21 de Mayo: el lado "B" de los 687 mil empleos
May. 22 , 2012
Gonzalo Durán Sanhueza, Economista Fundación SOL, Twitter: @lafundacionsol
El siguiente, es un extracto del discurso del 21 de Mayo. En 67 palabras y 333 letras, el Presidente Piñera sintetiza y comunica lo que parece ser uno de los mayores logros de esta cuenta pública. Ello, al menos en lo concerniente al mundo del trabajo.

Utilizando la misma fuente de información que usa el Gobierno, esto es, la base de micro-datos de la Nueva Encuesta Nacional de Empleo (NENE) se puede señalar que:
• En los últimos 24 meses, se han creado 687 mil nuevos empleos. De ellos, el 74% es: trabajo por cuenta propia, familiares no remunerados, servicio doméstico y asalariado externalizado. Sólo un 26% está contratado directamente por la empresa donde trabaja.
• Un 99% de los nuevos "cuentapropistas" son empleos de medio tiempo, un 88% es de baja calificación y más del 60% son subempleados (es decir personas que trabajan menos de 30 horas a la semana y quisieran trabajar más).
• El otro grupo importante, los asalariados externalizados, se componen básicamente por la categoría "suministro", esto es, aquel demandado por las Empresas de Servicios Transitorios (EST). En España a este tipo de empleo le llaman "trabajo basura" (las famosas ETT).
Para testear la calidad/precariedad de los empleos tercerizados versus aquellos que son directamente contratados, un buen ejercicio es ejecutar una prueba econométrica utilizando el Índice de Empleo Protegido que calcula Fundación SOL. En particular, lo que se busca será responder a la siguiente pregunta: ¿cómo afecta a la probabilidad de tener empleo protegido el hecho de ser externalizado/a?. Los resultados son los esperados: "ser un trabajador/a externalizado/a en Chile, REDUCE la probabilidad de tener un empleo protegido en a lo menos un 10%, respecto a un trabajador directamente contratado".
Si sometemos el subempleo a la prueba econométrica para revisar precariedad, los resultados son todavía más rotundos: "ser un subempleado/as, REDUCE la probabilidad de tener un empleo protegido en a lo menos un 30%, respecto a un trabajador que no es subempleado".
¿Qué nos dice este examen?
Que tanto subempleo como subcontrato, suministro y enganche de trabajadores AUMENTA la probabilidad de que existan empleos precarios. Omitir estos elementos del análisis llevan a un diagnóstico trastocado e ilusorio.
Si lo que se busca es cumplir con una meta de empleos de calidad, se debe evitar el subempleo y contener la tercerización. Ambas cuestiones, son particularmente relevantes en tiempos de crisis económica, momento en el cual, subempleados y tercerizados serán los primeros en perder sus fuentes de trabajo.
En el caso de las mujeres la situación es aún más extrema: del total de empleos creados sólo un 9% es asalariado directo, el 91%, es decir 330 mil nuevos empleos femeninos corresponden a suministro de trabajadoras, subcontratación, enganche informal, trabajo por cuenta propia (mayoritariamente no calificado y de bajos ingresos), trabajos no remunerados por la vía de la figura del familiar no remunerado y servicio doméstico.
La cuenta pública deja un sabor amargo pues pretende mostrar como bueno algo que no lo es.
Lo que no puede faltar este 21 de Mayo en la Agenda de Trabajo
May. 20 , 2012
Gonzalo Durán Sanhueza, Economista Fundación SOL, Twitter: @lafundacionsol
Una cuenta pública que aborde los problemas críticos del trabajo, debiera:










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Inflación de los alimentos: Historias de desigualdad y sobrevivencia
May. 09 , 2012
Gonzalo Durán Sanhueza, Economista Fundación SOL, Twitter: @lafundacionsol
Recientemente la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicó su informe mensual sobre la situación en el precio de los alimentos. Chile alcanza un 9,8% anual y se ubica en el tercer lugar entre los países con mayor inflación alimentaria, superado por Nicaragua (10,9%) y Venezuela (31,3%).
Del informe de precios alimentarios de la FAO, Fundación SOL ha desarrollado el Índice de Brecha Alimentaria, definido como las veces que la inflación alimentaria de la FAO está comprendida en la inflación general del país. Así, un índice cuyo valor es de 2, significa que en dicho país, la inflación alimentaria equivale al doble de la inflación general.
Al realizar el cálculo, se constata que dentro de los países de América Latina, Chile es la nación que tiene el mayor Índice de Brecha Alimentaria con un 2,6. Es decir, la inflación alimentaria equivale a 2,6 veces la inflación general. Siendo éste un dato clave en el bienestar del chileno medio, es poca la tribuna que se le ha dado.
Para Roberto Méndez, director de Adimark GfK, el Presidente Piñera seguirá descendiendo en su aprobación mientras no se solucione el alza que han experimentado los productos básicos.
La elevada inflación alimentaria en Chile (9,8%) y alto Índice de Brecha Alimentaria (2,6 veces), junto con agudizar la brecha de desigualdad existente en Chile, sugieren una situación de mayor vulnerabilidad para los grupos pertenecientes a los primeros quintiles de la población, debido a que ellos destinan un mayor porcentaje de sus ingresos al consumo de bienes y servicios de primera necesidad (Capehart and Richardson 2008).
Una alta inflación alimentaria, debe ser una señal de alerta al momento de observar que pasa con los salarios de la economía. En particular, economías altamente desiguales - como es el caso chileno - deben preocuparse mucho más del impacto que tiene el IPC alimentario sobre los salarios. En efecto, de acuerdo a los datos del INE, entre marzo de 2011 y marzo de 2012 los salarios crecieron en términos reales (después de inflación "general" ) en un 2,7%. No obstante lo anterior, y atendiendo al hecho que un 76% de los trabajadores/as gana menos de $350.000, si se ajusta por inflación alimentaria (9,8%), existe una franja relevante de personas que disminuyó su salario en términos reales (la inflación para ellos, fue mayor que el aumento nominal de sus salarios, al final, pierden poder adquisitivo, se empobrecen).
Un rasgo inquietante del espiral inflacionario alimentario, dice relación con sus causas. Se puede destacar que una de las principales razones que explica este aumento en los precios tiene que ver con situaciones climáticas (sequías) y aquellas derivadas del comportamiento especulativo en los precios. Este último aspecto hace mención a la marcada diferencia entre los precios “iniciales” y el precio final que enfrenta el consumidor; en este sentido, las empresas además de traspasar el efecto asociado al aumento de los precios de las materias primas, añaden un componente de ganancia neta (adicional a la que ya tenían).
Además, a nivel mundial y luego de la crisis financiera internacional, existe una tendencia a la compra de tierras por parte de especuladores, y debido a la expansión de los agro-combustibles se observa un desvío en el uso de las tierras, estimándose menos áreas para cultivar frutas, verduras y granos.
Para los próximos meses se proyecta una complicada situación por cuanto no se avizora una reducción en los precios de los alimentos disminuyendo la probabilidad de que exista un quiebre en esta tendencia.
Para Johnson (2008), el uso de nuevos indicadores de monitoreo, también compete al Banco Central. En este sentido, la política monetaria, basada exclusivamente en observar que pasa con la inflación general, estaría excluyendo el importante y cada vez más significativo fenómeno de la inflación de los alimentos. Parece ser el caso chileno.
La inflación en Chile, suele ser observada como una variable mansa. Se reconoce su importancia, pero se estima que en el mediano y largo plazo el Banco Central la tiene bajo control. No obstante, la nueva evidencia, trae al tapete - nuevamente - la inconveniencia de utilizar promedios. Ello es particularmente relevante en sociedades altamente desiguales: ya lo vimos en Aysén (el IPC nacional no demuestra el costo de vida para la región) y lo vemos ahora con el Índice de Brecha Alimentaria.
Lo que devela el alza de los precios de los alimentos en relación con los bajos salarios, es la dificultad que pesa sobre la mayoría de la población chilena para satisfacer sus necesidades más básicas de forma autónoma y sin endeudamiento. Se trata, en resumidas cuentas, de una amenaza a la reproducción fisiológica. Ello, en un orden económico que se suele presentar como la cumbre del progreso humano.

