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Peña, ante el debate de Vidal y Velasco

06.21.2010 | 2 Comments

Con su agudeza habitual, Carlos Peña intervino esta semana en el debate entre Vidal y Velasco con una hipótesis atractiva: “lo que está en medio de esa disputa… no es la cuestión – a estas alturas gastada e inútil – de las causas de la derrota electoral. Tampoco si el liberalismo económico, por llamarlo así, que inspiró algunas de las decisiones de Bachelet fue generoso o si fue mezquino. Lo que se discute… es cuáles son los títulos de legitimidad que poseen esas ideas que hasta ahora, para bien y para mal, lograron hegemonizar la Concertación”. Concluye afirmando que lo que subyace…“es nada más ni nada menos cuan en serio nos tomamos la democracia y el sistema de partidos”, tema  profundo, aunque no parece claramente hilado con la tesis inicial.  
Una dura crítica del rector va directo al corazón de la racionalidad ¨técnica¨ omnisciente. Señala que las grandes claves para encarar problemas cruciales que enfrenta la humanidad y nuestro país (y que tienen relación con el sistema de pensiones que nos rige, la segmentación educativa y de salud y para la política en general) no es algo que puede ser resuelto por los expertos. Tras preguntarse por cuánta igualdad, cuánta diferencia, qué riesgo debe soportar cada uno y cuánto riesgo debemos distribuir entre todos, afirma que “a la hora de responder esas preguntas, no hay expertos, todos somos profanos..La democracia descansa en la convicción de que las respuestas a esas preguntas pertenecen al conjunto de la ciudadanía”. ¡Qué golpe a la arrogancia tecnocrática, descalificadora de la opinión democrática y de las que buscan expresar las organizaciones ciudadanas y sociales!
Esta perspicaz visión contrasta, sin embargo, con dos de sus afirmaciones - que el debate en torno a las causas de la derrota es inútil, e irrelevante cuáles ideas orientaron la política del pasado gobierno- y también con la explicación, algo pobre, de cómo un puñado de personas tomó la dirección de la política bajo la administración anterior. Se trata de un análisis que desdibuja las raíces políticas del posicionamiento del grupo de Velasco.
Para quienes pensamos que el centro y la izquierda deben ser capaces de levantar una fuerza competitiva para las elecciones del 2013, por el contrario, es indispensable conocer las causas de la derrota También lo es para analizar seriamente las ideas económicas que marcaron el sello del gobierno anterior y que, aunadas con otros elementos abrieron paso a un gobierno de derechas.
Peña reconoce que “Hasta ahora la Concertación se dejó dominar por quienes – a pretexto de la gobernabilidad primero y del saber técnico después – moderaron la agenda pública y sujetaron las demandas”, pero no saca las consecuencias de la dominancia de estas ideas en la derrota de la Concertación. El predominio del grupo afín a Velasco en la última Administración deriva, según él, de “virtudes que no son específicamente políticas: la habilidad en el management, las redes sociales, el saber técnico”.
Cabe señalar, en primer lugar, que la influencia al margen de la representación no es propia sólo del grupo que lideró el gobierno en la última Administración. Los grupos económicos y las asociaciones empresariales ejercen una influencia en la política pública que va más allá de su fuerza electoral. Algo similar puede afirmarse respecto de los medios de comunicación, que transmiten frecuentemente visiones interesadas del transcurrir político. La influencia política deriva, en todos estos casos, del poder económico.
Pero,  ¿cómo predomina un grupo afín a las ideas de Velasco, que carece de esas fuentes de poder? Responder a esta pregunta hace necesario analizar tres temas que Peña no considera: primero, la forma en que se toman las decisiones de política pública, segundo, la ideología del grupo que le permite articularse con los intereses predominantes y tercero, las condiciones políticas que hacen posible su predominio.
Respecto de los primero, cabe remarcar que la toma de decisiones de política pública sólo de manera muy limitada tiene que ver con la habilidad, el saber técnico y las redes sociales. Lo central es la correlación de fuerzas que se establece en las distintas fases de decisión e implementación de las políticas públicas. Por ejemplo, la bicéfala reforma previsional del 2008 sólo es explicable porque se satisficieron demandas y necesidades de casi la mitad de la población de edad avanzada que estaba sometida a precarias condiciones de vida, pero a la vez se modificaron condiciones de operación del sistema privado de pensiones (las AFPs y las empresas cuyas acciones son controladas en forma importante por los Fondos de Pensiones) favorables a la industria. O bien, que no prosperara la iniciativa de hacer una Superintendencia de Obras Públicas que supervisara al sistema de concesiones de obras públicas derivó de la fuerte oposición del mundo empresarial vinculado con las concesiones..
La visión del rol del Estado y de las políticas económicas de Velasco (rechazo a una reforma tributaria, política salarial restrictiva, rechazo al fortalecimiento de la organización sindical, o iniciativa como la propuesta de depreciación acelerada) coincidieron con la especial configuración de la correlación de fuerzas económicas y políticas que la estructura institucional del país hacía posible, y donde predominaba el interés empresarial.
¿Cuál ideología encarnan Velasco y sus afines? Desde su punto de vista, vivimos en el mundo globalizado en que la soberanía nacional desaparece frente a la lógica implacable de los mercados internacionales. Las decisiones sobre política pública deben estar atentas al juicio de las calificadoras de riesgo, que miden la sensibilidad de quienes manejan los principales circuitos financieros. Ello sustenta una política que permanentemente busca restringir el ámbito de incidencia de la política democrática, afectado a su juicio de un populismo intrínseco.
 Y es que restricciones del ejercicio democrático tienen en Chile muchas ramificaciones. Algunas  heredadas de la dictadura y, otras, de la transición a la democracia. Como el fundamento del sistema binominal: restringir el acceso a las instancias democráticas de grupos críticos. O también el fundamento de una Constitución, que erradica toda capacidad de iniciativa del Parlamento en materias que implican decisiones sobre los recursos públicos.
Pero, en el caso que nos ocupa, es también el principio de una modalidad de estructuración del Poder Ejecutivo que concentra las decisiones en el Ministerio de Hacienda, en perjuicio de la iniciativa y la capacidad de iniciativa política de los otros ministerios y de los gobiernos regionales. Es también finalmente el fundamento de la decisión de que cada vez más instituciones sean dirigidas por personeros divorciados de las mayorías democráticas.
En suma, no cualquier grupo habilidoso puede asumir posiciones de decisión en la actual configuración del poder político y económico: la condición decisiva previa, es enarbolar ideas que sean funcionales a intereses dominantes.  Ahora bien ¿cuáles condiciones políticas hacen posible su predominio en Chile?
Hay una primera condición: el debilitamiento de la capacidad intelectual de los partidos, el abandono de toda preocupación programática, y su constitución exclusiva como máquinas electorales. Ante la pobre generación de ideas consistentes con sus planteamientos ideológicos, las máquinas de poder declinaron en el ámbito de las propias, hasta llegar a delegar la toma de decisiones en la oferta de ideas existente. En el contexto de nuestro país, ¨los delegados¨ no podían ser otros que aquellos “expertos” que, desde hacía años y por su afinidad de pensamiento, venían siendo promocionados por los circuitos de poder económico y por los poderosos medios de comunicación.

