Prats y Corvalán
Aug. 06 , 2010
A pocos días del fallo de la Corte Suprema que condenó a ex militares acusados del repudiable asesinato de Carlos Prats en la ciudad de Buenos Aires en 1974, murió Luis Corvalán, ex líder de la rama local del Partido Comunista.
Curiosa coincidencia que vuelve a reunirlos. Ambos lucharon por la continuidad del gobierno de la Unidad Popular y lo hicieron apoyando denodadamente a la persona de Allende.
A Corvalán, hoy se le presenta bajo la imagen de líder sensato, ponderado y pacífico durante el gobierno de la Unidad Popular, en consideración a que su estrategia para alcanzar el poder mediante la vía electoral no incluía la guerra civil ni el enfrentamiento armado.
La realidad, que se puede comprobar en sus propios escritos y en su vida política, es que pensaba que en Chile, en las circunstancias concretas de 1970, la vía electoral era la más conveniente, pero dejando en claro, siempre, que “todas las vías” eran válidas, es decir, desde la insurrección popular del marxismo tradicional hasta la guerrilla del castrismo. En ese momento era un asunto de conveniencia, no de convicciones. Tanto es así que ya en Moscú, luego de ser canjeado por el disidente soviético Vladimir Bukovski en 1976, cambia de vía y toma el liderazgo de la acción armada para derrocar al Gobierno Militar, intento en el cual él y su partido fueron derrotados.
Otro punto relevante para valorar a Corvalán es que, fiel a la ideología marxista que profesaba, fue un constante y eficaz promotor de la “agudización de las contradicciones”, es decir de la exacerbación de todos los conflictos que existieran o fuera posible producir dentro de la sociedad chilena, en vista a acelerar el proceso dialéctico, motor del cambio revolucionario. En este sentido fue un activo promotor del odio y el conflicto, que culminó en el 11 de septiembre de 1973. El nivel de tensión, temor y animadversión entre chilenos alcanzó una intensidad difícil de imaginar hoy día. En parte, explica la violencia del enfrentamiento militar, la radicalidad de los que se oponían a la UP y la persistente división de nuestra sociedad hasta hoy.
Así, dejando siempre la ventana abierta al “cambio de vía”, durante el gobierno de Allende, la posición de Corvalán y del Partido Comunista fue avanzar hacia la conquista del poder total dentro del sistema democrático, hasta reunir la fuerza suficiente para cambiarlo en forma radical e irreversible.
Y en esa línea política se cruzó con Prats.
Prats fue un militar fuera del promedio de la época. Logró un gran prestigio entre sus compañeros de armas, subalternos y superiores. En una época en que muchos militares y civiles carecían de intereses intelectuales diferentes a los de sus profesiones, Prats fue un adelantado. Su autoestima era grande y su valoración por parte del mundo civil sólo se produjo cuando atrajo el interés del gobierno de Allende.
Días después del 4 de septiembre de 1970, se iniciaron una serie de reuniones entre miembros del Partido Comunista y altos mandos del Ejército y rápidamente fue detectado como un buen contacto. Corvalán así lo señala: “Algunos de esos oficiales fueron superando los prejuicios y las imágenes distorsionadas de los comunistas. Al término de una de esas reuniones en que participó Volodia Teitelmboim, el General Prats hizo un brindis muy ilustrativo. Se puso de pié y dijo que quería contar un breve cuento árabe.
- Un beduino – contó – mientras cabalgaba en el desierto divisa a lo lejos a otro jinete que marcha a su encuentro lentamente. Piensa que es un enemigo y se pone en guardia. Desenvaina su sable y lo alza por sobre su cabeza. El jinete que se acerca no se inmuta. Sigue tranquilo al paso de su cabalgadura. El beduino baja su sable y se percata que no se trata de un enemigo. Los dos jinetes se aproximan entre sí y de repente, el beduino del cuento descubre que el que llega a su lado es su hermano –
- Salud entonces, exclama el insigne general, que luego tomaría el mando del Ejército.
Aunque ideológicamente distante de la izquierda, Prats encontró en muchos de sus hombres (del PC), los valores que más lo atraían, empezando por el patriotismo consecuente.” (De lo Vivido y lo Peleado, Corvalán, pag 262).
Se puede apreciar que según Corvalán, tan tempranamente como octubre de 1970,- antes de recibir el cargo de Comandante en Jefe del Ejército -, Prats ya se había hermanado con las posiciones suyas y de su Partido. Mucho antes de que la sistemática “agudización de las contradicciones” llevara a Chile a la brutal división que alcanzó en 1973.
¿Por qué Prats cambió tanto y tan rápido?, difícil saberlo. Tal vez ni el mismo pudiera dar una razón única y clara. En sus Memorias explica que su compromiso central estuvo siempre en la conservación de la estabilidad y la democracia y que ello pasaba por la continuación del Gobierno de la Unidad Popular, hasta su normal conclusión.
Hay opiniones divergentes respecto a si ese proceso hubiera concluido en una transición “normal” con entrega del poder a otro grupo político que ganara las elecciones. Las ideas, los dichos y las acciones de los políticos que dirigían la Unidad Popular en esos años señalan que ello no hubiera sucedido si hubiesen podido evitarlo, y que con o sin la aquiescencia de Prats, la UP contaba con su participación para perpetuarse en el poder, como bien lo señala el mismo Corvalán, cuando en el mes de julio de 1973, el gobierno analiza la opción del autogolpe de estado:
“Concretamente, le sugerimos (a Allende) formar un nuevo gabinete con mayor representación de la clase obrera y, al mismo tiempo, con una relevante participación de los militares comprometidos con el programa popular y dispuestos a doblarle la mano a la mayoría parlamentaria… Allende se manifestó de acuerdo con la propuesta. El General Prats también concordó con ella, considerando sin embargo, que antes de materializarse debían agotarse los esfuerzos para llegar a acuerdo con la Democracia Cristiana …” (lo que es coincidente con la versión del mismo Prats en sus “Memorias” (pág 401), idea que fracasó ante la decisión de Allende de forzar el ingreso de las FFAA al gobierno en forma “incondicional”, es decir, para seguir llevando a cabo, sin cambios, las políticas de la Unidad Popular y porque Prats no puso garantizar que parte importante del Ejército lo seguiría.
Joan Garcés, secretario personal de Allende, en su libro “Allende y la Experiencia Chilena” confirma ese rol de Prats en la estrategia de Allende, cuando relata su renuncia, ya sicológicamente quebrado, a la Comandancia en Jefe del Ejército: “Nadie parece entender lo que ha pasado con Prats, siendo que en unos meses será el hombre más importante de Chile”, me decía (Allende) la noche del 31 de agosto (de 1973)”.
Es toda una ironía que quienes forzaron el ingreso de los militares a la política para llevar a cabo el programa que no podían materializar por la vía de la institucionalidad democrática y que se beneficiaron en forma abusiva de su lealtad (“Y el aparato militar actuó siempre en respaldo del gobierno”. Garcés, Pág. 151) durante tres años de crisis política económica y social provocada por ellos mismos, hasta que la situación fue insostenible, hayan desconocido por completo sus responsabilidades y culpas.
Corvalán y Prats vinieron de mundo distantes y convergieron, tal como en el cuento del beduino, en el intento de la conquista del poder total en Chile.
Corvalán sabía bien lo que estaban haciendo. ¿Lo sabía Prats?.





Posted by Claude on August 06, 2010 at 01:11 PM CLT #
Posted by Erasmo bernales ochoa on August 07, 2010 at 10:35 AM CLT #