Las 12 caras de nuestro 1° de Mayo
May. 02 , 2012





1° de Mayo, Día Internacional del Trabajo
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El análisis de calidad del empleo que no vio el presidente
Apr. 27 , 2012
Por Gonzalo Durán Sanhueza, Economista Fundación SOL, Twitter: @lafundacionsol
El pasado 24 de Abril, en el marco de la Feria Laboral de Santiago, el presidente Sebastián Piñera junto a la Ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, anunciaba que los cerca de 711 mil empleos creados durante su administración, son empleos de calidad. A la luz de los datos, es importante refinar conceptos y precisar si técnicamente corresponde dar la señal de una buena calidad en los puestos de trabajo.
¿Qué se entiende por calidad en materia de empleo? De acuerdo a la XVIII Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo, del año 2008, el análisis de la calidad, debe realizarse teniendo en consideración cuatro dimensiones básicas, a saber: i) la precariedad desde el lado de la oferta de trabajo, es decir, subempleo visible (o trabajo parcial involuntario); ii) la precariedad desde el lado de la demanda de trabajo, es decir, empleos estables y protegidos; iii), la precariedad en el ejercicio de los derechos colectivos de trabajo; y finalmente, iv) la precariedad en los sueldos e ingresos derivados del trabajo.
Veamos que nos advierten los datos.
i).- Subempleo Visible. En Chile, hay 590 mil personas que clasifican como trabajadores de tiempo parcial involuntario, es decir, que trabajan menos de 30 horas pero quisieran trabajar más, lo cual es un componente importante de lo que algunos analistas llaman “desempleo de medio tiempo”. Para retratar la delicadeza de este fenómeno, se puede ilustrar, por ejemplo, que un 11% trabaja tan sólo de 1 a 5 horas a la semana y un 20% de 6 a 10 horas. Ahora bien, considerando el total de subempleo medido sobre los trabajadores de tiempo parcial, en Chile este es de 56,2% (casi lo mismo que hace 12 meses, cuando llegaba a 56,1%), lo que es casi el triple del promedio de los países de la Unión Europea, donde se contabiliza un 21%. Este elemento, junto a la elevada temporalidad en los contratos de trabajo, provocó que la OECD en su flamante reporte The Life Better Index pusiera a Chile como el peor país en cuanto a la dimensión sobre calidad de empleo.
ii).- Empleo Protegido. Se entiende por empleo protegido aquél que tiene contrato indefinido de trabajo y la presencia de las tres cotizaciones (salud, previsión y seguro de cesantía). Nuestro escenario laboral al respecto, nos muestra que solo el 62% (439 mil) de la variación del total de ocupados (711 mil) corresponde a un empleo con contrato escrito, indefinido, liquidación de sueldo y cotizaciones para pensión, salud y seguro de desempleo. Para el trimestre diciembre-febrero 2012 sólo un 39,8% del total de ocupados y un 52,7% de los asalariados presentan un empleo protegido. De hecho, en relación a 12 meses atrás (diciembre-febrero 2011) la protección del empleo asalariado ha disminuido en 0,4 puntos porcentuales (53,1%).
iii).- Derechos colectivos. En esta materia un 7,5% de los trabajadores asalariados tiene contrato colectivo de trabajo con derecho a huelga. Esto nos pone en el penúltimo lugar de los 34 países OCDE. Además, habiéndose creado cerca de 500 mil nuevos puestos de trabajo en 2010, los reajustes iniciales de la negociación colectiva, no superaron el 1% sobre inflación.
iv).- Salarios. En el plano salarial tampoco se podría hablar de calidad. De una parte, se tiene un problema estructural de bajos ingresos, con cerca de un 76% de los trabajadores ganando menos de $350 mil pesos (cifra equivalente al sueldo ético "a la Goic" ajustado al 2012 y es además menos de la mitad del Salario Mínimo promedio de los países OECD ajustado por Paridad de Poder de Compra). De otra parte, se tiene que, en 2011, habiendo crecido la economía en un 6,3%, los salarios experimentaron un aumento real de un exiguo 1,8%, y buena parte de dicho incremento fue absorbido por la llamada "Aristocracia Trabajadora", es decir, por los ejecutivos, y altos gerentes. Es más, en 2011, los gerentes generales tuvieron un aumento real en sus remuneraciones de un 15%.
Adicional a estas 4 dimensiones, es importante señalar que, de los 711 mil nuevos empleos, cerca de 330 mil son tercerizados (los cuales tienen sueldos un 30% más bajo que los contratados directamente y con escaso poder de organización colectiva) y 180 mil corresponden a trabajos por cuenta propia, familiares sin remuneración y servicio doméstico (en los trabajadores por cuenta propia, más del 80% es no calificado).
Tomando en cuenta este marco de análisis y en base a la información oficial que surge tanto de las encuestas oficiales del Estado como también de los registros administrativos, se puede concluir que, contrario al sentir del presidente, la calidad del empleo y de los nuevos puestos de trabajo, tiene fisuras relevantes que encienden luces de alarma respecto a nuestra realidad laboral, las que de no ser percibidas, pueden agudizar la experiencia de malestar en el mundo del trabajo. Ad portas del primero de Mayo, estas cosas no debiesen pasar por alto.
¿Estamos en pleno empleo? ¿sí o no?
Apr. 13 , 2012
Por Gonzalo Durán y Marco Kremerman, economistas Fundación SOL
Durante los últimos días se ha generado un tibio debate sobre las cifras de empleo y desempleo en Chile. La tasa de desocupación llegó a 6,4% en el trimestre móvil diciembre-febrero 2012 y se registra en los últimos 23 meses una variación de 712 mil ocupados.
Mientras el Gobierno celebra el resultado y nos dice que ya se ha alcanzado más del 70% de la meta presidencial del millón de empleos, que estamos cerca del pleno empleo y que incluso en algunos sectores se requiere traer trabajadores extranjeros, la economista Andrea Repetto de la Univesridad Adolfo Ibañez, a través de algunas columnas de opinión, argumenta que por efectos de la Nueva Encuesta de Empleo (NENE) y el cambio en el cuestionario para determinar quién está ocupado o no, las cifras no son comparables con años y gobiernos anteriores, crítica a la que se han plegado algunos políticos de la Concertación.
Veamos algunos puntos para desenredar la madeja e ir al fondo de un asunto de relevancia nacional.
Efectivamente, la Nueva Encuesta de Empleo comenzó a adoptarse de manera oficial desde el trimestre enero-marzo 2010 y de manera no oficial (se tomó en forma paralela con la antigua encuesta) desde enero-marzo 2009. El cambio se hizo por recomendaciones internacionales de la OCDE y de la OIT, y la decisión fue tomada por el Gobierno de Bachelet. De esta forma, ahora tenemos un instrumento que nos permite realizar un análisis más exhaustivo sobre el mundo del trabajo en Chile, con especial énfasis en la calidad.
Uno de los principales cambios tiene que ver con el cuestionario. Antes para identificar si alguien estaba ocupado o no, se preguntaba: 
