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Canoa Quebrada: el reducto hippie que se puso de moda

02.01.2010 | 1 Comments

Publicado en Tendencias de La Tercera, 30 de enero de 2010

El litoral del estado de Ceará, en el extremo norte de Brasil, es un verdadero parque de diversiones al aire libre, con playas para los más variados gustos, enormes dunas, encantadoras villas de pescadores y poblados únicos.

En esta larga y privilegiada costa, cuya ciudad principal y puerto de entrada es Fortaleza, se encuentran varias de las mejores playas brasileñas, como Jericoacoara, Lagoinha, Ponta Grossa y una que tiene un especial encanto: Canoa Quebrada.

Presente desde hace unos años en varios rankings playeros, Canoa Quebrada es una caleta instalada en una larga faja de arenas blancas, flanqueada por anaranjadas falesías (murallones  que se encuentran con el mar o quedan a metros de él formando playas, muy comunes en el norte de Brasil) y refrescada constantemente por un mar verde que no sólo brinda la posibilidad de disfrutar de largos y reponedores baños, sino que entrega los más variados y deliciosos pescados y mariscos, que los habitantes se preocupan de vender con esmero a los turistas. Pero Canoa Quebrada, a pesar de sus varios pergaminos como destino ideal, sigue siendo un sitio de pocos. De aquellos que gozan con lo rústico, con el relajo, con lo poco masivo. Con la antítesis del resort.

De hippie a chic
Después de sus primeros habitantes -los pescadores-, fueron los hippies quienes en los años 70 hicieron de esta villa marina su refugio.

Paulistas escapando de la urbe, gringos y europeos que se instalaron a vivir de lo que la naturaleza, la artesanía y el mar les daban. Por eso, las mezclas que se ven en Canoa y que se siguen dando (mestizos de ojos claros, morenos de pelo rubio) hablan de un encuentro que no conoce diferencias culturales. Por ese entonces, los 165 kilómetros que separan Canoa Quebrada de Fortaleza eran de tierra y no había transporte público (hoy se hace en cuatro horas en buses Viação São Benedito, por lo que incluso hay quienes vienen por el día). Por ese entonces, el mayor enganche del pueblo era la energía que irradiaba y, al mismo tiempo, la falta de ella. Sin luz eléctrica, los placeres iban por el lado de dormir en una hamaca en la casa de un pescador sin que nadie interrumpiera, comerse un pargo asado y sin espinas a la luz de una vela y contemplar el cielo repleto de estrellas.

Eso era antes de la llegada de los cajeros automáticos al pueblo. Luego, Canoa Quebrada comenzó a cobrar fama, consiguió un camino pavimentado, hoteles y posadas, restaurantes, aire acondicionado, pero nunca perdió esa alma hippie y algo alternativa.

Hoy, la playa tiene numerosas barracas o bares de dos pisos que reciben a los turistas, hay guías que con o sin chofer ofrecen sus buggies para hacer paseos por las calientes arenas y las jangadas (esas rústicas embarcaciones a vela) siguen saliendo al mar, pero ahora en paseos y no para pescar.

Del todo recomendable resulta levantarse temprano, subir a las dunas y descender cuando éstas todavía están frescas, para recorrer la playa todavía vacía.

Y las noches en Canoa son animadas como en pocas partes. Reggae, música electrónica y por sobre todo, forró, esa animada música nordestina inundan el ambiente. La avenida principal, llamada Broadway, se repleta y sus restaurantes -muchos de ellos sólo abren para cenar- se llenan de vida. Una especie de peatonal y mirador construido no hace mucho es el paseo donde todos miran y se dejan ver y, si hay luna, las barracas son el escenario para luaus o fiestas playeras que no terminan sino hasta con los primeros rayos de sol.
Canoa Quebrada hoy recibe turistas de todo el mundo, en especial europeos, tal vez más refinados que esos primeros hippies, pero que buscan la misma esencia descontraída y relajada. Con algo más de confort.

Hay varias opciones de alojamiento. Para los bolsillos más modestos, la Pousada Europa (desde $ 10.000 p.p.), teléfono (55-88) 3421-7004. Algo más confortable es la Pousada California, por aproximadamente  $ 22.000 p.p., www.californiacanoa.com. Uno de los más grandes es Long Beach Village, con 20 cabañas muy bien equipadas y piscinas para niños y adultos (www.longbeachvillage.com.br), desde $ 80.000.

Cómo llegar

Primero hay que llegar a Fortaleza. Desde allí puede arrendar un auto o tomar un bus Sao Benedito, que en cuatro horas lo dejará en la playa. Hay quienes lo hacen por el día, pero no es lo ideal. Si puede, quédese en Canoa. Otra alternativa es volar hasta Natal, desde donde también hay servicios de buses. Los a ambas ciudades tienen un valor aproximado de US$ 600 más impuestos.

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Comments:

This is one of the places in the world that you should not miss to visit giving its visitors a great kind of experience.

Posted by Summer Vacation at Hostel Tel Aviv on March 07, 2012 at 03:10 PM CLST #

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