Donación de útero: La ciencia al límite
Jul. 04 , 2011
Hace poco la prensa publicitó el caso de Eva Ottosson, una mujer sueca de 56 años que planea donar su útero para trasplantárselo a su hija Sara, de 25, pues ésta padece una extraña condición - Síndrome de Mayer Rokitansky Küster Hauser- que consiste en la ausencia congénita de útero.
Para hacer realidad su sueño de embarazarse, Sara y su novio recurrieron a un equipo médico especialista en reproducción humana de ese país (Hospital de Gotemburgo), quienes realizarían la intervención en 2012.
Si la cirugía funciona como se espera, Sara podrá recibir sus propios óvulos fecundados y lograr llevar a término un embarazo normal.
Esta historia que tiene aspectos emocionales notables, como la generosidad y el amor infinito de Eva por su hija, genera también preocupación en la comunicad médica, por los riesgos que el procedimiento implica. Hasta ahora, sólo una vez se ha intentado una operación de este tipo, en una mujer de Arabia Saudita, en el 2000; sin embargo, el órgano fue rechazado por el cuerpo y a los 90 días debió ser extirpado.
Y es que, esta intervención es mucho más complicada que otros trasplantes de órganos sólidos, entre otros factores porque la cirugía debe hacerse a nivel muy profundo en la pelvis, y debe lograr unirse adecuadamente al útero con las otras estructuras pelvianas, así como con los vasos sanguíneos adecuados, muchas veces pequeños, lo que constituye un asunto bastante complejo. Ello sin mencionar la posibilidad de que el organismo de Sara rechace este cuerpo extraño. Además, la complejidad de la cirugía es tal, que de ser exitosa, todo hace suponer que la interrupción del embarazo deberá ser electiva, a través de una operación cesárea y, aún más, deberá incluir la histerectomía (extirpación del útero), porque el embarazo y parto dañarán irreversiblemente el órgano trasplantado.
A diferencia de otros trasplantes, el de útero no es una intervención de vida o muerte para el receptor, como sí ocurre en quienes requieren un hígado, un riñón o un corazón. Por lo tanto -y tal como ocurre en muchas situaciones médicas- el profesional debe evaluar los riesgos versus los beneficios de someter a una mujer a esta operación, con todos los riesgos que ello supone, a cambio de la posibilidad de convertirla en madre biológica.
Por supuesto, hasta ahora, ésta es una situación extraordinaria, pero los adelantos científicos, hacen suponer que -de ser exitoso- este procedimiento podría repetirse, por lo que esta disyuntiva podría plantearse con más frecuencia.




