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¿Qué es lo que no va a lograr la ley de propiedad intelectual?
09.29.2009 | 9 Comments
En estos días se votará en nuestro parlamento una nueva Ley de Propiedad Intelectual. Con esto se espera modernizar la legislación correspondiente y ponerla al día, frente a las nuevas oportunidades de distribución de contenidos en formatos digitales.
Sin ser un experto en propiedad intelectual, creo que no es difícil constatar que este esfuerzo legislativo no va a ser suficiente, para regular el creciente fenómeno de la descarga de contenidos desde la red.
Primero, porque está comprobado que intentar “gobernar” lo que circula o no circula en Internet es imposible. Quien insista en hacerlo, me temo que no ha logrado comprender la naturaleza de la red de redes.
Segundo, porque el límite entre el control al acceso a contenidos protegidos intelectualmente y la censura es demasiado sutil. Terceros decidiendo lo que podemos o no podemos ver, escuchar o leer, aunque sea en defensa de los derechos de los generadores de contenidos, me evoca un tipo de control social que no resiste la globalidad y diversidad que hoy defienden las sociedades democráticas.
Tercero, porque por cada sitio de descarga sancionado o cerrado, aparecen en cuestión de minutos, múltiples nuevas alternativas. Más de alguno se acordará de la experiencia de Napster, uno de los primeros sitios para compartir e intercambiar música en la red. Al poco tiempo de la censura y cierre obligado de este sitio, proliferaron una variedad de alternativas.
Cuarto, porque los consumidores de contenidos nos estamos convirtiendo, gradualmente, en productores de contenidos. El problema es que esta legislación está pensada para garantizar los derechos de los grandes proveedores de contenidos, de tal forma que usted puede terminar sancionado (luego de un largo y engorroso proceso) por descargar ilegalmente una canción. Pero aún no tenemos una legislación que nos proteja si su banco vende sus antecedentes comerciales a una tercero (que también son contenidos de su propiedad), o si su ISAPRE entrega sus datos a cadenas farmacéuticas. Tampoco es trivial impedir que un tercero haga un uso inadecuado de una foto con su imagen, sea esta de de su propiedad o no.
Quinto, porque falta lo más importante: promover una educación que genere una adecuada cultura digital, que nos responsabilice de lo que hacemos en los espacios virtuales que compartimos entre todos. Generar nuevas y sofisticadas normas y sanciones para promover el respeto a los derechos intelectuales es, básicamente, desconfiar de la capacidad de los ciudadanos para autoregularnos. Esto no tiene nada de nuevo. Lo novedoso sería contar con políticas para promover una cultura que respete las creaciones de los otros, sean estas, de los grandes sellos discográficos o de autores independientes y alternativos.
Los medios digitales están evolucionando hacia nuevos espacios de intercambio, en los cuáles no será necesario en un tiempo más “descargar” la música o el libro que me interesa. Los podremos disfrutar en la red. ¿Me sancionarán por compartir mis gustos musicales con usuarios en redes internacionales (como lo que ofrece last.fm)? ¿Mi proveedor de Internet me impedirá el acceso a Facebook, porque en la página de algún amigo hay vídeos publicados, sin los derechos correspondientes? ¿Será castigable legalmente, proyectar en clases una parte de una película, sobre la cual no contemos con los derechos de reproducción?
No me opongo a la defensa de los derechos intelectuales (de hecho, esperaría que quienes copien parte mis blogs, lo hagan señalando al autor). Sin una adecuada defensa y protección de los derechos de propiedad intelectual, podríamos poner en riesgo a nuestra industria de generación de contenidos.
Pero, insisto, la solución no la encontraremos en leyes que generen más y sofisticados castigos. El esfuerzo más efectivo debiera estar en educar, educar y educar.
Imagen de este blog, tomada de http://elblogdehistoriaeconomica.blogspot.com/
TV de alta definición, no es lo mismo que TV de alta calidad.
09.15.2009 | 10 Comments
Me gusta ver televisión. La imagen tiene un gran poder comunicador y cautiva fácilmente, produciendo información, generando emociones y ampliando puntos de vista.
Soy parte del 40% que puede contratar TV por cable, por lo que hace muchos años que dispongo de una oferta de programas y contenidos mucho más amplia que la que me ofrece la TV abierta. Pero a pesar de eso, parte importante de mi tiempo de exposición frente al televisor lo ocupo mirando las señales abiertas. Es que la televisión producida en nuestro país genera identidad, pertinencia cultural. Finalmente, cuando dedico tiempo a ver un reportaje de investigación, las noticias de los canales nacionales o un espectáculo musical, asisto a un espacio común sobre el cual puedo generar conversaciones con mis amigos y compañeros de trabajo al día siguiente.
