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De la cima a la sima
09.13.2009 | 24 Comments
Muy poca cosa basta para desinflar el souflé del alma nacional. No bien una idea o ilusión nos hace encaramar al fulgor de las Grandes Esperanzas y ya al día siguiente, luego del menor contratiempo, el país amanece encogido en una postura más humilde, más convencional, más chanta y menos glamorosa. Recorre nuestro espíritu un perenne loop entre la euforia histérica y la depresión taciturna. La primera pole position, la del entusiasmo, la estimula y alimenta cualquier serie de buenas noticias o triunfos y da lugar a una inflación galopante del estado anímico de los contagiados; la segunda, la de la depresión derrotista, se produce apenas esa racha es cortada por siquiera un revés. Eso basta. Recién hemos visto todo eso, como lo hemos visto ya cientos de veces, con la selección de fútbol; tontamente -e interesadamente por los periodistas deportivos, quienes viven de echarle ají al pobre caldo- se la elevó a un pedestal del que sólo podía caer. Presuntos gigantes de la defensa y arqueros imbatibles anduvieron a los tropezones como una tropa de zombies; lo olvidaron todo y los acribillaron a goles. Y ahora reina una depresión disfrazada de realismo.
¿Cuál es el origen de dicha peculiaridad? ¿Con qué otros rasgos se asocia? Tal vez deba culparse a nuestra pequeñez y lejanía, a la poca bola que se nos da y el poco peso que tenemos, de lo cual emerge cierta inseguridad colectiva acerca de qué somos y cuánto valemos. De ahí esta urgencia permanente por oír buenos comentarios de los visitantes, aunque al mismo tiempo, sabiéndonos diminutos, sospechamos que sólo se nos toma el pelo. Nadie puede desarrollar una sólida identidad si nadie lo ve ni lo cotiza y se sospecha de todo juicio positivo por mucho que se desee oírlo. La consecuencia es mucha inseguridad y desaliento. De ahí, dicho sea de paso, una muy frágil disposición por trabajar duro; para hacerlo se requiere creer que uno realmente existe y dispone de los talentos necesarios.
Otros rasgos asociados a dicha bipolaridad enfermiza son una notoria incapacidad para afirmarse en la cumbre si a ella se ha llegado y ser ganador duradero y no de un día; nuestra porfiada tendencia es a perder la moral si la competencia es dura y perderla aún más si por azar ganamos; normalmente damos menos de lo que podríamos y a menudo somos derrotados antes de salir a la cancha. Esto a su vez fomenta un espíritu negligente, un hacer a medias en todo, la tentación de patear el tablero fingiendo desprecio por el juego, pues suponemos de antemano que nos van a sacar la cresta.
Para decirlo sin ambages, salvo las excepciones que confirman la regla, esta no es nación de ganadores. Estos requieren dos condiciones de las que carecemos: resistencia para aceptar muchas derrotas, lo cual es difícil; resistencia para aguantar las cargas del éxito, que es aún más dificultoso. Si acaso cuesta perder sin desmoronarse, cuesta mucho más ganar sin perder la compostura. Es notorio, en el ámbito del deporte, que cuando uno de los nuestros se pone en posición para llegar a la cumbre, apenas sale del camerino se olvida de lo que sabe, no resiste la presión de las expectativas y termina protagonizando una plancha o, con suerte, "una victoria moral". Equipos, individuos, grupos, etc. rara vez cosechan cuando el fruto a la mano es el éxito. "Llegar cerca" es nuestro destino. Las copas las miramos, pero rara vez las tocamos.
Para ganar se requiere estabilidad emocional, no hundirse en los reveses ni exaltarse en las victorias, mantener la cabeza fría y el corazón latiendo a sólo 60 pulsaciones por minuto. En cambio el péndulo hormonal del chileno medio oscila sin parar del polo Sur al polo Norte y hasta sus arrebatos de furia hablan no de fortaleza, sino de debilidad. Por eso la típica patota vandálica no es sino una legión de menesterosos juntándose entre muchos para reunir fuerzas y sólo si están amparados en las sombras. Lo fuerte es tranquilo, seguro, estable y hasta lento; lo débil es tembloroso, exaltado e histéricamente predispuesto al atarantamiento. Un individuo así desatina, se deprime, después se exalta, se acelera, habla de más, se le caen las cosas, le hacen goles tontos, y en todo se comporta en todo como colegiala. Así no.




