En el corto plazo, el incremento de precios del petróleo, en combinación con la incipiente subida que se aprecia en las tasas de interés a largo plazo y los déficit presupuestarios sustanciales que enfrentan los países desarrollados a raíz de sus planes de estímulo fiscal para enfrentar la recesión, son factores que amenazan con dificultar la recuperación de la economía mundial. Los mercados se enfrentarían a una significativa corrección en los próximos meses, ya que los datos macroeconómicos no necesariamente serán buenos. Si el precio del petróleo se acercase a los 100 dólares por barril a finales de año, supondría un shock negativo para la economía, de acuerdo al pronóstico de Nouriel Roubini, quien augura que en los próximos meses el desempleo en EEUU podría alcanzar el 11 por ciento, desde el 9,4 por ciento actual, mientras que en la UE podría llegar al 10 por ciento. Pero la incertidumbre sobre la evolución de la salida de crisis no es el único tema que preocupa a los actores económicos respecto a la economía internacional. Otro aspecto crucial es el del futuro del dólar como medio de pago y de reserva en escala internacional, en circunstancias en que este se ha desvalorizado respecto a otras monedas en lo que va de año, especialmente ante el euro. El gobernador del Banco de China, Zhou Xiaochuan, ha planteado avanzar hacia una nueva moneda internacional, que podría tener características similares a la cesta de divisas que maneja el Fondo Monetario Internacional (FMI) conocida como Derechos Especiales de Giro. La idea del jefe del banco central chino consiste en crear una divisa desvinculada de una nación particular y que sea estable a largo plazo. No obstante, reemplazar al dólar es sumamente complejo (representa hoy el 65% de las reservas). Se necesitaría antes que nada que el país o la región de origen de la nueva moneda superase económicamente a EE UU. Atendiendo a ese requisito, el euro podría ser el más claro rival del dólar, a no ser que China forjara con otros países asiáticos una unión económica y monetaria todavía mayor. Nouriel Roubini, nuevamente, advierte de que antes de lo que se piensa, el billete verde se verá retado por otras divisas y apuesta por una cesta de divisas asiática basada en el renminbi chino. Roubini cree que el Siglo XXI será el de China y Asia, aunque reconoce que el dólar no perderá de un día para otro su soberanía y que los países no tendrán otra opción que seguir acumulando dólares durante algún tiempo. Que el dólar sea la principal moneda de reserva ayuda a la economía norteamericana a obtener financiamiento en condiciones favorables. Pero cada vez hay más países que quieren poner límites a su acumulación de activos en dólares. Brasil, Rusia, India y China, las grandes economías emergentes del grupo BRIC representan el 15% del PIB mundial y manejan el 42% de las reservas mundiales en dólares. Por eso, reunidos en junio en Ekaterimburgo (Rusia) hablaron de cómo evitar el dólar en sus propias transacciones, utilizando en su lugar sus respectivas monedas, en lo que podría ser el primer paso en un cambio de la arquitectura del sistema de reservas. Es evidente que el grupo BRIC desea desempeñar un papel más relevante en la escena global. Pero no es tan claro que puedan sustentar en el corto plazo una alternativa viable que les permita romper vínculos con el dólar, que seguirá siendo la moneda dominante en las transacciones internacionales en el horizonte cercano.