Por tanto, si alguien había trabajado 15 horas la semana pasada, pero había estudiado 30 horas, aparecía como inactivo, dado que la mayor parte del tiempo se dedicó a estudiar.
La NENE, modifica el cuestionario, y la pregunta para determinar si alguien califica como ocupado o no, ahora pasa a ser la siguiente: 
De acuerdo a este criterio, si una persona estudió 40 horas a la semana y trabajó 5 horas y obtuvo remuneración a cambio, aparece como ocupado.
De acuerdo a Ralf Hussmanns —una de las autoridades vigentes más reconocidas en el diseño de Encuestas de Empleo y Desempleo a nivel mundial— el criterio de una hora, busca abarcar “a todos los tipos de empleo que pueden existir en un determinado país, incluyendo el trabajo de corta duración, el ocasional y el irregular”. El estándar internacional es promovido por la OIT y busca centrar la atención en el análisis de la calidad, identificando aquellas franjas de trabajadores que se emplean por un par de horas. La “hora”, también tiene fundamentos macroeconómicos: el criterio, permite capturar con mayor precisión el uso del factor trabajo (por muy reducido que éste pueda ser).
Adoptado el criterio de “una hora”, se hace muy relevante visibilizar las situaciones de carencia parcial de trabajo: por ejemplo, aquellas personas que trabajan unas pocas horas a la semana y que quisieran trabajar tiempo completo, estando disponibles para ello: los llamados subempleados.
Además, adoptado el criterio de “una hora”, Naciones Unidas recomienda la medición del subempleo como indicador suplementario a la tasa de desempleo. Lo anterior es singularmente importante en contextos de bajo desempleo, sobretodo en escenarios dónde el seguro de cesantía no tiene plena cobertura, obligando a una mayoría a ocuparse en alguna actividad, por muy insignificante que sea. El consuelo de la nueva encuesta, es que ahora, para aquel tipo de situaciones, esa persona es visible a las estadísticas.
No obstante, pasados 23 meses de la aplicación oficial del nuevo cuestionario, el subempleo es invisible a la lectura de resultados por parte de las autoridades: el análisis es igual al que se hacía con el viejo cuestionario del año 66', es anacrónico.
Dicho todo lo anterior concluyamos algunos temas:
1) Andrea Repetto dice que si utilizamos la antigua encuesta, la creación de empleos sería 2,7 veces menos que lo que reporta el Gobierno, debido al efecto cuestionario. La economista tiene razón en este punto. Por ejemplo, entre Enero-Marzo 2009 y Diciembre-Febrero 2010, cuando ambas encuestas se implementaron de manera paralela, mientras la NENE arroja una variación de 398.244 ocupados, la encuesta antigua reporta 145.181.
2) El Ejecutivo se defiende y dice que el cambio de encuesta se hizo en el Gobierno anterior y que las cifras son las oficiales. El Gobierno tiene razón en este aspecto, la NENE llegó para quedarse y por tanto esa es la fuente de información que debemos ocupar para analizar el mundo del trabajo en Chile y su evolución.
3) Después de casi 2 años de nueva encuesta y nuevo Gobierno, recién tenemos una tibia discusión sobre empleo en Chile, pero esta parece ser más política que técnica. Mientras el Gobierno defiende su meta del millón de empleos a como dé lugar, la crítica apunta principalmente a la cantidad de empleos. Algo así como la política del empate. O sea, los empleos que se crearon ahora, si los medimos por la vieja encuesta, serían casi los mismos que los que se creaban en administraciones anteriores.
4) Con esta incipiente y limitada discusión, finalmente, quienes pierden son los trabajadores, es el país. La nueva encuesta permite medir el subempleoque llega a 591 mil personas y si sumamos a las 518 mil desempleadas, podemos apreciar que más de 1,1 millones de personas tiene severos problemas para encontrar un trabajo. Las mujeres y las regiones y ciudades afectadas por el terremoto son las que presentan mayores niveles de subempleo.
El subempleo chileno, como porcentaje de los trabajadores a tiempo parcial (56% tiene un trabajo parcial involuntario), es el más alto entre los países de la OCDE, a pesar de que su tasa de desempleo es de las más bajas (basta recordar el caso de Ruanda que presenta una tasa de desempleo oficial en torno al 1%). Además 1,2 millones de ocupados registrados como asalariados ni siquiera tienen contrato, ni boleta de honorarios. Ni hablar de los salarios, que han bajado 0,2% en términos reales en febrero 2012, ni de los derechos colectivos (donde ni siquiera cumplimos las recomendaciones de la OIT en materia de derecho a huelga).
En resumen, empleos más, empleos menos, la cuestión central que la Nueva Encuesta de Empleo nos obliga a debatir es acerca de la Calidad de los Empleos y de nuestro modelo de desarrollo. Si se cambió la encuesta, fue para capturar el aspecto de la calidad y no para que los gobiernos de turno generaran lecturas convenientes a su administración, centrándose en los favorables indicadores de “cantidad”. Por ello es fundamental monitorear indicadores alternativos como el subempleo y generar un debate serio en Chile, entendiendo que para superar la desigualdad no basta con crear empleos.
¿Es normal que una persona gane 100 veces más que otra?
Mar. 30 , 2012
Economistas Fundación SOL
@lafundacionsol
Recientemente, en una carta enviada a Mary Schapiro de la United States Securities and Exchange Commission (que vendría a ser la Superintendencia de Valores y Seguros en Chile) el Senador Robert Menéndez invoca la Ley Dodd-Frank para respaldar y solicitar la implementación del revelamiento de la brecha entre los salarios y compensaciones del Gerente General y el trabajador promedio. El senador Menéndez es enfático en señalar que el cálculo debe incluir a todos los trabajadores, también a los part time.
La brecha CEO - Trabajador medio, es un indicador que junto al Injustice Index (Brecha CEO - Trabajador que recibe el mínimo) del Drum Major Intitute, constituyen dos importantes contribuciones que ponen el acento en la desigualdad que se origina en el mundo del trabajo, aquella que, muchas veces, no se quiere ver.
Antiguamente, filósofos griegos como Platón y Aristóteles definieron que esta brecha no debería superar las 4 y 5 veces respectivamente.
Según cálculos de Fundación SOL, en los países de la OECD, la distancia promedio entre el salario mínimo y máximo es de 32 veces. ¿Qué sucede en nuestro país? De acuerdo a los resultados del estudio "Total Remuneration Survey" de Mercer, en 2010, los gerentes generales de Chile habrían obtenido sueldos y bonos que promediaban los 376 mil dólares anuales, esto es, casi 91 veces el salario mínimo. En 2011, y de acuerdo a los datos de Seminarium - Denarius, los gerentes promedian un aumento real de sus compensaciones de 14,7% real. Con ello, la brecha aumenta en 12%, situando la distancia salarial en 102 veces.