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http://blog.latercera.com/blog/erivera/entry/las_claves_de_la_derrota)

El round Vidal - Velasco: primeros pasos hacia un indispensable debate

06.13.2010 | 8 Comments

Las valientes declaraciones del ex ministro Francisco Vidal, en su entrevista al Mercurio el día 6 de junio, han detonado un debate imprescindible para que la izquierda y el centro puedan levantar una alternativa efectiva para derrotar a la derecha en las elecciones municipales del 2012 y en las presidenciales del 2013. Ello, siempre y cuando se supere ¨la pelea chica¨ que reprime los temas de fondo.
No ayudan en tal sentido las posteriores descalificaciones del ex ministro Velasco contra su ex colega de gabinete, al señalar que “si de asignar culpas se trata, le recomiendo a Vidal que parta por mirarse en el espejo. La gente penalizó con el voto la política pequeña, de operaciones y contubernios, de la zancadilla y el insulto, que él encarna como pocos”.  Tal no es manera de responder a una crítica dura, que en términos políticos puso un debate adecuado sobre la mesa.
Vamos entonces a los temas de fondo. Velasco afirma que “echarle la culpa del resultado electoral al manejo económico es simplemente surrealista”.  Tal no era el argumento de Francisco Vidal, quien centró su crítica en la influencia desmedida de una lógica tecnocrática profundamente ideológica -que endosaba un ideario profundamente liberal en lo económico- en la toma de decisiones del gobierno anterior. Brilla por su ausencia una respuesta convincente de Velasco y sus afirmaciones pueden rebatirse desde dos ángulos:
En primer lugar, las grandes debilidades del manejo económico de Velasco, quien no fue capaz de ofrecer al país una propuesta innovadora para manejar las holguras con que se contó al inicio de la administración Bachelet. Por mucho que se afinque en un lema bíblico,  “ahorrar en tiempos de vacas gordas precisamente para gastar en tiempos de vacas flacas” resulta ser insuficiente para orientar la política económica.

