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Negociación programática y pacto de gobierno: condición del triunfo de la centroizquierda

10.02.2009 | 8 Comments

Las declaraciones de Marco Enríquez – Ominami a un diario trasandino a finales del mes de septiembre pasado, de que "Ni lo sueñen. Si el que pasa a la segunda vuelta es Frei, no lo vamos a apoyar” es probablemente el principal hecho político de las últimas semanas. Más allá de las declaraciones “aclaratorias” y de las diferencias que se han constatado al interior de su comando, lo cierto es que con dicha afirmación se ha oficializado el quiebre de la Concertación, cuestión que en todo caso venía quedando en evidencia hace ya tiempo.


Osvaldo Torres, dirigente de su campaña, en un artículo reciente ha planteado que el acuerdo para la segunda vuelta implica una negociación programática y un pacto de gobierno. (http://www.elmostrador.cl/index.php?/noticias/articulo/conduciendo-a-miss-daisy/). En mi opinión el articulista pone con crudeza el tema que es necesario resolver si se quiere mantener una dirección progresista en el próximo gobierno.


Al contrario de lo que se observaba al principio el electorado de centro e izquierda está más dividido de lo que se pensó en un inicio. Aún cuando Frei sigue manteniendo la delantera, lo claro es que la desventaja respecto de Sebastián Piñera se va a ubicar en torno a los 10 puntos. Revertir esa desventaja en la segunda vuelta, no podrá hacerse como en el pasado, en que simplemente se apostaba a la “cordura” de los candidatos del Juntos Podemos. Para lograr superar a Piñera, será necesario establecer un acuerdo político que incluya un compromiso programático y un pacto gubernamental, un poco al estilo de los gobiernos de coalición. Aún cuando resulta cómodo creer que es posible buscar los apoyos del otro candidato sobre la base del argumento “del mal que le podría hacer al país el triunfo de Piñera”, es del más básico realismo entender que el quiebre de lo que fue la Concertación es irreversible y sólo se puede recrear a partir de un pacto político de largo alcance.


El no abordar este tema crucial es resultado sólo del convencimiento de que la derrota en diciembre es inevitable. De lo contrario, ambos candidatos empezarían a desarrollar iniciativas para lograr el acuerdo señalado, buscando compatibilizar la competencia con la construcción de un pacto gubernamental.


Aún cuando el nuevo escenario político aparece más claro en las huestes de MEO no ayudan los juegos de palabra del candidato. De lo que se trata es abordar la reconstrucción de la coalición de centroizquierda y eso implica reconocer que el pasado común ya no es fundamento suficiente para construir una propuesta de futuro compartida. Para la Concertación el problema es que la disposición a negociar el acuerdo, implica reconocer a MEO como una fuerza beligerante relevante. Para el grupo que apoya a Enríquez Ominami, el problema es cómo lidiar con su base electoral que incluye gente que se siente más cómoda con la Alianza por Chile.


El acuerdo no es fácil. Son muchos los temas sobre los cuales los desacuerdos son sustantivos. Lo paradojal es que, las diferencias atraviesan por igual a la Concertación y a quienes apoyan a MEO. Se suman además a los desacuerdos antipatías personales que generan clivajes distintos y que complejizan aún más negociaciones de suyo difíciles.


Ahora bien, el acuerdo político pasa por reordenamientos al interior de ambas candidaturas. Del mismo modo, la disposición al acuerdo pasa también por una renovación del personal que ha estado al mando de la Concertación. Ello le haría bien a un futuro gobierno que quisiera mejorar su capacidad de gestión. Es probable, además, que ello potencie las posibilidades de derrotar a Piñera en la segunda vuelta.