La Medida de la Felicidad y el Sufrimiento
Dec. 28 , 2008
Durante mas de 40 años se nos ha estado convenciendo de que existen formas de calcular la felicidad, de los caminos para llegar a ella y de necesarios rituales para permanecer en ese estado. En nuestro mundo occidental se nos ha dicho que la felicidad esta asociada fuertemente a la tenencia de cosas, al acceso de cosas escasas y deseadas, al confort y la comodidad. En síntesis a un sistema de consumo que pueda ser cubierto por mis rentas y/o por mis capacidades de endeudamiento.
La crisis actual no es novedad para los países o las familias mas pobres que han tenido que sufrir 5 crisis en los últimos 40 años, sino para quienes nunca la han vivido y estaban convencidos que un determinado estado de bienestar era ya algo mas que básico, común e indiscutible.
Claro el pobre dice:”siempre hemos sido pobres y seguiremos siendo pobres”. Esta máxima permite estar permanentemente en una situación de inestabilidad y de continuo cuestionamiento de las formas de subsistencia, por lo que los efectos de esta nueva crisis tiene poco de novedoso.
Durante estos últimos 20 años han surgido en democracia una capa social que fluctúa entre un C1 tirando para B, y un ascendente D tirando para C3, también llamados los C4. Son en general profesionales, en muchos casos el primer profesional de la familia, o bien técnicos de nivel superior, solteros o casados con 1 o 2 hijos máximo, con auto, departamento propio y vacaciones en algún resort de Chile o del Caribe. La clave de este resurgir no han sido necesariamente los altos niveles de ingreso, sino que la capacidad de endeudamiento. La felicidad, desde los cánones tradicionales, esta echada.
Bien lo saben los bancos que lo que tienen lo deben prácticamente todo. Aún se esta pagando la universidad o el instituto, el departamento, el auto, el colegio de los niños, las últimas vacaciones, la tarjeta de crédito, la línea de crédito, los regalos de navidad y hasta la cena de año nuevo.
En la última encuesta Cerc de Diciembre del 2008 y que recién salió esta semana indica que un 68% de las personas esta preocupado o muy preocupado por quedar cesante. Si esto se desagrega por ingresos tenemos que los asalariados medios altos están un 63% preocupado y entre los asalariados medios bajos un 79%.
Los problemas surgen por los niveles de ansiedad y de angustia que estos nos entregan. Si ya de por sí nuestro país es considerado uno de los mas depresivos del mundo, la presente crisis no hace sino profundizar los cuadros nerviosos.
Ulceras, gastritis, reflujos, stress y otros son solo los síntomas de un estilo de vida que puede pasarnos la cuenta. El sufrimiento a perder lo logrado, a sentirse un fracasado, a ser un paria entre sus iguales, a perder los círculos de amistad y de prestigio están como justificación espontánea a ese sufrimiento. Cambios en los estilos de vida no parecerá solo una frase cliché cuando por mantener los status sociales tengamos que asumir los costos financieros del sobreendeudamiento y la cesantía.
La necesidad de generar nuevos modelos de desarrollo, de relación entre las personas y cambios en la escala de valores debieran comenzar a ser parte de las políticas de gobierno, de los intereses de los gremios y de los programas de estudio. Y si los distintos espacios de poder no quieren o no les interesa generar esos cambios, siempre esta la posibilidad que en el campo individual cada uno haga su propio proceso de cambio y transformación profundo. Superar el dolor y el sufrimiento, amar la realidad que se construye y aprender sin límites son objetivos no para enfrentar la crisis social y personal, sino que para sobrepasarla.






Posted by Joako on January 08, 2009 at 06:47 AM CLST #