Energía eléctrica.
Nov. 01 , 2011
Mayoritariamente, la opinión pública chilena ha acogido los argumentos de los ambientalistas nacionales y extranjeros que se oponen a la generación y transporte de la energía eléctrica que pueden producir las cinco centrales hidroeléctricas que conforman el proyecto HidroAysén.
Por otra parte, aún los promotores más entusiastas de las energías alternativas no convencionales – eólicas, mareomotriz, solar – reconocen que ellas no pueden conformar el grueso de la matriz energética nacional, a lo menos en los años por venir, debido a su inmadurez técnica, alto costo, localización física de las instalaciones y su transporte, es decir, ellas podrían complementar pero no reemplazar a otros tipos de generación más masivas y eficientes.
En los últimos 15 años, la mayoría de las nuevas plantas generadoras de energía eléctrica han sido del tipo térmico, de petróleo y sus derivados y principalmente de carbón que, en general son las más contaminantes. La generación a gas quedó descartada como consecuencia del incumplimiento por parte del gobierno Argentino de los contratos firmados entre los gobiernos de Menem y Frei.
La provisión de energía hidroeléctrica con las plantas de la zona central ya no da abasto y debido a las sequías recurrentes es altamente insegura.
Después del tsunami que afectó a Japón y puso de manifiesto las deficiencias de la planta de Fukushima, en Chile – gobierno y opinión pública, en estampida - descartaron la generación eléctrica en base a plantas nucleares.
Otro elemento crítico del problema es que Chile es uno de los países de la región en que la energía es más cara, es decir, este problema afecta directamente a nuestra competitividad y por ahí, a nuestra economía, desarrollo y bienestar.
Lo señalado nos pone en una situación muy complicada: las nuevas tecnologías no convencionales no solucionan el problema por sí solas; el camino que hemos seguido hasta aquí, la generación a carbón, no es ya aceptable por su alta tasa de contaminación; se necesita más energía proveniente de nuevas fuentes y ojalá a menores precios que los actuales. La energía nuclear ha sido descartada.
El único gran proyecto actualmente en estudio es el de HidroAysen.
Hasta ahora, este proyecto se ha manejado en dos instancias:
- Los promotores del proyecto han actuado a través de la institucionalidad legal y técnica vigente, teniendo por contraparte a las autoridades de gobierno. Se los acusa de no haber socializado su proyecto y de imponer su conveniencia económica sin considerar debidamente el aspecto ambiental. Sus detractores descalifican este manejo por haberse llevado a cabo “Entre cuatro paredes y por poner al lucro por delante del interés social”.
- Los adversarios del proyecto se han movido apoyándose en organizaciones internacionales y una enérgica movilización pública que, haciendo causa común con inquietudes sociales de otras índoles, han generado una presión potente sobre el Gobierno y sobre el Congreso y conseguido un significativo apoyo popular. Sus detractores califican estas movilizaciones y presiones sociales como “fascismo de izquierda, irrealismo y asambleísmo amenazador e irresponsable”.
Ideológica y políticamente podemos estar en cualquiera de las dos posiciones, pero simultánea e irremediablemente, estamos en un mismo bando: vivimos en Chile y necesitamos energía eléctrica.
Los últimos ingredientes de este incordio son la aprobación, en primera instancia, del proyecto HidroAysen y el reciente comienzo del debate respecto al problema del transporte de la energía que producirá dicho proyecto.
Se presentan tres alternativas: Postación y cableado terrestre; cableado submarino y transporte de la energía mediante una línea que transite por Argentina.
La primera alternativa es rechazada por los ambientalistas; la segunda por HidroAysen, en razón de los costos, y la tercera debería ser rechazada por el sentido común, repetir el ejercicio del gas con Argentina confirmaría un nivel irremediable de idiotez nacional.
Las partes – ambientalistas e industriales - ya han dicho lo que tenían que decir y ahora es el tiempo de las instancias institucionales en la cual se trabajan los acuerdos entre los diversos sectores de la sociedad chilena: El Congreso y el Gobierno. Ellos son los que deben recoger los argumentos de los interesados, analizarlos, considerar el interés nacional, exponer sus puntos de vista ante la opinión pública y aprobar o rechazar las soluciones que se consideren, y sobre todo, hacerse cargo de las consecuencias de sus decisiones.
Postergar o ignorar el problema no es solución. Rechazar todas las alternativas tampoco lo es.
Post a Comment:





Posted by Erasmo bernales ochoa on November 03, 2011 at 02:15 PM CLST #