La casa en la pradera
Apr. 29 , 2009
La pasada semana estuve en un seminario en Texas. De vuelta y durante el sobrevuelo a la ciudad de Dallas, no pude sino quedar boquiabierto con la masividad y extensión de las casas con jardín y piscina. Una mancha de aceite interminable, casi eterna, a la que los angloparlantes llaman sprawl. Pude constatar con mis propios ojos y desde la posición privilegiada que supone la ventanilla de un avión, lo que durante años había escuchado, visto y leído en clases, documentales y libros sobre el suburbio angloamericano. Instalado en casa y con la curiosidad renovada busqué entre las rumas de fotocopias un texto clave para la comprensión del modo de vida suburbano. Utopías burguesas, de Robert Fishman, que debe ser uno de los libros más adecuados para entender esta forma de habitar. Inspirado en él y casi plagiándolo desvergonzadamente, comencé este escrito.

Foto: Francisco Sabatini
Desde hace tiempo me ha rondado por la cabeza la idea de que el suburbio es, por una parte, el fruto de una confabulación ideológica antiurbana extremadamente fuerte en los países anglosajones y que se ha expandido al mundo entero. Un antiurbanismo que postula a la ciudad como un sitio enfermo, sucio, pecaminoso, inseguro, estresante, es el germen perfecto al que culpar por el enorme éxito que ha gozado este modo de vida y para que se haya masificado más allá de los límites del “Imperio Suburbano”. Por otra parte, mi tendencia a creer en conspiraciones siempre me sugirió que desde sus inicios en la Inglaterra del S. XVIII, ha sido el producto de una maquinación capitalista lograda entre terratenientes, dueños de líneas de transporte e incluso autoridades locales -luego los fabricantes de automóviles, magnates del petróleo, los retailers y los empresarios de la (in)seguridad ciudadana-. La idea de vivir como en el campo a la vez que en la ciudad, gozando de las ventajas de ambos, debe haber sido una de las más exitosas nociones de marketing que se hayan desplegado en la historia.
Por eso no me impresionó que la segunda de estas suposiciones fuera la misma que motivó inicialmente a Fishman a investigar. Para su sorpresa, más allá del innegable poder de los coludidos, lo que encontró fue algo más fuerte y menos evidente. El triunfo de una potente idea cultural que fue capaz de subyugar al pensamiento dominante de los expertos pensadores del Urbanismo. He aquí lo que el autor llama la “utopía burguesa”
“…El suburbio, pensé, debía ser entendido como una utopía por derecho propio. Su poder provenía fundamentalmente de la capacidad del diseño suburbano para expresar una compleja y subyugante visión de la familia moderna liberada de la corrupción de la ciudad, restaurada en su armonía con la naturaleza, dotada de riqueza e independencia, y sin embargo protegida por una comunidad estable y estrechamente unida”
A muchos urbanistas nos aterra la sola idea de vivir en un suburbio, y nos remite más bien a una pesadilla que a una utopía. Para quién escribe, los motivos sobran, y acá planteo sólo dos:
La falacia de la dulce vida comunitaria: El anhelo comunitario no es más que un eufemismo para señalar a un puñado de casas juntas. Si para la ciudad la vida comunitaria significa barrio (aquel territorio dentro del límite de lo caminable donde se desarrollan relaciones interpersonales frecuentes) en el suburbio lo comunitario está en compartir la idea fuerza del reino de lo doméstico, la vida enfocada hacia el claustro familiar. Y a lo más, en defenderse de cualquier elemento extraño (material o humano) que interrumpa la normalidad (vean E.T. o El joven manos de tijeras). La vida comunitaria está intrínsecamente vedada en el suburbio, primero porque es difícil hacerla desde un auto (más allá de hacer sonar la bocina en señal de saludo) y segundo porque, como dice otro gran académico, David Harvey, no es más que una trampa de control social donde todo está normado para ser estándar.
El mito del acercamiento a la naturaleza: Si la fantasía comercializada por los promotores inmobiliarios nos promete una vida dentro de la naturaleza y lejos de la inmundicia, estrés, pecado y peligros de la ciudad y lo transforma en un mito identitario, cabe decir que esta fantasía no dura mucho. Sobrevive hasta que en los terrenos contiguos la ciudad suburbana sigue su curso expansivo. Así, el gusto de los suburbanitas por el verde se limita solo a jardinear los fines de semana en sus patios. Olvídese de los espacios abiertos donde realizar actividades al aire libre. Y qué decir de que es un mito bastante malfundado si lo que se pretende es enunciar un “amor” por lo natural. Es el suburbio un modo de vida altamente insustentable desde el punto de vista ambiental. Fragmenta los hábitats de numerosas especies vegetales y animales, contamina el aire con los viajes que sus habitantes realizan diariamente en automóviles particulares, derrocha energía en calefacción (es más fácil y eficiente calentar o enfriar un edificio colectivo que una casa unifamiliar), el consumo de agua en piscinas y jardines es abismante, etc…y podríamos seguir.