Y es lo que me sucede con el artículo "de la cima a la sima" salvo en la última línea, puesto que a manera de ejemplificar los vaivenes emocionales del "alma nacional" echa mano de las colegialas como sinómino de variabilidad.
Si este país y su alma nacional tiene alguna posibilidad de futuro, son esos colegiales y colegialas los llamados a escribir un Chile mejor.
Posted by Mario Muñoz on September 13, 2009 at 12:45 PM CLT #
Posted by Hugo Arriagada on September 13, 2009 at 01:23 PM CLT #
Posted by Vasco Ruiz Inostroza on September 13, 2009 at 02:10 PM CLT #
Posted by Sebastian on September 13, 2009 at 02:26 PM CLT #
Posted by manè on September 13, 2009 at 03:14 PM CLT #
Huff... Amigo, fuerte lo tuyo, recuerda que a nadie le gusta que lo empeloten en publico, la mayoria se oculta en la sombra, solapadamente, ( algunos le dicen poder factico ) mas si durante años les han enseñado una cultura de la relativizacion, todo es relativo, del no esfuerzo ( la flojera empedernida), teniendo padres ausentes ( un ladrillo mas en la pared ) sabiendo que ya los mejores trabajos estan reservados para el apellido raro, extranjero si es posible o por familia.- <8mm
Posted by Fantomas on September 13, 2009 at 03:29 PM CLT #
Posted by Fabian on September 13, 2009 at 03:38 PM CLT #
Un síntoma claro de lo que expones, es la manía del chileno de compararse con el argentino, cuando en argentina ni siquiera les interesan dichas comparaciones (que manera de hacer el ridículo la mayoría de la gente).
Posted by jorge guzmán on September 13, 2009 at 03:57 PM CLT #
Posted by Julián Cádiz F. on September 13, 2009 at 03:58 PM CLT #
Posted by carlos lopez vega on September 13, 2009 at 04:13 PM CLT #
Posted by Ricardo on September 13, 2009 at 05:26 PM CLT #
Posted by Rodrigo. on September 13, 2009 at 05:34 PM CLT #
Posted by Gabo on September 13, 2009 at 05:52 PM CLT #
Posted by carlos on September 13, 2009 at 06:57 PM CLT #
Admiro su manejo del lenguaje, sin embargo, ya de tanto leerlo/escucharlo me da la sensación de leer/oir siempre las mismas ideas, (algunas de sus frases ya me las aprendí de memoria); se está haciendo muy predecible.
Le aconsejo que renueve su repertorio.
Posted by Alejandra on September 13, 2009 at 07:14 PM CLT #
Posted by alonso on September 13, 2009 at 07:16 PM CLT #
Posted by Javier Weisz on September 13, 2009 at 07:44 PM CLT #
Posted by Victor on September 13, 2009 at 07:56 PM CLT #
Posted by Juan Carlos on September 13, 2009 at 09:06 PM CLT #
Chile no es un pais de perdedores, es un pais de gente de esfuerzo y sacrificio. Si tuviesemos todo para triunfar, y la falla solo recayera en nosotros, entonces, podriamos apelar a tu analisis, pero no es el caso.
Seria interesante que miraras otros ambitos y ver si tu teoria aplica.
Un abrazo...
Posted by Pablo Morales on September 13, 2009 at 09:09 PM CLT #
Posted by Juan Carlos on September 13, 2009 at 09:11 PM CLT #
aca se dice lo importante es competir, no importa si llegas ultimo.
esa es nuestra diferencia de como se enfrenta cualquier desafio.
Posted by jose fuente on September 13, 2009 at 10:48 PM CLT #
Posted by JORG-E on September 13, 2009 at 11:07 PM CLT #
Posted by Jose Domingo on September 14, 2009 at 01:48 AM CLT #