Pero no me gusta la televisión que tenemos en Chile.
Me desagrada el contenido basura, el voyerismo farandulero en el que se le da más minutos a quien habla peor del otro, el tratamiento simple y superficial del drama humano para conseguir más audiencia matutina. Me molesta la televisión que no refleja nuestra diversidad cultural y política, que monopoliza la discusión en algunos y que censura de acuerdo a los principios valóricos de los propietarios del canal, lo que podemos y no podemos ver.
Me parece insostenible que la televisión pública sea un buen negocio. No porque me moleste el lucro, sino que porque las utilidades que se consiguen consideran un capital que nos pertenece a todos: el radioespectro sobre el que se transmiten las señales.
La norma que Chile adoptará para la televisión digital es una buena noticia, sin embargo no responde a un un componente fundamental del problema: ¿cómo vamos a lograr una televisión de calidad en el país?
Los próximos pasos que seguirá la televisión digital, a través del pronunciamiento de su implementación en el parlamento, serán fundamentales para responder a esta pregunta.
Existen varias posibles opciones, la que van desde mantener y ajustar el actual modelo de negocios hasta revisar estructuralmente la política de TV pública, reasignando las frecuencias y elevando los requerimientos relacionados con los calidad de los contenidos. Sin duda, en la base de esta discusión estará el modelo de financiamiento. La buena televisión no es barata y requiere fuentes de recursos importantes. ¿Estarán dispuestos los avisadores a financiar la producción cultural y educativa, aunque esta no alcance la audiencia que hoy alcanzan los reality?
Aspiro que con la llegada de la televisión digital, pueda ver una mejor imagen y recibir un mejor sonido en mi receptor. Pero ambiciono que pueda escoger entre contenidos relacionados con historias de localidades aisladas, conocer experiencias provocadoras de chilenos y chilenas que intentan cambiar el país y que no gozan del beneficio de auspiciadores que financien la difusión y acceder a información relevante y documentada del acontecer nacional.
Ojalá que en el contexto electoral que estamos viviendo, esta discusión de fondo no “apague la tele” de los que deben decidir y enfrentar este desafío.
(imagen del post tomada de www.horzepa.com)
Más tecnologías en la sala de clases, ¿y qué pasará con los contenidos?
09.14.2009 | 13 Comments
Cuando yo estaba terminando mi educación básica (sólo treinta y un años atrás), el profesor de ciencias naturales (asignatura predecesora de “comprensión del medio”) nos sorprendió llevando una máquina de proyección de diapositivas, acompañada de un reproductor de cassette. Con estos recursos convirtió la sala de clases tradicional en un sala de proyección multimedial. Lamentablemente, esta experiencia se limitó a tres colecciones de diapositivas disponibles.
En la Universidad conocí el retroproyector, que permitía que cualquier impreso (texto, imágenes, diagramas) pudiesen ser presentadas a todo el curso. Esta tecnología le agregó un componente fundamental al uso de nuevos recursos en el aula: la personalización del contenido. Con las transparencias (o acetatos como las llamaba un profesor español) era posible para el docente, crear su propia selección de elementos.
Los actuales herederos de estas innovaciones que me tocó observar como alumno, son posiblemente el uso del power point y similares y más recientemente el uso de las pizarras interactivas digitales.
No hay que olvidar que se tratan de herramientas, por lo que el sentido final de su uso en el aula, está determinado por el propósito que le asigne el educador que las incorpora en su ejercicio docente.
Hay varios formas posibles de lograr impactos con tecnologías en la sala de clases.
La más ambiciosa, considera que incorporar dispositivos de última generación puede facilitar cambios estructurales en cómo se organiza y desarrollan las actividades de aprendizaje y enseñanza en la sala de clases. Con las actuales pizarras interactivas, por ejemplo, los alumnos podrían asumir un rol protagónico en la resolución de problemas simulados en la pantalla y el docente tendría un rol de facilitador al generar condiciones adecuadas para que el aprendizaje ocurra.
Las más tradicionales ven las tecnologías en el aula como una forma de mejorar la eficiencia del rol docente de transmisor de contenidos. Una presentación en power point permite que el educador ordene con anticipación la secuencia que desea transmitir y planifique mejor el uso del tiempo. Los profesores pueden además usar innumerables veces la presentación, modificarla y compartirla permitiendo un importante ahorro de tiempo.