De esta forma, un gerente general promedio de una gran compañía chilena, el día 3 de Enero a las 15:30 horas, ya ganó todo lo que gana en un año, un trabajador que recibe el salario mínimo y labora 45 horas a la semana.
Inclusive es más, las recientemente publicadas cifras de empleo y desempleo confirman que el fenómeno del subempleo persiste y exacerba la brecha. La Oficina nacional de estadísticas de Europa (EUROSTAT), define subempleo como el trabajo part-time involuntario, es decir quienes trabajan medio tiempo, pero quieren trabajar tiempo completo. La evidencia ha mostrado que en el sector moderno de la economía (que es donde la aristocracia trabajadora logra los mayores sueldos), se ha producido una sustitución de trabajo de tiempo completo por trabajo de tiempo parcial, buena parte de ellos, involuntarios. Esta estrategia empresarial busca minimizar costos y de paso aumenta la brecha salarial mencionada en un comienzo. En particular en el caso de empresas como Cencosud, el ratio CEO-Salario Mínimo puede llegar a 150 veces. Casi un 50% más de la ya escandalosa relación 1:102.
¿Es tolerable para una sociedad presentar este nivel de desigualdades?
Cuando el obispo Goic en el año 2007 propuso un sueldo ético de $250.000, el sacerdote jesuíta Fernando Montes, actual rector de la Universidad Alberto Hurtado, señaló que junto con hablar de un salario mínimo ético también era necesario hablar sobre un salario máximo ético. El mismo Alberto Hurtado, único santo chileno, en un país de matriz católica, menciona en su libro Moral Social, que de ninguna forma se debe comprometer la satisfacción de las necesidades del trabajador y su familia y por tanto el salario debe partir desde ese piso, vale decir, no pueden fijarse salarios ni tasa de ganancias excesivas, si otros trabajadores no pueden reproducirse a través del fruto de su trabajo.
Luego de muchos años de crecimiento económico y la promesa del “chorreo”, parece más sensato repensar seriamente nuestro particular modelo. Así como existen restricciones para conducir a altas velocidades porque puede afectar la vida y la libertad de otras personas, también deberían existir restricciones a los altos salarios y ganancias, en la medida que terminan afectando la libertad y las condiciones de vida de muchos trabajadores y su grupo familiar al no poder satisfacer sus necesidades de subsistencia.
Pagar salarios mensuales de $10, $20 o $30 millones al mes para los altos ejecutivos y fijar altas tasas de ganancia en la planificación presupuestaria (es cosa de ver los resultados del sector bancario, Isapres, AFP, Retail, Minería y otros sectores), genera fuertes incentivos para oponerse a un Sistema Tributario distinto, negociar equilibradamente con las PYMES proveedoras o subir los salarios de los demás trabajadores. Finalmente unos ganas a costa de otros.
¿O acaso queremos seguir construyendo un país en donde un cajero/a de supermercado, un operario de call center, o una persona que realiza el aseo en una oficina ganen 100 veces menos que un gerente general?
Calidad del Empleo en Chile: "Los errores conceptuales de la autoridad"
Mar. 07 , 2012
A propósito de las declaraciones del subsecretario del Trabajo y de un
reciente estudio de la SEGPRES, la autoridad se confunde
sistemáticamente al referirse a la calidad de los nuevos empleos...
Aysén mal pagado, precario y desigual: 3 figuras claves desde el mundo del trabajo
Mar. 02 , 2012
La macroeconomía de Aysén - es decir, la economía de los indicadores agregados –, constantemente invocada en las declaraciones de la clase gobernante, hace tiempo que muestra signos en extremo saludables: tasa de desempleo de 3,5% y un crecimiento económico record de 19,2% en 12 meses.
No obstante, es en la microeconomía o en la economía cotidiana, donde se aprecian los problemas que afectan a la mayoría. Además de ser una región próspera macroeconómicamente - mucho más que el promedio de las otras regiones - , Aysén tiene un costo de vida mayor al promedio nacional y, particularmente, un trabajo mal pagado, precario, y una distribución del ingreso altamente desigual. Este ámbito, de la microeconomía del trabajo, es el que abordamos a continuación.
El movimiento social que adquiere protagonismo hoy en la región, nace justamente de la insatisfacción de aspectos básicos de subsistencia junto a la conciencia creciente de las personas de la importancia de alterar un escenario en el que otros deciden con agendas particulares sobre las propias necesidades.
Esta columna infográfica muestra 3 figuras claves que Fundación SOL ha desarrollado en el marco del conflicto de Aysén y que representan un soporte científico, la mayoría de las veces invisibilizado.
No. 1: Aysén Desigual.
Durante los últimos 20 años, la región de Aysén ha tenido un deterioro importante en la distribución de ingresos. En efecto, al computar el índice 10/10 que mide la diferencia entre los ingresos del 10% de los hogares más ricos (decil más rico) y el 10% de los hogares más pobres (decil más pobre), se constata que para 2009 fue de 65 veces. En 1990 era de 31,5 veces, es decir, la desigualdad en la distribución de ingresos - así medida - aumentó en un 106% (cálculos Fundación SOL a partir del micro-dato de la encuesta CASEN). En el mismo período la tasa de ocupación aumentó en 14% y el desempleo cayó en 16% (aún mediando crisis económica). Como vemos, Aysén es más desigual y los datos derriban el ortodoxo argumento de que más empleo reduce la desigualdad.

