprendices no están accediendo a incrementar sus habilidades, por el sólo hecho de ser un objetivo aceptable y deseable. Están aprendiendo a manejar nuevas herramientas de forma instrumental, para poder acceder a servicios de mayor valor y calidad.

Esa es una buena noticia, que contiene señales que deben ser incorporadas a los procesos formales de educación y formación.

(el texto de este blog es parte del libro Estudio Índice Generación Digital 2004-2008).