Dino G. Salinas

Ciencia y Sociedad

 

De por qué en nuestro escudo no está el pato Donald

Jul. 11 , 2011

4 Comments

Nunca fue la última gota aquella que rebalsó el vaso. Fue ella y todas las anteriores.


Está en la fila porque quiere postergar el servicio militar. El trámite lo ha hecho muchas veces, sólo hay que hacer la fila una vez al año, presentar los papeles y aguardar a quedar en la categoría de disponible, por ser estudiante. La sensación no es buena, la burbuja del espacio íntimo está hecha una estrecha burbuja colectiva, llena de desconocidos por la urgencia de un plazo que se acaba. Los que hablan lo hacen de cosas que al principio no le interesan mucho, pero que, con la lata, se convierten en historias que lo enganchan, como pasa con las conversaciones de las micros. La misma sensación la tendrá muchas veces, cuando, años después, le toque hacer la fila para votar en las elecciones. Ahora en frente suyo hay un tipo que habla como el quiltro flaite del comercial del gas. Son tiempos en que tales rasgos meméticos aún evolucionan hasta llegar a ser como hoy los conocemos, pero créanme que este sujeto es un vanguardista, un pionero de esa corriente cultural de la que la teoría indica que, bien llevada, debe ser una alegoría a las ganas de vivir, mucho más que un simple ir a comprar chela en ropa deportiva, con andar en ángulos obtusos y una radio a todo chancho. Además, y digo además porque es distinto, el “Lipi” parece algo maltratado por la vida, pero no sólo en su pasado, sino que también en su presente. Así de mal se ve. Extrañamente para la mayoría de la fila, él “cuenta” con hacer el servicio. Se le ve entusiasmado y le dice a un amigo que lo acompaña lo choro que es hacer el servicio en la Armada. Por lo visto sus expectativas como recluta son muy altas, pues dice que le enseñarán tecnología, lo embarcarán y viajará bastante. Como es de Valparaíso, tal vez de chico se subió a buques del molo y presenció los desfiles del 21 de mayo y ahora está a punto de concretar un anhelo que creció con él.


Para matar el tiempo, y como en la fila es patente la desigualdad social, el estudiante imagina que todos los problemas sociales se solucionarían alcanzando un mundo perfecto, uno aséptico que transcurre de forma ideal, como en las revistas de historietas Disneylandia. Una realidad del pato Donald y sus sobrinos, en la que a su novia, la pata Daisy, no le importa que él nunca se cambie de ropa y en donde su tío, el “Tío Rico”, es un simpático viejo cascarrabias que a la larga no le hace daño a nadie, que lo que más goza es jugar con el dinero guardado en gigantescos depósitos, dentro de los cuales se zambulle y nada entre billetes verdes o entre monedas de oro, dinero que nunca gasta, porque es sólo para su esparcimiento. Por otro lado, Donald no quiere más de una casa, no piensa en cambiar su auto, no es infiel y todo le queda relativamente cerca (sería raro verlo arriba de una micro). Tal moderación, tal estética y armonía, tal coherencia, parecen insuperables, salvo porque a todos los personajes les falta un dedo en cada mano…


De pronto, el Lipi saca del ensueño al estudiante, al hablar con más entusiasmo: “Nooo shi en la armá aprendíh caleeeta, nah que veeer con esoh milicoh picaaanteh que se la pashan puro corrieeendo, ¿.. y qué creí? ¿que el barco se muee sholo acasho? Shi arriba del buque hay que cashaaar poh logo … ¿shí o no? ¿shí o no? Qué me deshí…?” - Y era como para decirle, más que nada escéptico por la contingencia de esos años ochenta, “Espérate nomás, que como primera cosa te van a asignar una o dos noches en barco para ventilar las tripas y, después de la instrucción en tierra, pasarás lo que quede del servicio puro cuidando túneles, puentes y torres de alta tensión, para evitar algún atentado”. En esa época el servicio militar obligatorio duraba dos años. El último día, un último discurso, un último desfile y “pa la casa… la Patria se lo agradece”, claro que, a veces, disfrutando de una empanada y una bebida chica.


Después de su aporte telepático, el estudiante trata de volver a la realidad del pato Donald, pero ahora ya se le hace repulsiva. Es una sociedad en donde no aparece el dolor verdadero, ese dolor al que hay que hallarle sentido, como una de las formas de alcanzar la felicidad, según ha planteado Viktor Frankl con su logoterapia. Patolandia es un mundo de fantasía en donde no son aparentes procesos de desarrollo biológico ni de envejecimiento. De hecho, su temor de que los sobrinos del pato Donald crecieran y se le acabara la historieta siempre fue infundado. Tampoco hay fatiga de material, la ropa, el auto, la casa, nada se deteriora porque se pone viejo ni requiere mantención. Y los ricos… ¿de verdad son así de inofensivos? Tema al que puedo aportar desde el 2011 diciendo que hace pocos días la televisión mostró cómo aun se puede ejercer con descaro el despótico título de "Patrón de Fundo". Coincidentemente, el estudiante piensa que tal vez fue por esos ricos Patrones de Fundos que se ha puesto a un buitre en el escudo nacional (Aunque encuentra curioso que la mayoría de las personas, no siendo millonarias, aceptan a los millonarios sólo cuando se trata de un futbolista o su cantante favorito. Algo parecido a un vegetariano animalista con zapatos de cuero). “Ahhh, pero menos mal que la gente común… el chileno del montón, ése sí que es una encarnación de la generosidad”- pensaba - ” Si en Patolandia hubiese un terremoto… pffff… obvio que les ganamos. Chile, es el campeón mundial de la solidaridad” ¿… o no?


