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Eduardo Bonvallet, el hombre tras el personaje
11.03.2008 | 5 Comments
Conocí personalmente a Eduardo Bonvallet con ocasión de un "In Situ" que hicimos en Temuco, hace un año, precisamente con él como protagonista. Por entonces aún dirigía un equipo de fútbol que, a mitad de campeonato, ya iba de tumbo en tumbo. Eso, como diría un tocayo, "i-ne-vi-ta-ble-men-te" tenía que ser el resultado de la pobreza franciscana de su plantel. Sé de qué hablo: los vi entrenar y los vi en su camerino y aunque todos ellos seguro que son buenos chicos, gente decente, excelentes hijos y todo lo demás, como peloteros eran como las pelotas.
Eso lo tenía en problemas. Después de todo a Eduardo lo habían llevado, meses antes, como el DT providencial que haría el milagro de convertir el pan en torta o el agua en vino. Y efectivamente, inyectándoles a sus pupilos masivas dosis de ese entusiasmo vociferante que es su marca de fábrica, por unas fechas logró animar a ese pobre elenco de patas duras, quienes hasta consiguieron ganar algunos juegos.
Entonces el "pueblo futbolístico" de Temuco lo aclamó, lo canonizó y algunos hasta pensaron en la Libertadores de América. Pronto, sin embargo, la realidad, siempre tan porfiada, hizo valer sus derechos; el pobre jamelgo, dopado con una jeringa al corazón para hacerlo correr como un pura sangre, a los pocos metros regresó a su vieja costumbre de andar al paso y a los tropezones.
¿Quién era, quién es este hombre al que se dio tamaña tarea? ¿A qué clase de tipo una ciudad le encomienda la labor de resucitador de su Lázaro? A nadie más, a ningún otro, salvo al "Bonva"…
Predicador
De haberle tocado ser adulto a mediados del siglo XIX, en el Far West, cuando estaban de moda los "revivals" religiosos, Eduardo hubiera podido ganarse la vida como predicador. Tiene todo lo que se necesita para eso: absoluta convicción de poseer la Verdad, una notoria hebra de megalomanía, concentración obsesa en lo que le gusta y entiende -el fútbol- y astucia y sensibilidad de lince para captar reacciones emocionales ajenas.
No es difícil imaginarlo en Arkansas, subido a una carretela, predicando la palabra de Dios o las bondades de una loción para el cabello. Esos rasgos hacen de él un tipo poderoso, que hace notar su presencia e incluso, para algunos, un ser atemorizante. Parece estar en condiciones de hacer todo lo que se propone a base de pura fuerza de voluntad.
Y en parte es cierto, pero hay en él también un lado oscuro y frágil, una faceta que se adivina en su mirada sombría, en su gesto herido y triste al mismo tiempo. Hablamos de su fuerte tendencia a la depresión.
Los perros negros parecen acecharlo todo el tiempo. No es que tal o cual día Eduardo ande bajoneado, sino que, como les sucede a muchos individuos de sensibilidad e inteligencia, lucha cada minuto del día por llenar una sensación de vacío y futilidad metida dentro del alma y que combate con una actividad frenética e incesante, pero que de súbito, oscilando de golpe a su polo opuesto, muta en pasividad, silencio y tristeza.
Y prisionero
Pero además de reo de su temperamento, Eduardo es prisionero de su fama, de la imagen que él mismo ha construido y de la que el prójimo le ha estampado en la cara.
Su larga estada en un canal de televisión y otra no menor en la radio contribuyeron a hacer de su persona un ícono popular, salvaje, admirado, espoleado, desatado. Su público lo llegó a admirar, pero esa misma audiencia que lo admira le aviva la cueca para verlo, algún día, caer.
Lo han avivado como a un acróbata extraordinario del que se desea, sin embargo, que falle y se desplome. De ahí que su rating y su prestigio muy pronto comenzaran a depender de que él pudiese, programa a programa, superarse a sí mismo. Y entonces debió iniciar una escalada armamentista de imputaciones, calificaciones, descalificaciones, insolencias y agravios para conservar la popularidad que ya tenía.
Eduardo quedó así a merced del "Bonva", de las querellas contra el Bonva, de las reacciones temperamentales del Bonva, incluyendo las grescas a puñetes.
En síntesis, Eduardo Bonvallet, hoy, se apresta a pagar las facturas acumuladas del Bonva. En eso no hay ni habrá nada de original. Una carrera, un estilo de vida, una trayectoria vital, cualquiera sea, siempre acumula "externalidades", consecuencias que tardan en pasar por caja, costos que demoran en hacer su aparición, desgastes invisibles hasta la hora nona.




Lo que más me entristece es que en nuestro país no tengan cabida, los "quijotes", los "predicadores", y menos los "genios" locos, la mediocridad ambiental termina por devorarlo. Es como si en nuestro país el pensar y discrepar fuesen pecados capitales.
Posted by Rodrigo Ahumada on November 03, 2008 at 05:59 PM CLST #
Posted by diego on November 29, 2008 at 08:58 PM CLST #
Pero ojo. El Bonva es como el fenix, y eso es lo mas "divertido".
Posted by Raul on December 22, 2008 at 10:56 AM CLST #
¿y a nosotros que nos importa Eduardo?
Posted by Gonzalo Andrés on September 24, 2009 at 08:54 PM CLT #
Posted by Pablito Vargas on September 13, 2011 at 01:52 AM CLT #