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El round Vidal - Velasco: primeros pasos hacia un indispensable debate
06.13.2010 | 8 Comments
Las valientes declaraciones del ex ministro Francisco Vidal, en su entrevista al Mercurio el día 6 de junio, han detonado un debate imprescindible para que la izquierda y el centro puedan levantar una alternativa efectiva para derrotar a la derecha en las elecciones municipales del 2012 y en las presidenciales del 2013. Ello, siempre y cuando se supere ¨la pelea chica¨ que reprime los temas de fondo.
No ayudan en tal sentido las posteriores descalificaciones del ex ministro Velasco contra su ex colega de gabinete, al señalar que “si de asignar culpas se trata, le recomiendo a Vidal que parta por mirarse en el espejo. La gente penalizó con el voto la política pequeña, de operaciones y contubernios, de la zancadilla y el insulto, que él encarna como pocos”. Tal no es manera de responder a una crítica dura, que en términos políticos puso un debate adecuado sobre la mesa.
Vamos entonces a los temas de fondo. Velasco afirma que “echarle la culpa del resultado electoral al manejo económico es simplemente surrealista”. Tal no era el argumento de Francisco Vidal, quien centró su crítica en la influencia desmedida de una lógica tecnocrática profundamente ideológica -que endosaba un ideario profundamente liberal en lo económico- en la toma de decisiones del gobierno anterior. Brilla por su ausencia una respuesta convincente de Velasco y sus afirmaciones pueden rebatirse desde dos ángulos:
En primer lugar, las grandes debilidades del manejo económico de Velasco, quien no fue capaz de ofrecer al país una propuesta innovadora para manejar las holguras con que se contó al inicio de la administración Bachelet. Por mucho que se afinque en un lema bíblico, “ahorrar en tiempos de vacas gordas precisamente para gastar en tiempos de vacas flacas” resulta ser insuficiente para orientar la política económica.
Y la crítica de este “lema” por supuesto que no adosa un gasto irresponsable, ni un dispendio sin brújula de todos los recursos extraordinarios, ni desprecia un manejo macroeconómico prudente. Pero los déficits históricos en educación, en salud y en investigación y desarrollo tecnológico merecían un esfuerzo especial, que se hacía viable emprender al contar con mayores recursos gracias a los precios del cobre. A Velasco le faltó creatividad y coraje para intentar adecuar la política de su predecesor, que fue desarrollada en las condiciones difíciles de la post crisis asiática, a las nuevas condiciones. Y una mayor inversión en las áreas indicadas no habría impedido más tarde enfrentar las consecuencias de la crisis financiera global.
Ya que el centro del debate planteado por Vidal son las causas de la derrota presidencial, cabe referirse a las responsabilidades principales de Velasco y del equipo económico de la Presidenta Bachelet en cuanto a las graves consecuencias políticas de varias de sus decisiones económicas, y que también son cuestionables desde el punto de vista económico. A manera de ejemplo pueden resaltarse: a) El proyecto de ley del 2007 sobre depreciación acelerada, que fue un primer detonante de graves problemas que afectaron a la Concertación y la llevaron a perder su mayoría parlamentaria y más tarde la elección presidencial; b) El estilo con que se negociaron el salario mínimo y las remuneraciones del sector público, que debilitaron las relaciones tradicionales de la Concertación con el movimiento sindical, agudizando los problemas políticos que ya cruzaban a la coalición, agudizados aún más por el beligerante debate en torno a la subcontratación. La manera en que el Ministerio de Hacienda (y esto tenía precedentes en los gobiernos anteriores) venía conduciendo la reforma del Estado operó en la misma dirección: no se trataba solo de una visión tecnocrática, sino de la ausencia de una perspectiva que entendiera las singularidades del sector público respecto del sector privado a la hora de su reforma y que, entre otras cosas, dificultaba entender que gobernar no es simplemente producir servicios para la ciudadanía.