Como buena “copia feliz del edén”, hemos importado con extremada facilidad este modelo de desarrollo urbano. Sin debates, o con debates monopolizados por expertos proclives a las carreteras y a los autos como símbolos del progreso, el suburbio ha ganado terreno en nuestros ciudades, sin antes habernos preguntado como sociedad, sobre los efectos sociales, económicos y ambientales que ello puede generar. Por poner sólo un ejemplo, tal como van cayendo los montos de precipitación anual, la zona norte de la capital está cada vez más cerca de ser un desierto árido. Que alguien me explique de dónde vamos a sacar agua para sostener el crecimiento de Chicureo de aquí a diez años.
PD: Aún no siento los efectos de la gripe porcina, hasta ahora estoy salvándome.




Posted by Gisela Frick on April 29, 2009 at 06:42 PM CLT #
Posted by Nico Soto on April 29, 2009 at 07:34 PM CLT #
Posted by Francisca M. on April 29, 2009 at 08:54 PM CLT #
Posted by Daniela Rivera on April 30, 2009 at 09:43 AM CLT #
Empecé a escribir una respuesta acalorada a tu columna pero el espacio disponible está limitado a 200 caracteres. Mal. No sé si depende de ti, pero si pudieras cambiarlo para tener un diálogo menos asimétrico te lo agradecería.
R.
Posted by Ricardo on April 30, 2009 at 10:02 AM CLT #
Posted by Victoria on April 30, 2009 at 10:51 AM CLT #
Saludos
Posted by Carlos Sierralta on April 30, 2009 at 11:28 AM CLT #
Posted by Mario on April 30, 2009 at 12:02 PM CLT #
Posted by felipe Lecaros on April 30, 2009 at 12:17 PM CLT #
Posted by Berenjena Urbino on April 30, 2009 at 07:19 PM CLT #
Posted by Ricardo on May 01, 2009 at 08:05 PM CLT #
Dicho de otra manera: siempre hay otras formas de construir comunidad, siempre hay otras formas de relacionarse con la naturaleza. Lo que nos debe preocupar no es cuál de ellas es la correcta o la "apropiada", sino ser capaces de entender su manera de operar y cómo sus particularidades rearticulan las relaciones sociales y urbanas.
Posted by Ricardo on May 01, 2009 at 08:11 PM CLT #
Estudio en NY y trabajo de cerca con las empleadas domésticas que hacen la ruta inversa: dejan la ciudad y viajan en promedio tres horas diarias para hacer que la vida de gente como tú sea maravillosa. Estoy elaborando un estudio que refleja ese cruce. Vieras lo distinta que se ve tu vida desde el otro lado, desde aquellas que dejan a sus propios hijos para procurar que los tuyos crezcan fuertes, seguros y felices.
Felicitaciones por tu éxito.
Posted by Lorenzo Savarolo on May 02, 2009 at 01:59 AM CLT #
Me gustaría saber más de tu estudio! Yo también trabajo con empleadas domésticas, investigando los cruces desde y hacia barrios cerrados de Buenos Aires. ¿Algún modo de ponernos en contacto?
Saludos,
Ricardo
Posted by Ricardo on May 02, 2009 at 03:32 AM CLT #
Lo de posicionarse -o no- en una reflexión académica (aspecto crticado por alguien) parece ser otro efecto ideológico tan palpable como la proliferación del suburbio.
Aún buscando la neutralidad apolítica del experto? Jah!
Posted by miguel p. on May 02, 2009 at 07:13 PM CLT #
Posted by Benedicto Lugo on May 03, 2009 at 03:33 PM CLT #
Posted by Mario on May 03, 2009 at 03:37 PM CLT #
Posted by Rodrigo L. on May 04, 2009 at 03:46 PM CLT #
Posted by Rodrigo L. on May 04, 2009 at 03:48 PM CLT #
Posted by Carlos Sierralta on May 04, 2009 at 05:49 PM CLT #
sospecho que vuelves equivalente la labor académica y el trabajo científico. Y es que me resulta difícil comprender de otro modo la petición de objetividad cognocitiva que demandas para los académicos. La necesaria falta de normatividad de los juicios académicos sólo se aplican allí donde es procedente, es decir, la ciencia. Y para comunicar las reflexiones faltas de normatividad están los journals. En los blogs se pretende la discusión de temas de interés público, ser ciudadanos.
Posted by Nicolas Soto on June 12, 2009 at 01:11 PM CLT #