Derogación de la Ley del Cobre: el carretón delante del caballo
Jan. 07 , 2009
Gruesamente hablando, el gasto militar se descompone en tres grupos principales: sueldos, inversiones y operaciones.
Los sueldos están determinados en la ley de presupuesto anual y asociados a los de la administración pública.
Parte de las inversiones son financiadas con los recursos de la Ley del Cobre: la adquisición de sistemas de armas.
Pero también hay inversiones que no son armas: edificios, estanques de combustibles, depósitos para municiones, muelles, aeródromos, cuarteles, vehículos administrativos, que la Ley del Cobre no financia.
Los gastos de operación son aquellos destinados a mover y operar los equipos: combustibles, municiones, alimentos, repuestos, consumos generales y consumos técnicos, lubricantes.
Mirado desde otro ángulo, como se señaló, las FF.AA. cuentan con bienes durables que conforman su capital: buques, tanques, aviones, cañones, sistemas de comunicaciones, sistemas de apoyo logístico al material y una cantidad de recursos para operación.
¿Cómo funciona el sistema?. Todo comienza a partir de una realidad ineludible: Hay que pagar los sueldos; alojar, educar y alimentar personas. Hay que reparar edificios e infraestructura en general; hay que pagar consumos básicos: energía, gas, agua. Aquí tenemos el primer cuello de botella: como los recursos de inversión está desacoplados de los de operación, resulta que en determinados casos se adquirieron determinados equipos con alto costo de mantención, que demandan muchos recursos de operación. Es como si uno de nosotros tuviera dos bolsillos con monedas de diferentes países que nos permitieran comprar solo algunos tipos de cosas. Por ejemplo, podríamos comprar un auto en dólares pero podríamos tener muy pocos pesos para comprar bencina y pagar el taller para hacer la mantención.
Pero el asunto es aun mucho más complejo: Las FF.AA. son sistemas diseñados para el combate, para derrotar a otro sistema de fuerzas que se le opone. Son conjuntos de sistemas de armas y personas que deben entrenar tal como un equipo de fútbol o una fábrica de autos. A mayor entrenamiento, más eficiencia, menos accidentes, menos deterioro en el material. Pero entrenar cuesta dinero, se gastan repuestos, combustibles, lubricantes, más alimentos, muchas municiones, más mantenimiento y también se acelera la depreciación de los bienes de capital.
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Alguien debe definir el mix de gasto – inversiones – operaciones a partir de una decisión política que determine que priorizar en cada caso: elevar el nivel operacional, acumular recursos o reducir el gasto total y ese alguien es el gobierno, a través del Ministerio correspondiente; no son las instituciones las llamadas a hacerlo.
Este es un problema de gestión empresarial complejo pero perfectamente manejable, existen técnicas difundidas a nivel mundial para hacerlo con eficiencia, muchas de las cuales se aplican en Chile a nivel institucional, pero es como si las finanzas de la hija menor funcionaran bien y las del dueño de casa fueran un enredo.
Bien, a este sistema, confuso e ineficiente, se le sacará una de las piezas principales antes de haber diseñado e implementado una organización capaz de establecer, liderar y controlar procesos razonables de gestión.
Parece de toda lógica pensar primero, luego organizarse y sólo después iniciar los cambios.
Como mencioné en otro artículo, la organización propuesta para el Ministerio de Defensa, que se supone debería cumplir las funciones descritas, no tiene las capacidades necesarias para hacerlo.
Instalaremos un caos y de caos auto inflingidos ya tenemos experiencia.