No.2: Aysén Precario.
Un segundo aspecto poco visualizado, es la precariedad laboral medida en términos del Índice de Empleo Protegido. El Empleo Protegido, es un indicador que Fundación SOL construye como proxy para evaluar precariedad laboral desde el punto de vista de la demanda de trabajo, es decir desde la vereda de las empresas. La condición de Empleo Protegido supone la existencia de contrato de trabajo indefinido, cotizaciones de salud, de previsión y seguro de cesantía. Así medida, la precariedad laboral de Aysén es la segunda más alta de Chile, contabilizándose tan solo un 37% de los trabajadores asalariados en una situación de "protección".

No.3: Aysén Mal pagado.
El tercer indicador se relaciona con los sueldos y salarios que perciben los trabajadores de Aysén. Realizando un zoom sobre los trabajadores asalariados del sector privado, es posible constatar que en Aysén, los sueldos y salarios son un 8% menor al promedio nacional. Es más, limpiando la cifra por el efecto del subsidio a la contratación de mano de obra en zonas extremas (Ley 19.853) - que beneficia al empleador con el 17% de la renta imponible - los sueldos y salarios en Aysén, sin mediar los subsidios, son un 23% inferior al promedio nacional.

La situación de Aysén denota entonces un problema estructural, una enfermedad crónica de nuestra sociedad, anclada en una alta concentración de la riqueza, en la marginación de la mayoría de la población de los frutos del trabajo, en una matriz productiva estrecha y en un mecanismo de toma de decisiones configurado para servir y favorecer a las elites.
Aysén mal pagado, precario y desigual, es un problema no sólo de los aysenin@s, sino que representa un problema de tod@s.
Gonzalo Durán Sanhueza, Economista Fundación SOL, síguenos en @lafundacionsol
Columna publicada originalmente en El Dinamo
Subempleo, peligro invisible
Jan. 24 , 2012
A propósito de la publicación del Informe OIT 2012 "Tendencias Mundiales del Empleo", cabe referirse a la delicada situación local en materia de trabajo. Y es que a diferencia de cualquier otro momento de la historia de nuestro país, en esta oportunidad, se dispone de información relevante para identificar grupos vulnerables que van más allá de la ya manoseada - y a veces general - clasificación de "jóvenes" y "mujeres".
[Read More]Empleos de calidad para superar la desigualdad: 8 figuras claves
Jan. 09 , 2012
Por Gonzalo Durán Sanhueza, Economista FundaciónSOL, www.fundacionsol.cl Twitter: @lafundacionsol
El año 2011, fue el segundo año de aplicación y resultados mensuales de la Nueva Encuesta de Empleo del Instituto Nacional de Estadísticas, una encuesta levantada gracias a la inversión de sendos fondos públicos, que no ha sido explorada en su justa medida y que entrega información suficiente como para desmitificar el supuesto panorama auspicioso que tenemos en materia laboral, en especial al considerar la calidad de los empleos creados.
Por otro lado, el año 2011, también se conocieron nuevas cifras de salarios y desigualdad, advirtiéndose, en relación a ellas, que las malas condiciones de trabajo son conductores de primer grado en la generación de la desigualdad en la distribución de los ingresos.
Esta columna "infográfica", ilustra en 8 figuras, elementos fundamentales que Fundación SOL ha desarrollado de manera constante durante el último tiempo y que reflejan parte substancial del diagnóstico sobre la situación del trabajo y la desigualdad en Chile. El escenario es claro: Chile se acerca a la meta del millón de empleos, pero con una inserción laboral débil, con trabajos precarios y con una desigualdad rampante que amenaza con incrementarse cada vez más. Veamos lo que ocurre en las dimensiones de Trabajo y Desigualdad.
¿Tasa de Desempleo del 7%?
Durante los últimos 12 meses, la tasa de desempleo se ha mantenido en torno a 7%. Sin embargo, al recurrir a la definición ampliada para medir desempleo , técnica ya empleada por otros institutos de estadísticas como el Bureau of Labor Statistics en Estados Unidos y por el nobel de economía Joseph Stiglitz, se constata que el desempleo integral (que incluye subempleo y desaliento), supera el 12%, contabilizándose entonces, más de 1 millón de personas con problemas de desempleo. Lo anterior responde fundamentalmente al incremento del subempleo, situación desatendida por las autoridades.

Subempleo Rampante
El subempleo visible, es decir, las personas que trabajan a tiempo parcial, pero que desean y están disponibles de inmediato para trabajar tiempo completo, es un problema invisibilizado por las autoridades, que sin embargo ha estado aumentando de manera persistente durante los últimos meses. Durante el 2011, el trimestre Julio-Septiembre, marcó el peak en este indicador desde que es posible contar con su medición. El subempleo es considerado signo de precariedad por la Organización Internacional del Trabajo.

580 mil empleos de mala calidad
- Durante la administración Piñera, entre Enero-Marzo de 2010 y Septiembre-Noviembre de 2011, se han creado 580 mil empleos.
- La mitad de los empleos creados, son trabajos por cuenta propia (de baja calificación), familiares no remunerados, trabajo de servicio doméstico: se trata mayoritariamente de trabajo con débil inserción, de tiempo parcial con elevado grado de subempleo.
- En la otra mitad (referida a los dependientes), el 100% de la variación de los ocupados asalariados corresponde a la modalidad de tercerizados (subcontrato, suministro y enganche).

El PIB Per Cápita de las grandes mayorías
De acuerdo a las estimaciones del FMI, Chile tendrá para el 2011 un PIB per cápita de US$16.000 dólares. Este indicador esconde la desigualdad que existe en el país, pues si nos alejamos de la tiranía de los promedios, vemos que el 60% de los chilenos tiene un PIB per cápita igual o inferior a US$3.500. Medir el pulso del desarrollo de acuerdo a este indicador es condenar a la gran mayoría a un sub-desarrollo crónico.

Desiguales
Chile es el país más desigual dentro del club OECD, pero cuando se menciona esta cifra, la contra-argumentación más común dice que no es posible compararnos con los datos de estas naciones que tienen ya un desarrollo consumado. Una comparación más sensible a las diferencias debiese poner a Chile en relación con dichos países cuando se encontraban en circunstancias similares. Pues bien, los países de la OECD, cuándo tenían igual nivel de PIB per cápita que Chile, lograban niveles de desigualdad equivalentes a la mitad de los indicadores chilenos. Caminamos entonces por la vía contraria a la seguida por ellos.


