Llamado a la obediencia civil
Nov. 04 , 2009
Es lógico que, en época de elecciones abunden los llamados a disentir con el sistema establecido, ya sea bajo canales legales (por ejemplo votar nulo o no inscribirse) o vías consideradas “ilegales”, como –estando inscrito- no acudir a votar. Prácticas de este tipo datan de al menos hace dos siglos y podrían resumirse en la tradición de la desobediencia civil. Postulada por el gran intelectual Henry Thoreau y llevada a cabo por próceres de la talla de Gandhi y Luther King, es una teoría de derecho individual que apela a la libertad de conciencia para incumplir leyes establecidas, en regímenes democráticos como tiránicos. En el caso de Thoreau, se negó a pagar impuestos para protestar contra el Estado esclavista; Gandhi se resisitió al sistema de castas tratando con los parias y Luther King -inspirado en Rosa Parks- llamó a desobedecer las leyes segregacionistas.
Lo curioso es que a través de este medio me vea motivado a hacer un llamado a la obediencia civil, en periodo electoral. A que cada uno de nosotros, ciudadano o contribuyente, haga valer sus derechos y vele por el cumplimiento de los deberes que los candidatos a la presidencia y al Congreso tienen. ¿Cuál es el punto? Es más que común ver en cada elección cientos de denuncias relativas a que tal o cual candidato (en definitiva casi todos) instaló o pintó propaganda saltándose la respectiva ley, y que nadie hace nada al respecto. En los últimos meses, el Juez de Casablanca, terror de políticos que creen sentirse ciudadanos privilegiados, dio un golpe a esta noción ordenando retirar de su jurisdicción toda propaganda instalada antes de plazo. Es simple, las leyes están, nosotros debemos hacerlas valer. Lo que haré en mi caso, es que llamaré a Carabineros cada vez que vea propaganda indebidamente instalada, y dejaré constancia si hacen la vista gorda.
Y no sólo están las leyes, también los mecanismos tecnológicos y humanos para hacer valer nuestros derechos a la seguridad en el tránsito, a un ambiente urbano (y rural) menos contaminado por panfletos, carteles, palomas, y gigantografías, y a que quién pretenda representarnos respete el contrato social. Cada día las redes sociales en la red se convierten en una herramienta más apta para relevar y difundir denuncias ciudadanas, y cada vez los medios tradicionales están más atentos a estas expresiones de soberanía cívica.
Pero por sobre todo, se debe velar por una premisa básica: Ningún ciudadano está sobre la Ley, y quién así lo crea debe respetar esa máxima o no merece ser electo para representarnos. Y si nos hacemos los ciegos, que nos represente un tuerto es culpa nuestra.
