Fernando Thauby

Chile, la región, el mundo.

 

Defensa: Fin de una época

Apr. 13 , 2009

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La defensa nacional y sus instituciones, desde la mitad del siglo XX han vivido una sucesión de desafíos de gran magnitud y han salido airosos de todos ellos: desde mediados de los años ´60, la amenaza mortal planteada por los esfuerzos subversivos y divisionistas de variadas organizaciones de izquierda, en su marcha hacia la captura del poder total; la crisis planteada entre 1975 y 76 por el gobierno del general Velasco Alvarado de Perú y sus seguidores en “la aventura chilena”, conjurada gracias a la capacidad de organización de los  escasos recursos militares disponibles y al sacrificio de miles de soldados, marinos y aviadores. Al igual que la otra grave crisis que se le superponía, la crisis con Argentina,- con su período  álgido entre 1978 y 1979 -, consecuencia de la negativa del gobierno de ese país a aceptar el fallo arbitral Británico, y por último, desde la vuelta a la democracia, la recomposición de la unidad nacional en torno a los valores e intereses permanentes de Chile, materializada gracias a la buena voluntad y patriotismo de todos los sectores involucrados, no puede menos que hacernos sentir orgullosos de nuestros logros  colectivos.



La gestión de defensa de la Concertación fue signada por esta última situación, muy difícil y no exenta de riesgos, marcada en sus inicios por el desconocimiento, las sospechas y las desconfianzas más profundas. Cumplió  con éxito sus desafíos prioritarios e imprescindibles: restablecer el prestigio del Ministerio de Defensa, desarrollar la confianza mutua con Argentina, poner a la defensa en el nivel de las demás políticas públicas en cuanto a transparencia y visibilidad, esclarecer lo que Chile hacía en este campo mediante la publicación de dos Libros de la Defensa que aportaron más que un simple documento, también abrieron un espacio de colaboración civil militar de gran importancia y para finalizar,- sin agotar la enumeración de los logros alcanzados -, la creciente participación internacional de las FFAA, en diversos escenarios y tareas, de acuerdo a las necesidades derivadas de nuestra política exterior y política económica.


No es menor lo hecho, al contrario, fue una larga e intensa jornada, pero ahora, y desde hace ya algunos años, esta etapa ha sido superada y enfrentamos muy grandes desafíos que no hemos asumido con la debida dedicación y profesionalismo, lo que pone en peligro la continuación de nuestros éxitos. En efecto, los avances reseñados sumados al avance impresionante de la calidad de nuestro material militar nos pone ante desafíos de modernización de una naturaleza diferente, ya no basta la eficacia, la capacidad de hacer cosas, de alcanzar metas, ahora es necesaria la eficiencia, es decir, optimizar el empleo de los recursos para hacer más con los mismos recursos humanos, financieros y materiales.


El “dejar hacer”, útil en el tiempo de restablecer confianzas, ya no es suficiente. El tomar decisiones a partir de las recomendaciones o de las negociaciones entre las Instituciones, que fue útil a la hora de conjurar fricciones, no es eficiente, se necesita liderazgo técnico, capacidad de gestión empresarial y toma de decisiones en términos de resultados y no ya de evitar conflictos. Es necesario relacionar gastos con resultados mensurables, es necesario establecer objetivos y vigilar su cumplimiento.


La capacidad de gestión logística, del personal y del material, de las Instituciones es mayor que la del Ministerio y eso es insostenible,


Es imprescindible que el Ministerio de Defensa sea tratado como  una tarea técnico - profesional más que como un puesto político cómodo y más o menos inocuo. Hoy en día el principal desafío es transformar la gestión de la defensa en algo comparable a la de los países desarrollados, regida por criterios e instrumentos de gestión empresarial modernos, que están siendo empleados  en esos países y que están en nuestro conocimiento desde hace ya demasiado tiempo sin que los adoptemos.



La defensa necesita siempre todo tipo de personas, pero en este momento histórico el acento necesita estar más en la presencia de administradores profesionales experimentados y menos en la de negociadores políticos.
Esa etapa quedó atrás.


El presente proceso eleccionario nos permitirá evaluar y comparar las propuestas de los candidatos en esta importante materia.



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