Profundización de las Brechas Salariales en la misma Empresa
Es en el trabajo donde se origina parte importante de la desigualdad. De un lado, el ingente excedente productivo no remunerado devela el fracaso de la negociación colectiva en su rol distributivo. De otro, la brecha entre los salarios de gerentes generales y los salarios medios de la economía, revela cómo las empresas se han servido de una institucionalidad laboral totalmente puesta a su favor. En Chile el 76% de los trabajadores recibe menos de $350.000 (menos del salario ético ajustado por IPC al 2011, y menos que la mitad del promedio del sueldo mínimo de Europa, ajustado por Paridad de Poder de Compra).

¿Más empleo = menos desigualdad?
Durante los últimos meses, varias personalidades, han saludado la tesis del chorreo y el efecto que tendría la mera generación de trabajo en el combate contra la desigualdad. Sin embargo Fundación SOL ha señalado la importancia que tiene dejar claro el hecho que, la mala calidad de trabajo esteriliza cualquier efecto positivo que podría tener la creación de empleo sobre la distribución de ingresos. Por ejemplo, en el caso de Gran Santiago, entre Junio de 2010 y Junio de 2011: mientras se creaban 74 mil puestos de trabajo, la desigualdad de ingresos aumentó en un 8%.

En estos días de comienzo de año, conviene comenzar refrescando un panorama que, siendo gris, es reversible. Para ello y dentro de muchas ideas que hemos planteado anteriormente (como la negociación colectiva de alta cobertura, una política industrial que fomente una economía productiva, con empleos de calidad, etc.), lo que se reivindica es la necesidad de procurar un "buen vivir" para todos y todas, es decir, un objetivo de bien común, un bienestar que no se restrinja a una elite siempre favorecida con las banderas miopes del crecimiento.
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La Nana
Dec. 29 , 2011
Por Gonzalo Durán Sanhueza, Economista FundaciónSOL, www.fundacionsol.cl Twitter: @lafundacionsol
Hace unos días fuimos testigos de cómo el Club de Golf Las Brisas de Chicureo emitía un instructivo que mandataba a las Nanas a utilizar uniforme cuando están en público, a objeto de ser identificables en su condición de trabajadoras de Servicio Doméstico. El comunicado no lo decía explícitamente, pero evidentemente iba dirigido a limpiar la imagen de la composición social del club, de manera aséptica, marcando a aquellas personas que corresponden a otro estatus.
A los pocos días, y luego del juicio ciudadano, el mismo Club pidió disculpas.
Con ello, aparentemente, se da por cerrado el capítulo, pero vale la pena profundizar un poco más en las condiciones de vida y trabajo de aquellas personas tratadas como parias en los balnearios donde asiste lo más granado de la elite. El Servicio Doméstico, puertas adentro o puertas afuera, es un tipo de trabajo sobre el cuál poco se habla.
De acuerdo a la información de la Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos, el personal de servicio doméstico reúne a cerca de 364 mil personas, de ellas, el 97% son mujeres que corresponden - principalmente - a las llamadas "Nanas". Un 83%, trabaja puertas afuera, el resto son las Nanas puertas adentro.
En general hay tres modalidades: puertas adentro, puertas afuera en un mismo hogar y puertas afueras para múltiples hogares (las Nanas que en una semana van a 4 o 5 casas). Esta última modalidad, mucho más flexible, supone tratos diarios con los distintos empleadores, es una relación mucho más informal. Es una modalidad se ha extendido en el tiempo e implica menor protección. Así, tan solo un 29% de las Nanas tiene empleo protegido (es decir, con contrato, con pago de cotizaciones previsionales, de salud y de seguro de cesantía).
La mayoría, tiene jornada de tiempo completo de 45 o más horas a la semana y sólo el 29% labora en tiempo parcial: en este grupo evidentemente hay unas que les gustaría trabajar tiempo completo (un 55%) pero no encuentran ese empleo, por lo que también hay un problema de subempleo.
El servicio doméstico, es la categoría ocupacional que menores ingresos reporta. El sueldo promedio para el año 2010 es de $142.000, es decir, un 42% del sueldo ético "a la Goic" ajustado por IPC. Además, considerando que cerca de 4 de cada 10 Nanas son Jefas de Hogar y única fuente de ingresos, la asociación con la pobreza - y a veces con la indigencia - es directa.
En el oficio de las Nanas, la antigüedad no importa mucho para efectos de ingresos. Es cosa de ver lo que sucede con ese 20% del total que lleva trabajando más de 10 años para el mismo patrón. Son las Nanas de toda la vida, las queridas Nanas, que muchas familias dicen considerarlas cómo "una más". Ellas, por trabajar jornada completa, alcanzan un sueldo promedio de $173.962 (Fuente: Fundación SOL en base a Encuesta ESI 2010). En este sentido: la nana se siente como una más de la familia, pero no se sienta con la familia a comer, y no se le sube el sueldo, salvo a lo más por el IPC. Allí se desnuda la misma visión del Club de Chicureo: cerquita pero hasta por ahí no más.
Además, se debe considerar que en general, las Nanas vienen de los sectores más pobres de Santiago y van a trabajar a otros dónde el estándar económico es marcadamente distinto. Deben enfrentarse al máximo contraste, y concentrarse en no hacer comparaciones, no tener resentimientos, al menos no evidenciarlos. Trabajan, fundamentalmente, en la zona oriente de la Santiago, en las comunas más acomodadas de Chile.
Las Nanas, son uno de los colectivos de trabajadores, que peores condiciones han de soportar. La esclavitud del siglo XXI. Los bajos salarios son recurrentes y las condiciones laborales precarias, sin contrato, sin previsión, sin seguro de cesantía. Preocupa entonces, que habiendo pasado 20 meses en los cuales se dispone de un completísimo instrumento para observar en detalle el mundo del trabajo en Chile, la administración Piñera, se complazca únicamente con celebrar la creación de puestos de trabajo, sin señalar que una parte considerable de los puestos creados entre enero de 2010 y noviembre de 2011, 45 mil de ellos, son para Nanas (y ya vimos sus pésimas condiciones laborales). Invisibilizar el problema de la mala calidad es una peligrosa práctica, propia de los patrones de fundos.
Chile es un país que se caracteriza por ser dual: de dos caras. La careta bonita es la exportable, que nos vende como un país próspero, que avanza rápido al desarrollo, un país dónde llegan los capitales extranjeros y dónde la pobreza es cada vez menor. El lado B, es el lado de quienes hacen el trabajo duro, desde abajo, para sostener la fachada.
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La última excusa para bloquear una reforma tributaria
Dec. 13 , 2011
La última excusa para bloquear una reforma tributaria
Por Gonzalo Durán Sanhueza, Economista FundaciónSOL, www.fundacionsol.cl Twitter: @lafundacionsol
El pasado 5 de diciembre, la OECD dio a conocer su panorama más reciente sobre datos de desigualdad. El reporte global, señala que nuestro país es el más desigual de la OECD y continúa siendo uno de los más desiguales del planeta.
Y es que difícilmente podría ser de otra manera: en Chile, las personas que pertenecen al 5% más rico obtienen ingresos que son 833 veces superiores a quienes pertenecen al 5% más pobre. Así, el recién publicado informe "Divided we stand: why inequalities keeps rising" viene a confirmar un hecho sobre el cual poco y nada se ha avanzado.
En este contexto, desde el Gobierno y también desde otros sectores, se ha señalado que la comparación con los países de la OECD es injusta, debido a que, la gran mayoría de dichas naciones son consolidadamente desarrolladas y tienen un PIB per cápita que fácilmente duplican la realidad local.
Siendo rigurosos, es muy importante dejar en claro, que, al menos en la dimensión de la desigualdad, dicha aseveración no es más que un volador de luces. En efecto, si consideramos los valores que obtenían los indicadores convencionales con los que se mide la desigualdad cuando los países de la OECD tenían el mismo nivel de PIB per cápita (ajustado por poder de compra) del Chile de hoy (US$15.400), se constata que nuestro país es lejos el peor en los últimos 30 años. En términos simples, esos mismos países, cuando eran como Chile, eran muchísimo menos desiguales.

