Danilo Díaz

Fútbol sin t

 

Las universidades siguen en paro...

Nov. 21 , 2011

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 Publicado en La Tercera, 21 de noviembre del 2011

El editor avisa que son 5.000 los caracteres por escribir, un poco más de dos carillas si universalizamos el lenguaje. Una golosina para el columnista, sobre todo si se trata de un clásico y la tendencia enseña que hoy se escribe mucho menos que antaño. El problema es cómo se llena el espacio. La realidad indica que después de 90 minutos discretísimos no es mucho lo que se puede apuntar.

En este choque entre Universidad de Chile y Universidad Católica debemos escarbar mucho. Porque el partido fue pobre, con escasas situaciones de riesgo en una tarde extraña, con un sol que amenazaba mientras las nubes copaban la zona oriente de Santiago.

La más clara corrió por cuenta de la UC, que en los 55 minutos pudo abrir la cuenta. Felipe Gutiérrez ingresó destapado por el centro de la zaga azul y definió muy mal ante el buen achique del sólido Johnny Herrera. La maniobra demandaba una gambeta larga. Consejo para el zurdo cruzado: que busque en Youtube goles de Juan Ramón Verón. La "Bruja" dictaba cátedra a la hora de eludir al portero. El periodista Gonzalo Bonadeo también los emite con frecuencia en TyC Sports, en programas donde el archivo nos maravilla.

El clásico dejó algunas certezas. La distancia entre los titulares y suplentes es grande en la "U", por más que varios de ellos ingresen con frecuencia en el armado de Jorge Sampaoli. En esa estructura el fondo de juego los acomoda. El problema es que cuando todos los actores de reparto deben subirse juntos al escenario, con Herrera, Osvaldo González y en menor medida Matías Rodríguez como excepciones, la puesta en escena no alcanza para satisfacer las expectativas.

En la otra vereda, la UC está lejos del equipo agresivo del primer semestre. De ese cuadro que apretaba en la mitad de la cancha, que en los segundos tiempos solía demoler. Las bandas con Fernando Meneses en la derecha y el que viniera por la izquierda (Juan Eluchans, Gutiérrez) eran la ruta para llegar y desequilibrar. Eso se perdió y hoy la rotación de la pelota asoma como el principal recurso del conjunto de Mario Lepe, pero carente de sorpresa.

Francisco Silva y Jorge Ormeño ya no empujan como otrora; su ámbito de acción se redujo varios metros y el equipo lo siente. Los marcadores de punta tampoco generan riesgo. Roberto Cereceda cada vez se aprecia más contenido, mientras que en la derecha Stefano Magnasco muestra rigor defensivo, aunque descolgarse no está en su manual.

Si hubiera que definir el problema de la UC diríamos que se relaciona con la intensidad. Lejos está de ese conjunto que atacaba y defendía en bloque, con una salida explosiva, semejante a una división de acorazados dispuesta a pisotear al adversario. La idea es tener el balón, darle circulación, pero debe ser a otra velocidad, con mayor verticalidad. De lo contrario, la inercia los termina condenando y se transforman en un cuadro predecible.

A favor del entrenador diremos que los delanteros se cayeron por lesiones (César Carignano, desgarrado; Daúd Gazale, con un esguince grado tres en su tobillo izquierdo; y Pablo Calandria, con fiebre). El problema es que los volantes no aparecen. Al menos ayer.

En la otra vereda, Jorge Sampaoli recurrió como pocas veces al módulo más puro de Marcelo Bielsa. Cuatro zagueros, un volante central, dos mediocampistas para el armado, dos wines y un centrodelantero. Matías Rodríguez se adelantaba en la derecha, pero se recogía para sumarse a Osvaldo González, el buen debutante Igor Lichnovsky  y Juan Abarca cuando el rival avanzaba. Albert Acevedo patrullaba como volante central, mientras más arriba se movían Guillermo Marino y Nelson Rebolledo. Ninguno de estos dos gravitó a la hora de organizar el juego. Lo mismo sucedió con Paulo Magalhaes, extraviado en el costado derecho, y Felipe Gallegos, quien insinúa, pero no resuelve. Gabriel Vargas encabezó el ataque, pero casi no la tocó.

No basta con presionar e intentar ahogar al rival si a la hora de manejar la pelota se extraña la precisión de otros momentos. Ese fue el problema de Universidad de Chile.

Quizás faltó tensión. El ambiente del partido daba tranquilidad a los dos conjuntos. No había, salvo el honor, mucho en disputa.

En el balance, excelente jornada para Jorge Osorio. El árbitro dirigió de buena manera, aplicó el reglamento, aceleró el ritmo aplicando la ley de la ventaja y no compró las simulaciones. Una reivindicación para el juez, quien cargaba con el partido entre Ñublense y Colo Colo en el Apertura, donde tuvo una tarde funesta. Más de alguno cuestionará fallos de Osorio revisando las imágenes y la cámara lenta. El punto es que en el partido real, el que se jugó en el Estadio Nacional y vimos 22.756 espectadores, el referí no se equivocó. Es cierto que los futbolistas cooperaron, pero lo hacen porque en su estilo resta dramatismo a sus intervenciones y los protagonistas lo sienten colaborando con el espectáculo.
Buena noticia pensando en la ronda de playoffs.

Se va otro clásico. En la estadística quedará el 0-0 y un desarrollo pobre. Al menos, ayer en Ñuñoa, las universidades prosiguieron el paro...



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