En un punto intermedio entre las anteriores opciones, está en la posibilidad de enriquecer la calidad del contenido que se transmite en la sala de clases. Conceptos abstractos pueden ser más fáciles de entender, gracias a un buen simulador que se proyecta desde un computador. También el uso de recursos multimediales (como la videoteca que ofrecemos en educarchile) pueden facilitar la atención y motivación de los alumnos y permitir que el docente se concentre en facilitar el diálogo y generar actividades que permitan obtener los aprendizajes deseados.
Se puede estar más o menos de acuerdo con las posibles formas de uso de la tecnología descritas, pero hay algo transversal en cualquiera de estas opciones: se requieren contenidos de calidad.
Por eso, es preocupante que en las propuestas de los candidatos presidenciales en lo relacionado con tecnologías para educación haya un énfasis en cuántos computadores, pizarras interactivas y calidad de banda ancha dispondrán los alumnos y no en qué contenidos se desarrollarán para enriquecer las experiencias de aprendizaje.
La decisión del uso y propósito de las tecnologías de aula será tomada, con mayor o menor acierto, por cada directivo y equipo escolar. Pero la disponibilidad de buenos contenidos, asegurará que la decisión pueda fundarse sobre distintas opciones.
De otra forma y al igual que lo ocurrido con mi profesor de ciencias naturales de educación básica, la tecnología quedará limitada a una oferta limitada de diapositivas y cintas de audio.
(Imagen del blog tomada de http://www.suissedu.org/)
Computadores para todos. ¿Promesa electoral o política de estado?
09.03.2009 | 14 Comments
Si tomamos en serio las promesas y anuncios de los candidatos presidenciales, en los próximos años todos los alumnos, de todos los estratos sociales tendrán acceso a un computador personal, acceso a Internet y vivirán su jornada escolar en aulas digitalmente equipadas. Así por lo menos, se desprende de los anuncios de Sebastián Piñera en la cena de la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de la Información y de las declaraciones de Marco Enríquez Ominami a la campaña ciudanada "Un computador por niño". Probablemente en los próximos meses, Eduardo Frei se pronuncie en forma similar sobre el tema.
Creo que es una buena noticia. Fundamentalmente porque da una señal del valor que tiene hoy, para las políticas públicas, el acceso equitativo a las tecnologías de la información y comunicaciones.
Si el estado moderno intenta procurar igualdad de acceso a educación, justicia, salud, vivienda, por que no pensar que en este rol de protección social, nuestros gobernantes también deben asegurarnos acceso equitativo a las herramientas digitales.
Otra cosa es pretender que la distribución masiva de computadores va a modernizar el sistema educativo, generar nuevas capacidades en nuestro capital humano, diversificar nuestra economía, mejorar la distribución de la riqueza y democratizar el acceso a la información.
Me temo que el asunto es un poco más complejo.
No dudo que un estudiante, al tener acceso permanente a un computador personal conectado a Internet (esto último también debe ser una condición de base), adquirirá una sólida cultura digital y mejorará considerablemente sus oportunidades de acceder a contenidos relevantes para su desarrollo personal.
Pero esto no es suficiente para mejorar los deficientes indicadores de calidad de los aprendizajes en nuestro sistema escolar. Computadores para todos los alumnos, no generan automáticamente mejoras en la comprensión lectora, ni incremento en el desarrollo de habilidades matemáticas.
Para lograr impactos educativos con las tecnologías de información se debe contar, entre otras cosas, con una infraestructura digital adecuada (que evite que el profesor requiera invertir tiempo y preocupación en asuntos tecnológicos), contenidos que aprovechen las capacidades técnicas de las herramientas informáticas (no es muy rentable hacer con tecnologías, lo que se hace mejor sin tecnología) y estrategias de capacitación y acompañamiento para los docentes.
Insisto en el punto de la adecuada capacitación y preparación de los docentes. En la euforia de distribuir equipamiento informático a todos los estudiantes, es fácil subvalorar el rol de mediación y facilitador que deben tener los educadores. Para tener impacto educativo sostenible, las herramientas digitales deben ser usadas con objetivos educativos. Esto requiere de tiempo para planificar usos de las tecnologías, que garanticen experiencias de aprendizaje. De otra forma tendremos, por ejemplo, muchos alumnos chateando con amigos de diversas partes del mundo, pero sin capacidad de ordenar en un texto sus ideas en forma coherente.
No basta entonces, saber cuántos computadores distribuirá cada candidato y cuánto costará esta medida. Es fundamental saber al menos, qué se pretende lograr y cómo se evaluarán estos resultados. Así podemos garantizar que las ofertas electorales para estos próximos cuatro años, se transformen en políticas de mediano y ojalá largo plazo.
(Ilustración del post tomada de http://www.melipilla.cl)