En general, existen a lo menos dos conductores de la desigualdad que éste y los anteriores Gobiernos han dejado a la deriva, beneficiando a buena parte de la élite que hoy administra el país y que constituye ese exiguo porcentaje que goza de un muy buen vivir, a la escandinava.
En una nota previa, Fundación SOL se refiere a la debilidad de los institutos laborales que históricamente han sido concebidos con el objeto de mejorar la distribución. En efecto, Sindicalismo, Negociación Colectiva, Huelga y Gratificaciones han fallado en el logro de este cometido.
Un segundo aspecto, dice relación con la re-distribución inducida por impuestos.
Se ha sostenido por Libertad y Desarrollo que: "a través del sistema tributario no podemos mejorar la distribución de ingresos", sin embargo, la evidencia empírica en este sentido apunta en la dirección opuesta: los impuestos así como las transferencias y subsidios son una poderosa herramienta contra la desigualdad (Piketty (1994), Aglietta y Rebérioux (2005), Mahler (2010), Solt (2009), Atkinson y Piketty (2007), Piketty (2008) y el mismo informe de la OECD (2011)).
La potencia de esta herramienta está lejos de ser baladí: la Suecia del 61' (con igual PIB per cápita que el Chile del 2009), lograba reducir vía impuestos el Gini en cerca de 17 puntos, es decir en casi un 40%. Misma suerte corre la Noruega del 67', quien con igual PIB per cápita que el Chile del 2009, reducía el Gini en cerca de 20 puntos. Hoy, la realidad de los países de la OECD transita por esa senda: la redistribución inducida por impuestos sigue siendo una poderosa herramienta contra la desigualdad.
En este punto, conviene considerar los hechos estilizados, expuestos en 2010 por Vincent Mahler y Sara McKeever - académicos de la Loyola University Chicago - quienes señalan que el gasto en educación está positivamente relacionado con la redistribución fiscal y que Gobiernos que buscan mejorar la distribución de largo plazo mediante la educación, requieren de una redistribución inmediata vía impuestos y transferencias.
En el caso chileno, la actual estructura tributaria está lejos de apoyar la causa educacional: nuestro sistema tributario es regresivo, es decir, empeora la desigualdad en la distribución de ingresos (ver Jorrat (2009)).
Hoy, cuando la desigualdad salta a la vista, la distribución inducida por sindicatos y la redistribución inducida por impuestos son probadas y eficaces herramientas para lograr mayor justicia social.
Nuestro país requiere, entonces, un cambio radical tanto en la estructura como en la recaudación tributaria, que permita, de una vez por todas, avanzar hacia un buen vivir de las mayorías, siempre desplazadas. Fijarse una meta redistributiva debiese ser un objetivo de cuenta pública, auditable y exigible.
Sindicatos, ¿para qué?
Dec. 02 , 2011
Sindicatos, ¿para qué?
Por Gonzalo Durán Sanhueza, Economista FundaciónSOL, www.fundacionsol.cl Twitter: @lafundacionsol
Friedrich Von Hayek es el ideólogo de buena parte de los thinks tanks de derecha, así como también de los asesores y primer anillo o círculo de hierro de las 4.500 familias que constituyen la elite del país. Sus líneas argumentativas han calado fuerte en las escuelas de economía y en los cursos de administración de empresas.
En el año 1959, Hayek plasmaba su opinión sobre los sindicatos en el ensayo titulado "Sindicatos, ¿para qué?", ahí, considera que a la organización sindical no le cabe un rol transformador ni social ni político. Para el austriaco y también nobel de economía, el poder del monopolio sindical es inflacionario, des-incentivador de inversión, expropiador de ganancias que legítimamente corresponden a los empresarios, y generadores de desempleo. En su parecer, los sindicatos, de existir, deben situarse sólo al nivel más bajo existente, de empresas, y dedicarse exclusivamente a labores asistencialistas para sus miembros.
Hoy, 50 años después de la publicación, el tema sindical vuelve a estar en la escena mundial, aún cuando en Chile no se quiera entrar al debate. Todavía.
El ala hayekiana, que en Chile se identifica con el Instituto Libertad y Desarrollo (entre otros), argumenta que uno de los principales factores del alto desempleo español y de otros países europeos es justamente un problema sindical, y que la respuesta iría por flexibilizar los mercados laborales y reducir el poder de los sindicatos. Es más, el modelo chileno de relaciones laborales con su sindicalismo de empresa a ultranza, es incluso observado como ejemplo digno de imitar.
Sin embargo, existen otros, como Joseph Stiglitz - también nobel de economía -, que señalan que la debacle europea se debe en buena parte al ingente crecimiento de las rentas financieras y de los consecuentes efectos sobre la desigualdad en la distribución de los ingresos. En este marco, la debilidad del sindicalismo y de la negociación colectiva como institución social han sido clave. La cura, dirá Stiglitz, consiste en atacar la desigualdad. No en aumentarla.
Chile tiene tradición de ser un país altamente desigual, un país donde 9 de cada 10 trabajadores NO negocian colectivamente sus condiciones de trabajo. Un lugar, donde las ideas de Von Hayek han calado hondo.
Recogiendo su pregunta sindicatos ¿para qué?, la respuesta es sencilla. Veamos lo que ha sucedido en el país sin ellos:
· Durante los últimos 20 años, y tomando los datos del Banco Central de Chile y del INE, la productividad en Chile ha crecido sistemáticamente a un ritmo casi 4 veces superior a las remuneraciones. El denominado excedente productivo no remunerado, constituye una fracción relevante de las ganancias patronales.
· De acuerdo a los datos de la ENETS (Ministerio de Salud y Ministerio del Trabajo), cerca del 76% de los trabajadores obtiene menos que el Salario Ético ajustado por IPC del Obispo Goic ($350.000). Dicho de otro modo, casi 8 de 10 trabajadores en Chile, gana menos de la mitad del Salario Mínimo promedio - ajustado por poder de compra - de los países de la OECD.
· Hoy la desigualdad medida en veintiles, muestra que las personas que pertenecen al 5% de los hogares más ricos, obtienen ingresos que son 833 veces más a los que obtienen quienes pertenecen al 5% más pobre (cálculos Fundación SOL en base a CASEN 2009). Si se quiere expresar porcentualmente, estamos hablando de un 83.300% de diferencia.
