Didier De Saint Pierre

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El fin de un ciclo

Jan. 11 , 2010

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Cuando ya parecía que se había escrito todo respecto de la próxima elección presidencial, cuando han sido estudiados los más sofisticados escenarios y se han barajado todas las hipótesis que explicarían el resultado del próximo Domingo, aparece la última editorial de The Clinic que vuelve a poner magistralmente las cosas en su lugar y las hace aparecer simples pero no por eso menos profundas.


“Ya suena la campana”
es la metáfora de un “boxeador cansado que proviene de la mejor escuela de boxeo”, que había hasta ahora ganado todas sus últimas peleas y con esta acumulación de trofeos había hecho crecer mucho a Chile. Sin embargo, tras veinte años en el ring, este boxeador “tiene la vista nublada, de pronto se le pierde el contrincante, su cerebro se llena de recuerdos, y atontado por el mareo piensa que en frente suyo está el mismo pugilón de antes, al que volteó tantas veces siendo joven, cuando era menos experto en mañoserías … pero con verdaderas ansias de ganar.”

Después de este electroshok que nos deja respirando con dificultad, Patricio Fernández logra devolvernos la sangre al cuerpo al cerrar su editorial. “Desde los pulmones roídos del boxeador comienza a emanar un soplo de vida que por el momento pueden solo percibir los mejores informados, una brisa lánguida que se siente entre los que aún esperan hacer lo suyo, en Marco y la Tohá” (agrego a Orrego), “ y en un montón de tipos y tipas cuyos nombres casi nadie ha escuchado. En el aire nuevo de los que creen que aquí quedan muchas batallas por dar, muchas razones para pegarle con fuerza a los enemigos de una sociedad más igualitaria, en la que ojalá todos nos tratemos de tú y el usted se lo ganen los caballeros de alma. Una República laica sin ir más lejos”.

Debo decir que después de este texto, cualquier cosa que se escriba puede parecer banal. Intentaré sin embargo agregar un par de ideas.

Muchos tenemos la sensación de que, sea cual sea el resultado del próximo Domingo (OJO, esto no depende de quién gane), el país cierra un ciclo e inicia otro nuevo. Es tiempo por tanto de pasar en limpio los apuntes de nuestra historia reciente, y aprestarnos a publicar la versión final de la novela, al mismo tiempo de empezar a garabatear las páginas de la etapa que se inicia.
En lo personal, no tengo dudas que la historia reciente ha sido muy positiva, que el año 1990 la alegría se instaló  para la gran mayoría de chilenos (sólo unos pocos nostálgicos de dictaduras nunca quisieron aceptarlo), pero la alegría no es una emoción permanente, nos acostumbramos al nuevo status y debemos reinventarla para hacerla perdurar, y en eso sí nos fuimos quedando.

No obstante ello, un Gobierno que termina con 80% de aprobación, que sucede a otro Gobierno de la misma coalición que termina con 70% de aprobación ciudadana, no pueden considerarse fracasos y terminarán en los libros de historia consignados probablemente como los mejores años de nuestra vida republicana. Ya tendremos la oportunidad de escribir más sobre eso, pero un indicador resume gran parte de lo anterior: la reducción de la pobreza desde un 39% (’90) a un 13% (‘2007).


No obstante, nos fuimos durmiendo sobre los laureles y el éxito en ciertos dominios impidieron ver las sombras, algunas grandes, que aparecieron como consecuencia de las propias luces que fuimos encendiendo, o lo que es lo mismo, en la medida en que se fueron descorriendo los velos que las tenía ocultas.

Las sombras no opacan las luces de este período y más bien son ellas las que nos invitan a seguir en el ring, dándole sentido a las batallas inconclusas. Cada uno tendrá su lista de prioridades y tendremos que acordar por dónde partir.

Como todo fin de ciclo, es importante agradecer con entusiasmo a quienes fueron los líderes y protagonistas de esta etapa, y reconocer su aporte. Pero acto seguido, corresponde invitarlos a dar un paso al costado a la brevedad. Los espacios desde donde pueden seguir contribuyendo son innumerables, pero tienen que abandonar el escenario, de lo contrario, la renovación es un mito. Ya no podemos seguir esperando señales al respecto, ellas están por todos lados.

Sin embargo, las generaciones de recambio también tienen que hacer su trabajo interior; nada es gratis y es necesario ganarse el derecho, y como lo señalaban Freud y nuestro Jodorosky, el primer paso es  “matar al padre” en el sentido metafórico de bajarlo del pedestal, dejar de tenerle miedo, liberarse de él y construir una nueva relación. Así se ha construido la historia, y así seguirá construyéndose en los próximos años.

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