Del debate entre los dos ex ministros, desde mi punto de vista, es importante rescatar la idea básica de Vidal del predominio de una lógica tecnocrática. Para el grupo de la Concertación que lideró Velasco, el gran problema que amenaza al Estado y la política pública es su captura por los grupos organizados. No en vano a lo largo de los 20 años de Concertación, las organizaciones sociales se fueron deteriorando progresivamente (la sindicalización es muy baja y otras formas de organización son muy precarias), no hubo políticas que fomentaran la organización social y con frecuencia hasta se combatieron los intentos incipientes de organización.
Aquella lógica tecnocrática tuvo dos resultados principales. En la actualidad las únicas organizaciones poderosas son las del mundo empresarial. Los empresarios tienen muchos incentivos para organizarse, pues su capacidad de incidir en las políticas públicas les reporta rápidos e ingentes beneficios. La descalificación de la organización social ha corrido a parejas con la alta valoración de la organización del empresariado: de otra forma no se explica la permanente rendición de cuenta de las principales autoridades a los gremios empresariales en distintos eventos, consistente además con una arraigada concepción tecnocrática: la idea de que la política debía complacer a los mercados internacionales y sus operadores, pues de lo contrario los capitales huirían de nuestro país. Menospreciando la soberanía nacional en una serie de aspectos, temiendo las eventuales búsquedas de sectores organizados de la población que se concretaran en propuestas pertinentes, y olvidando que los mercados internacionales con frecuencia operan contra los intereses de los ciudadanos, tal como quedó claro en la última crisis internacional.
En tal contexto, la ruptura con el movimiento social hizo que la Concertación perdiera otro instrumento crucial para ganar las elecciones: la influencia electoral de los individuos organizados, que tienen un área de influencia importante en el mundo social desorganizado. Que los primeros, desilusionados con la Concertación, abandonaran su involucramiento en la campaña llevó al universo de los individuos no organizados a votar por la derecha, resultado por lo demás natural en un mundo como el nuestro, caracterizado por una gran concentración de los medios de comunicación que, sin excepciones, apostaron por el candidato de la derecha.
"No me ayude compadre"
11.03.2009 | 12 Comments
Mientras el Gobierno da señales simbólicas de apoyo a Frei, su política contribuye día a día a aumentar el descontento de sus bases, a fortalecer la candidatura de Enríquez – Ominami y en definitiva a viabilizar el triunfo del candidato de la derecha.
No se entiende de otro modo, el que el Gobierno esté desde hace algún tiempo embarcado en una batalla campal con los profesores, con los funcionarios públicos y por esa vía con el mundo de trabajadores organizados. Más aún, tampoco se constata que exista un “buen feeling” con los ecologistas y menos aún con el movimiento indígena. Las otras modalidades de organización de la sociedad civil, no tienen mejor suerte.
Esta situación se explica a partir de varios elementos. El primero tiene que ver con un desplazamiento del centro de poder al interior del Gobierno. La conducción política se ha trasladado, definitivamente, al Ministerio de Hacienda. Ello se ha expresado en la seguidilla de ministros del interior que abandonaron el Gobierno luego de constatar que por una u otra razón “estaban pintados en la pared”. Los partidos de la Concertación pusieron grandes esperanzas en la nominación del “panzer” demócrata cristiano Edmundo Pérez Yoma. No obstante, al poco andar y aún cuando el gabinete empezó a evitar el exceso de autogoles, lo cierto es que no fue capaz de reponer “la política en el puesto de mando”.
El problema que enfrentamos, es sin embargo, de mayor gravedad. No es sólo que la conducción política global se ha trasladado al Ministerio de Hacienda. A ello se suma, una creciente injerencia de este ministerio en la toma de decisiones de los ministerios sectoriales. Ya sea que se trate de la política de innovación, de salud o de educación, los distintos organismos saben que no tiene sentido conversar con la autoridad política correspondiente, sino que lo clave es negociar con la Dirección de Presupuestos. Esta injerencia lleva a que las autoridades sectoriales tomen distancia de lo que sucede en los diferentes ámbitos bajo su responsabilidad. Es así como es un secreto a voces al interior del gobierno, que esta situación tiene mucho que ver con los problemas experimentados por el sistema de becas al exterior. Algunos tratan de conceptualizar este abandono de funciones, forzando nuestra lengua materna, como de “desresponsabilización” por parte de las autoridades sectoriales.