· En Chile - de acuerdo a los resultados de la Nueva Encuesta Nacional de Empleo - cerca del 30% de los asalariados de tiempo completo laboran casi un 24% de sobre jornada a la semana. Casi en la mitad de los casos sin pago de horas extras. El sindicalismo históricamente ha tomado parte de estas luchas, protegiendo precisamente el sobretiempo. Pero en Chile 9 de 10 trabajadores no negocian colectivamente.
Respecto a estas constataciones, el rol de los sindicatos es de suma trascendencia en cada situación, y a la luz de los antecedentes locales, merece atención de primer orden.
No se avanza mucho simplemente con crear y crear más puestos de trabajo (majadero argumento de Matthei, pero también del ex Ministro de Hacienda y ahora precandidato presidencial Andrés Velasco), sin sindicatos musculosos. De hecho, está comprobado científicamente que dichos empleos tienen mayor probabilidad de ser precarios. Es lo que justamente ocurre hoy.
Los sindicatos y la negociación colectiva, así como la legitimización del actor sindical como agente de transformación social, son clave para combatir la desigualdad. En ese espacio, Chile tiene enormes deudas fruto de un sistema estilo Hayek que fue heredado de la dictadura y conservado en los posteriores Gobiernos.
La gran empresa no le paga a sus trabajadores lo que producen
Nov. 18 , 2011
La gran empresa no le paga a sus trabajadores lo que producen
Por Gonzalo Durán Sanhueza, Economista FundaciónSOL, www.fundacionsol.cl Twitter: @lafundacionsol
La gran empresa chilena es gobernada por parte importante de las 4.500 familias que, gozando de un muy buen vivir, tienen secuestrado al país trabando los cambios institucionales que hoy tanto se requieren.
La gran empresa, también llamada sector moderno o "economía de primera marcha", genera buena parte del PIB. Se trata del segmento más productivo de la economía, dónde dicen, los trabajos son formales y hasta podemos ver negociación colectiva.
Hablar de la gran empresa, es hablar de Jumbo, de Santa Isabel, de Líder (Wal Mart), de Copec, de Arauco, de CMPC, de Paris, de Ripley, de Falabella, de Unilever, de CCU, Soprole, de Chilevisión, de las salmoneras, etc. Empresas que no sólo serían modernas por su dinamismo económico, sino también por sus relaciones sociales, que estarían por sobre los abusos clásicos.
Pero toda esa pantalla de la empresa moderna, se cae a pedazos, con un hecho que bien conocen sus trabajadores y trabajadoras: el divorcio entre la productividad del trabajo y el salario.
En efecto, aún registrando salarios más elevados que los obtenidos en los estratos más rezagados, los trabajadores con menor cualificación del sector moderno, no están exentos de una brecha casi axiomática entre productividad y remuneración.
La disociación entre lo que producen y lo que finalmente le pagan a los trabajadores, constituye lo que técnicamente se conoce como el excedente productivo no remunerado, es decir, la franja de productividad que, en lugar de ser pagada al trabajo, se desvía hacia las arcas de las empresas, pasando a constituir una parte relevante de las ganancias o utilidades, muchas de las cuales, luego son retiradas por la vía de dividendos y utilizadas por unas pocas familias para gozar de un muy buen vivir.
Cuando el empleador paga un monto inferior al valor del trabajo realizado, conceptualmente se habla de explotación. Lo que vemos, y expresado en palabras simples es que los trabajadores y trabajadoras de la gran empresa son constantemente pasados a llevar, pagándoles mucho menos del valor que realmente tiene su trabajo. En este cometido, la gran empresa corre con el viento a favor, con una institucionalidad laboral ad-hoc, que le da el espacio legal para moverse como pez en el agua.
A nivel macro, los datos son concluyentes: en los últimos 20 años, las remuneraciones reales debiesen haber aumentado en al menos un 90%. Sin embargo, terminaron creciendo en un 20%. Es decir, existe otro 70% que fue directo al bolsillo de los empleadores, cuando debió haber ido al bolsillo de los trabajadores. Es el excedente productivo no remunerado que añadido a la tasa de ganancia clásica por generar valor agregado, constituye la utilidad final de la empresa. Nótese, que si las remuneraciones hubiesen aumentado en el 90%, las empresas también hubiesen tenido ganancias. Es más, según Keynes, seguramente hubiesen tenido mayores ganancias, ya que el poder adquisitivo de la clase obrera terminaría activando la demanda por mayores bienes y servicios.
A nivel micro es posible constatar el rol de la institucionalidad laboral: en perspectiva temporal, vemos que cada vez es más frecuente notar resultados económicos de negociaciones colectivas absolutamente desconectados con la realidad de sus empresas. En los últimos 10 años, los reajustes por negociación colectiva no superan el 1%, real. Mientras, las ganancias empresariales, experimentan avances sobre el 40%.
Ante lo anterior, llama la atención la editorial de La Tercera, la cual, el pasado domingo 13 de noviembre señalaba el riesgo de potenciar los sindicatos, ya que: "...los salarios deben ser pagados de acuerdo al aporte de productividad de cada trabajador". Los hechos, no obstante, muestran precisamente todo lo contrario: en la gran empresa los salarios NO son pagados de acuerdo a la productividad y parte importante del por qué se encuentra en la debilidad de nuestra institucionalidad laboral (sindicatos, negociación colectiva y huelga).
Preocuparse por la desigualdad, es preocuparse por la negociación colectiva, de otro modo, no es un preocupación sincera.
La nueva arquitectura empresarial, requiere de respuestas institucionales decididas que superen de una buena vez el insípido e hipócrita antídoto de la igualdad de oportunidades, punta de lanza de los sucesivos gobiernos que han mantenido el statu quo.
Mayor cobertura en la negociación colectiva, sindicatos musculosos y un derecho efectivo a huelga son el piso mínimo requerido en orden a revertir el saqueo que hoy viven muchos trabajadores y trabajadoras al recibir pagos que crecen por debajo de lo que crecen sus aportes en productividad.
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