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20 años de Banco Central independiente. ¿Puede el tema estar ausente del debate presidencial?
11.10.2009 | 0 Comments
El próximo 9 de diciembre el Banco Central cumple 20 años como entidad autónoma. Este aniversario exige un debate que permita evaluar su desempeño.
Dos medios periodísticos de la plaza, entrevistaron a los distintos presidentes que ha tenido la entidad. En ellas, estos personeros realizaron una suerte de autoevaluación que debiera ser seguida por estudios que informen al país, en detalle respecto de su desempeño.
No cabe duda, que los últimos 20 años estuvieron marcados por el avance hacia una estabilidad económica creciente. Desde las graves dificultades enfrentadas al inicio de la era democrática, como efecto de la aceleración que había experimentado la inflación en el año 1989 y de los problemas generados para la economía internacional por la invasión de Kuwait por parte de Irak, se ha avanzado sustantivamente. En la primera mitad de los 90 el Banco Central fue capaz de desarrollar medidas innovadoras que permitieron continuar con la reducción de la inflación, en un contexto caracterizado, por un alto diferencial entre la tasa de interés doméstica y las tasas internacionales. Se experimentaron también dificultades. La fuerte alza de la tasa de referencia hacia finales de 1998, impactó con fuerza en la actividad económica; tanto que un destacado economista estadounidense, ya fallecido, se refería a los problemas experimentados por la economía nacional en 1999 como la “crisis Massad”. Más recientemente, no dejó de llamar la atención el hecho que todavía en enero del presente año, ya avanzado el proceso en que la virulenta crisis financiera se transformaba en la más grave crisis económica de las últimas décadas, la tasa de referencia monetaria se encontrara todavía en 8,25 puntos.
¿Cuáles son algunos de los temas en que es necesario profundizar?
Tanto los ex presidentes como el actual presidente de la entidad, asocian los logros en materia de inflación con la naturaleza independiente de la entidad. Existen sólidos argumentos que permiten sustentar esta opinión. No obstante, debería ser objeto de un estudio en profundidad. En efecto, son muchos los elementos que han contribuido a esta mayor estabilidad económica. Clave es en primer lugar, la evolución de la propia teoría económica, que puso en cuestión los supuestos efectos positivos de una política de grandes déficits públicos financiados por la emisión monetaria. En segundo lugar, es también importante la evolución de las visiones de la clase política respecto del fenómeno inflacionario. Se ha ido consolidando un amplio consenso en torno a la necesidad de proteger los equilibrios macroeconómicos. La discusión de hoy se centra en si es necesaria, en toda circunstancia, la política de superávit estructural y sobre cuáles son los mejores instrumentos para que la política fiscal juegue un papel anticíclico. Más importante aún, es que la institucionalidad económica pública, en general, está alineada en torno a la exigencia ineludible de mantener la disciplina macroeconómica. En las entrevistas mencionadas, se reconoce, de manera indirecta esta situación. Por ejemplo, Carlos Massad llama la atención que las dificultades encontradas para enfrentar los efectos de la crisis asiática se acentuaron por estar el país “con una banda cambiaria limitada, con tasa real y no nominal como instrumento, y con el rápido crecimiento del gasto público y privado”. En cambio, en la crisis actual “ya estaban en práctica los mecanismos monetarios y cambiarios apropiados, y la situación fiscal era sólida y con fuertes reservas, gracias a las políticas implementadas a partir de 1999”. También, la mayor estabilidad económica es un fenómeno internacional, que no en todos los casos se presenta acompañado por un banco central independiente.
Es importante, en consecuencia, determinar la contribución específica del Banco Central independiente a la estabilidad económica, pues su independencia plantea preguntas respecto de si existe una adecuada coordinación con las otras entidades que tienen responsabilidades en de otras dimensiones de la política económica. El tipo de cambio, por ejemplo ha jugado en algunos momentos un papel importante en el control inflacionario. Ello ha traído consigo períodos, en que el tipo de cambio presenta pronunciadas fluctuaciones, de las cuales no todas pueden ser atribuidas a fenómenos internacionales. Estas fluctuaciones afectan el esfuerzo exportador, en que el sector público ha estado empeñado. En particular, dificultan el desarrollo de exportaciones basadas en la mayor incorporación de valor agregado, tecnología y capacidad de innovación. En este contexto, cabe preguntarse por ejemplo, en qué medida, estas dificultades pueden estar contribuyendo a la caída del ritmo de crecimiento económico asociada al menor crecimiento de la productividad total de factores. Naturalmente, que en esta situación, juega un papel importante, el predominio, hasta hace poco, de una política que no elegía ganadores ni ponía énfasis en el fomento del desarrollo tecnológico y de la investigación científica. En la medida que se avance en el establecimiento de consensos entre el sector público y privado es probable que se avance en esta dirección. No obstante, todo esfuerzo puede resultar vano, si el Banco Central no se suma a los consensos descritos.
Finalmente, una consideración respecto de la naturaleza de las decisiones del Banco Central. Mucho se insiste en el carácter técnico, no político, de sus decisiones. Esa idea es el principal argumento a favor de su independencia frente al poder político. No obstante, la revista The Economist, al comentar las funciones que están jugando los bancos centrales en el mundo desarrollado en el contexto de la crisis económica internacional, señalaba: “La brecha entre los bancos centrales y la política resulta menos limpia hoy por hoy. Políticas no convencionales, requieren a menudo del Banco Central, hacer préstamos que no van a ser repagados en su totalidad. Ya que los contribuyentes van a sobrellevar importantes pérdidas, los ministerios de finanzas necesitan tener algo que decir. La asignación de créditos y una más estricta regulación, hará de algunas empresas ganadores y de otras perdedoras, lo que requiere un mayor escrutinio (accountability) público”. La pregunta obvia es si más allá de la crisis, las decisiones del Banco Central no tienen, permanentemente, consecuencias distributivas significativas y si en consecuencia, no deberían estar sujetas a una supervisión más estricta del Congreso Nacional. De hecho, el año pasado, el Senado de la República encabezó una suerte de rebelión de la sociedad en contra del rechazo del Banco Central a tomar medidas respecto de la fuerte reevaluación que estaba experimentando el tipo de cambio. Un breve tiempo después, el Banco Central rectificó tomando medidas que permitieron una significativa devaluación, lo que sin duda ayudó a las exportaciones y permitió enfrentar en mejores términos la crisis internacional.
En este sentido, resulta importante realizar un debate nacional que con base en estudios, que debería encargar el congreso Nacional, permita realizar una evaluación de desempeño del Banco Central independiente.
En todo caso, más allá de ello, es conveniente identificar medidas para fortalecer la coordinación entre esta entidad y el Comité Económico de Ministros (que debería empezar a funcionar en serio) para mejorar la coordinación con el Ejecutivo. Del mismo modo, parece necesario fortalecer la supervisión política del Banco Central por parte del Senado. Se deberían implementar audiencias regulares y periódicas (más allá de la visita ritual que tiene lugar en la actualidad) en que el presidente del Banco Central entregue un informe sobre la marcha económica del país y ello de lugar a un debate de fondo. Con este fin, sería importante la creación en el Senado, de una oficina de asesoría económica, que permita un seguimiento detallado de las decisiones de política del Banco Central, que sirva de base para un efectivo control democrático de la entidad.