Avanza la fila hasta que el Lipi es el primero. Va feliz, confiado y algo arrogante por mentalizarse tanto con el uniforme puesto. Está hecho un macho alfa total, aunque sólo sea porque su amigo definitivamente es beta. De tanto entusiasmo, ha olvidado un detalle. No sé cómo es ahora, pero en aquella época el trámite de inscripción en el Cantón de Reclutamiento tenía un costo que dependía de la rama de las Fuerzas Armadas elegida y ese costo aumentaba cuando la rama tenía menos vacantes.


Detrás de un escritorio miserable, viejo, chico, que cojea con cada palabra manuscrita, está sentado un funcionario de civil, fastidiado, que sin levantar la vista pregunta de modo fuerte y displicente: “¿Ejército, Armada o Aviación?” El Lipi sonríe: “pffff… shiii… Armaaada poh… ta dishiendo…” El funcionario agrega: “Aviación cuatro mil, Armada tres mil y Ejército gratis” (valores que son ficticios según mis fines narrativos). Desconcertado, el Lipi busca en sus bolsillos: “… mil… mil cuathro… mil osho…” y le pregunta al beta, poniéndole cara de gama, “¿no tení luka…?” Su amigo parece que no tenía, porque se encogió de hombros y miró para otro lado, en actitud de alfa. Con los años, el estudiante vio a muchas personas ponerse pálidas, pero nunca como al Lipi. “¿Ejército, Armada o Aviación?” - se escucha por segunda vez- “…pero es queee… pusha…” - “Ejército, Armada o Aviación”, es la última insistencia en la pregunta, ahora ya sin los signos de interrogación y al instante respondida por el mismo funcionario: “Eeeejército…!!”, acompañando la tilde con un fuerte golpe de timbre que cayó como peñascazo entintado sobre un documento. Enseguida requiere algunos datos, que el Lipi entrega mansamente, aun en shock, antes de ser despachado con un decir relajado y cantadito, como de vendedor de helados: “Eeeel siguienteeee…”. El tono concuerda con que el funcionario ahora siente su escritorio enorme, barnizado, reluciente, de patas atómicas, con servomecanismo de última generación. Con toda seguridad que a ningún de los otros integrantes de la fila, al interior de la estrecha burbuja colectiva, se le pasó por la mente subirse al escenario a interrumpir la escena y arruinar el argumento prestando luka. En cuanto al estudiante… digamos mejor que estaba ahí solamente recordando esta historia.


Seguramente en los años de su servicio militar el Lipi soñó más de alguna vez con barcos, mientras dormía en alguna campaña, lejos y en el lado equivocado de la costa. En sus sueños toda la campaña se iniciaba con algún desembarco o él corría por la playa en medio de un escuadrón, cantándole al mar, en dirección a un buque que sin el Lipi no zarparía. Y todo por luka. Los sueños volteados en veinte segundos. La suerte del oprimido dirán algunos. El huemul del escudo nomás, dirán otros, que está ahí representando a quien no hace valer sus derechos… Como sea, hay que ver con qué ganas lo mira el buitre, esperando el desbarranco.


(Publicado el 9 de julio de 2011 en mi blog  Que vuelvan las cartas)


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Comments:

Dino, Ud tiene talento para escribir. Me gusto!

Posted by Maranole on July 11, 2011 at 01:43 PM CLT #

Estimado Dino que se puede decir eres un genio.I como tu hablas de animales como el huemul,bueno un amigo en Marbella me decia ustedes los chilenos no los puedo comprender hablan con animales,pues una chilena le habia dicho que una liebre habia matado un gallo en la Gran Avenida en Santiago i el no lo podia comprender.Saludos i pasalo bien.

Posted by Erasmo bernales ochoa on July 12, 2011 at 09:51 AM CLT #

Dino tu publico parece ser los cuanticos i acuaticos de este mundo que multiplicar la pulgada les dara sastisfecho el resto de la vida i que la lus de el sol toma solamente elmilisekund a medir la distancia entre tu hojo i el primer rayo solar cuando despiertas i que no es novedad es tu publico.Una pena porque heres un genio como escritor,espero me perdones lo de new york que te lo queria cambiar por Malibu,pero la Kyrsten Dunst ai no es bella como el sol en la madrugada en Malibu.chao baby.

Posted by Erasmo bernales ochoa on July 12, 2011 at 04:57 PM CLT #

a algunos les faltaun dedo, a otros luka y a otras unas chauchas... los sueños son difíciles de alcanzar. excelente Dino¡

Posted by Frau on July 14, 2011 at 10:10 AM CLT #

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