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Los menos queridos del CEP
08.01.2010 | 7 Comments
Publicado en Reportajes de La Tercera, 1 de agosto de 2010
Si este cronista estuviera postulando a un "Master en Ciencias Políticas" en una de esas universidades por correo, que no hacen exigencias antipáticas tales como pedir, antes de la matrícula, el título correspondiente, aunque sí el número de la tarjeta de crédito, quizás habría titulado esta columna Imagen y Realidad: un Problema de Política de Medios y los Medios de la Política, o algo parecido, en inglés y bien enredoso y pretencioso como es de rigor si uno quiere ser alguien en esa disciplina. Afortunadamente no tenemos espacio para tamaña pedantería y nos limitaremos al título presente, relativo a los personajes más detestados o al menos desaprobados de la política. Y la pregunta será: ¿por qué se detesta a quienes se detesta? E implícitamente, la inversa: ¿por qué se ama y estima a quienes se estima o ama? En una de esas la respuesta nos recuerde algo que Aristóteles ya sabía hace 2.360 años, que el hombre es "un animal político", pero sobre todo y antes de todo, un animal…
Consideraremos como ganadores de la lista de los peor evaluados en la última encuesta CEP a todo político con más de 30% de rechazo. Los top de la nómina son Camilo Escalona, con un jugoso 41% de rechazo, Jovino Novoa con un 36%, Alejandro Navarro, Eduardo Frei y Pablo Longueira empatando con un 35%, Carlos Larraín con un 32% y Evelyn Matthei y Andrés Allamand con un digno 30%. La pregunta es: ¿qué tienen en común estos personajes de colectividades y sensibilidades tan diferentes? Pero antes de contestarla vamos a los amados por las multitudes, desde luego, Michelle Bachelet ,con un apabullante 85% y a larga distancia Joaquín Lavín, con un respetable 57%. Ambos son distintos en género, en posiciones políticas, en historias personales. ¿Qué tienen en común? Y podríamos aventurarnos a examinar una derivada: ¿qué relaciona los puntos en común de cada una de tan opuestas categorías?
Los políticos rechazados comparten figuración pública, influencia para producir efectos y especialmente, bocas generosas en espetar vocablos contundentes sobre temas controversiales. Los políticos amados, lo son porque desde sus labios brota miel y ambrosía. Son etéreos, simpáticos, afectuosos. En otras palabras, no tocan por puro gusto -sólo lo hacen si la situación los empuja a eso y aún así, con el lenguaje más neutral o descomprometido posible- puntos de debate que, por su gravedad o relevancia, puedan suscitar enemigos o adversarios.
Todo aquello sería puramente anecdótico sino se conectara con la naturaleza de la política. El presunto "peso de los medios de comunicación", a los que se adjudica un papel de deformación, en realidad no es cosa ajena a la práctica política; es de la esencia de ésta. Lo único nuevo, hoy, es su intensidad y alcance, no su existencia ni funciones. La política siempre ha sido, ella misma, de "doble militancia". Por un lado es "gestión", procesa conflictos entre grupos y determina cursos de acción para la sociedad toda, incluyendo intereses contrarios y hasta contradictorios; es su aspecto objetivo y a eso algunos quisieran verla reducida, utopía apenas escondida tras la ilusión del "gobierno de los gerentes" o "gobierno de los mejores" a la Platón. El otro aspecto es la "comunicación", que tiene que ver con obtener los apoyos y la legitimidad que dicha gestión requiere, incluso, en regímenes no democráticos.
De ahí una contradicción: la política supone tratar temas que son conflictivos -si hubiera armonía universal no habría política-, pero al mismo tiempo, requiere ganar voluntades, lo que entraña evitar dichos temas o palabrearlos de tal modo que no molesten. La gente quiere que las cosas se resuelvan, pero no a costa suya, no contra sus ideas y no con un lenguaje que desnude cruelmente la desagradable existencia del problema.
En función de todo eso es que los colistas y los punteros en la carrera de la aprobación obtienen sus respectivos ratings. Todos los colistas, sin excepción, son vociferantes; todos gustan arrojarse en picada en temas controversiales; todos tienen lengua filosa y ninguno les hace el quite a los debates fuertes. Por eso resultan antipáticos y concitan el rechazo. Por eso, porque son políticos de verdad que llevan en la punta de los dedos los asuntos que importan. Los punteros en la competencia del amor lo son por la razón contraria: evitan meterse en las patas de los caballos. Cuando llegan a tocar temas serios, escogen aquellos en los que su postura cuenta ya con abrumadora mayoría a su favor. Como resultado, rara vez son políticos de calibre que dejen obras importantes, rara vez traspasan su popularidad a sus coaliciones y rara vez son estimados por algo más que sus dotes humanas. En casos extremos, sus personas se acercan a la fama de un farandulero de alto vuelo, amado y apreciado a escala nacional, pero no tan respetado ni valorado ni considerado cuando se habla en serio. La verdadera reserva política de un país la constituyen, entonces, los colistas. El colista eterno, Winston Churchill, lo era en los años 30 por ser el único en tocar el desagradable tema del armamentismo alemán bajo el régimen nazi. Es el destino del político colista que no deje nunca de mirar los temas, pero mire en menos -o menos- las miradas ajenas.




Posted by Rodrigo Ahumada on August 01, 2010 at 01:42 PM CLT #
Posted by rems on August 01, 2010 at 04:22 PM CLT #
Desde que aparece en pantalla siempre considero sus palabras, he leido varios articulos suyos "La republica de los trabajadores de Codelco"
Posted by Iván Bernales Rocuant on August 01, 2010 at 04:26 PM CLT #
GRACAS!!
Posted by victoria on August 01, 2010 at 09:05 PM CLT #
GRACAS!!
Posted by victoria on August 01, 2010 at 09:07 PM CLT #
Posted by Rodolfo on August 02, 2010 at 12:11 PM CLT #
Posted by Cristian Brain on August 02, 2010 at 02:52 PM CLT #