En un contexto de esta naturaleza, no se observa por ejemplo que el Ministerio de Educación conceptualice el conflicto con los profesores en el contexto de la gran reforma de la educación que necesita el país. No existen señales de que se dialogue con los profesores respecto de cómo otorgarle a la educación pública el rol central que tiene en todo sistema democrático; no aparecen tampoco los temas del perfeccionamiento de la carrera docente, de su transformación en una profesión competitiva capaz de atraer a los jóvenes más talentosos; de superar los graves defectos que desde el punto de vista de la enseñanza y de la equidad, presenta la educación municipalizada. La falta de liderazgo intelectual de la ministra de educación permite que el conflicto de los profesores no sea sino un problema presupuestario.
El segundo elemento es de naturaleza ideológica. El ataque al Estado Benefactor, al desarrollo más igualitario que las sociedades occidentales empezaron a experimentar desde el “New Deal” de Roosevelt y de los regímenes socialdemócratas en la Europa que surge de la Segunda Guerra Mundial, protagonizado por Reagan, Thatcher y Pinochet, se tradujo en una propuesta de desregulación y privatización generalizada. No obstante, algo que se olvida, es que este ataque tuvo una tercera dimensión: el intento de desorganizar la sociedad, de terminar con las distintas formas organizativas con que los grupos más débiles intentaban tener voz. La guerra de Thatcher contra los sindicatos fue paradigmática. El correlato chileno fue el asesinato de múltiples dirigentes sindicales y sociales así como la prohibición de la actividad sindical bajo la dictadura derechista. Esta política fue rescatada por los organismos internacionales que vieron en esta individuación una vía para imponer la economía de mercado. Esta visión que ve en cualquier intento de organización un obstáculo a las “buenas políticas” tiene una gran presencia en el grupo dominante de la actual administración. En ese sentido, la falta de disposición al diálogo si bien tiene una razón presupuestaria de corto plazo, tiene otro trasfondo aún más importante: la idea de que para hacer avanzar la política educacional y de modernización del Estado que impulsa el Ministerio de Hacienda, es necesario romper la organización sindical.
El tercer elemento que explica esta política, es también ideológico. El equipo económico conductor del gobierno, está convencido de que en el largo plazo, la privatización de la educación, de la salud y de la previsión es el mejor camino. Es por eso, que niega los recursos para invertir en equipamiento en salud pública y prefiere comprar servicios, a mayores costos, al sector privado. Es por eso que se niega a invertir los recursos necesarios en hacer a la educación pública una opción para toda la población. Es por eso, que no introdujo reformas sustanciales al sistema de capitalización peso a todos los problemas que lo afectan. Se mantiene en definitiva, una política que no permite, a la educación, a la salud y a la previsión pública competir en igualdad de condiciones con la versión privada, para que como decía un connotado deportista “que gane el más mejor”.
Es por esto, que es poco probable que el actual Gobierno se siente a conversar con los sectores que fueron siempre parte fundamental de su base política. Son estas profundas diferencias las que explican la grieta que divide a la familia concertacionista. El principal exponente de esta política es Andrés Velasco. Es por eso que su eventual desembarco en la campaña de Eduardo Frei es poco probable que ayude al éxito de la candidatura.
Gonzalo Rojas y el financiamiento público de la política y la cultura.
04.29.2009 | 15 Comments
Se había dicho que Hermógenes Pérez de Arce había salido de
El Mercurio, pero su espíritu ha tomado la pluma de Rojas.