Y la crítica de este “lema” por supuesto que no adosa un gasto irresponsable, ni  un dispendio sin brújula de todos los recursos extraordinarios, ni desprecia un manejo macroeconómico prudente. Pero los déficits históricos en educación, en salud y en investigación y desarrollo tecnológico merecían un esfuerzo especial, que se hacía viable emprender al contar con mayores recursos gracias a los precios del cobre. A Velasco le faltó creatividad y coraje para intentar adecuar la política de su predecesor, que fue desarrollada en las condiciones difíciles de la post crisis asiática, a las nuevas condiciones. Y una mayor inversión en las áreas indicadas no habría impedido más tarde enfrentar las consecuencias de la crisis financiera global.

Ya que el centro del debate planteado por Vidal son las causas de la derrota presidencial,  cabe referirse a las responsabilidades principales de Velasco y del equipo económico de la Presidenta Bachelet en cuanto a las graves consecuencias políticas de varias de sus decisiones económicas, y que también son cuestionables desde el punto de vista económico. A manera de ejemplo pueden resaltarse: a) El proyecto de ley del 2007 sobre depreciación acelerada, que fue un primer detonante de graves problemas que afectaron a la Concertación y la llevaron a perder su mayoría parlamentaria y más tarde la elección presidencial; b) El estilo con que se negociaron el salario mínimo y las remuneraciones del sector público, que debilitaron las relaciones tradicionales de la Concertación con el movimiento sindical, agudizando los problemas políticos que ya cruzaban a la coalición, agudizados aún más por el beligerante debate en torno a la subcontratación. La manera en que el Ministerio de Hacienda (y esto tenía precedentes en los gobiernos anteriores) venía conduciendo la reforma del Estado operó en la misma dirección: no se trataba solo de una visión tecnocrática, sino de la ausencia de una perspectiva que entendiera las singularidades del sector público respecto del sector privado a la hora de su reforma y que, entre otras cosas, dificultaba entender que gobernar no es simplemente producir servicios para la ciudadanía.
Del debate entre los dos ex ministros, desde mi punto de vista, es importante rescatar la idea básica de Vidal del predominio de una lógica tecnocrática. Para el grupo de la Concertación que lideró Velasco, el gran problema que amenaza al Estado y la política pública es su captura por los grupos organizados. No en vano a lo largo de los 20 años de Concertación, las organizaciones sociales se fueron deteriorando progresivamente (la sindicalización es muy baja y otras formas de organización son muy precarias), no hubo políticas que fomentaran la organización social y con frecuencia hasta se combatieron los intentos incipientes de organización.
Aquella lógica tecnocrática tuvo dos resultados principales. En la actualidad las únicas organizaciones poderosas son las del mundo empresarial. Los empresarios tienen muchos incentivos para organizarse, pues su capacidad de incidir en las políticas públicas les reporta rápidos e ingentes beneficios. La descalificación de la organización social ha corrido a parejas con la alta valoración de la organización del empresariado: de otra forma no se explica la permanente rendición de cuenta de las principales autoridades a los gremios empresariales en distintos eventos, consistente además con una arraigada concepción tecnocrática: la idea de que la política debía complacer a los mercados internacionales y sus operadores, pues de lo contrario los capitales huirían de nuestro país. Menospreciando la soberanía nacional en una serie de aspectos, temiendo las eventuales búsquedas de sectores organizados de la población que se concretaran en propuestas pertinentes, y olvidando que los mercados internacionales con frecuencia operan contra los intereses de los ciudadanos, tal como  quedó claro en la última crisis internacional.
En tal contexto, la ruptura con el movimiento social hizo que la Concertación perdiera otro instrumento crucial para ganar las elecciones: la influencia electoral de los individuos organizados, que tienen un área de influencia importante en el mundo social desorganizado. Que los primeros, desilusionados con la Concertación, abandonaran su involucramiento en la campaña llevó al universo de los individuos no organizados a votar por la derecha, resultado por lo demás natural en un mundo como el nuestro, caracterizado por una gran concentración de los medios de comunicación que, sin excepciones, apostaron por el candidato de la derecha.